América Latina: una región que no controla su propio destino

17/11/2013 | John Authers – Financial Times Español

La historia de la relación entre Occidente y América Latina es bien conocida. “Las venas abiertas de América Latina” del escritor uruguayo de izquierdas, Eduardo Galeano, es ya un clásico que trata sobre el continente. Hugo Chávez, el recién fallecido presidente venezolano, hizo lo imposible para regalar una copia del libro al Presidente de los EE. UU. Barak Obama en 2009 y su tesis, que dice que el continente ha sido “saqueado” durante tres siglos, está validada en muchos círculos.

La sensación que aún queda es que la región no controla su propio destino. Pero últimamente América Latina sufre de arterias abiertas, en vez de venas abiertas. El mayor problema para los responsables de la política económica ha sido la entrada de dinero, en lugar de la fuga. Durante los últimos años, Occidente no ha logrado ganancias con el continente, sino pérdidas.

Los movimientos en los mercados bursátiles, de bonos y de divisas se pueden explicar casi en su totalidad por dos factores externos, sin mencionar lo que está pasando en el continente: primero, el ascenso de China y los precios altos de los commodities resultado de su crecimiento económico; y segundo, la economía estadounidense, las burbujas y la crisis que se han encontrado a lo largo de la última década y la política monetaria que la Reserva Federal ha empleado para luchar contra ellas.

Armados con este conocimiento, sólo necesitamos dividir a la región en dos bloqueslos países que están afectados principalmente por China y los países impulsados especialmente por los EE. UU.y los dramáticos altibajos de la última década se explican más fácilmente.

El ascenso de China provocó un boom en los precios de los commodities, lo cual benefició a sus productoresbásicamente a Brasil y a los países de la costa del Pacífico que producen enormes cantidades de cobre, Chile y Perú. La integración de China a la Organización Mundial del Comercio le hizo entrar en una competencia directa con las economías de América Latina enfocadas en los EE. UU., como las de México y del Caribe, que habían desarrollado un fuerte negocio exportando a los EE. UU. Como consecuencia, Brasil y los países andinos repuntaron, mientras México se quedó atrás.

Los precios baratos del crédito en los EE. UU., provocados por una burbuja que con el tiempo causó el colapso de Lehman Brothers en 2008, creó ciertos comportamientos extraños en los mercados de divisas. Los “carry trade” (operaciones especulativas en la compraventa de divisas) dominaron; los inversores cogieron préstamos a tasas bajas de los países desarrollados (utilizando el yen japonés antes de la crisis y muchas veces el dólar estadounidense después) y los invirtieron en los países donde podrían ganar una rentabilidad más alta. La tendencia fue hacerlo en los países que exportaban commodities donde los tipos de interés estaban más altos para así superar a la inflación – sobre todo, en Brasil. Los carry trade multiplicaron el efecto de los precios altos de los commodities y causaron un diluvio de dinero destinado a Brasil.

Entonces llegó la crisis y el cambio de tendencias en los carry trade que hizo que este dinero volviera a los EE. UU. Los mercados de América Latina cayeron durante los últimos meses de 2008. Pero esto fue seguido rápidamente por la política de estímulo de China que una vez más, aunque sólo brevemente, inflaron los precios de los commodities y también por la flexibilización cuantitativa de las compras de bonos (QE) en los EE. UU., la cual hizo que se mandara dinero a cualquier destino en búsqueda de rentabilidades altas. Ese dinero, otra vez más, se fue a Brasil y a las otras economías de Sudamérica con intereses en China. México, por estar atado a los EE. UU., sufrió la recesión más profunda de la región.

En los últimos dos años, estos patrones han cambiado, tanto como la dinámica en el resto del mundo también ha cambiado.

De ahí viene el asunto de la QE. La rentabilidad de los bonos del Tesoro (de los EE. UU.) llegó a tocar fondo en el verano de 2012 y comenzó un suave aumento que se volvió una avalancha en mayo de 2013 después de que Ben Bernanke, de la Reserva Federal, empezara a especular sobre la posibilidad de reducir la QE de las compras de bonos (que se conoce como “tapering” en inglés).

El efecto sobre América Latina fue inmediato y dramático – una fuga de dinero. Las divisas y los mercados bursátiles por toda la región disminuyeron al repatriar los inversores el dinero suponiendo que las tasas más altas en los EE. UU. aumentarían la fortaleza del dólar.

Cuando se juntan estos dos factores, el rendimiento de la región ha estado por debajo de otros mercados emergentes de manera significativa. Desde el final de 2009, cuando acabó el primer “repunte de desahogo”, el índice bursátil MSCI para América Latina ha bajado ligeramentelos índices para los mercados emergentes de Asia, Europa, el Oriente medio y África han subido un 25% desde entonces.

Mientras tanto, el declive relativo de China ha transformado el orden predominante que había en los años antes de la crisis. Desde que los mercados desarrollados tocaron fondo en marzo de 2009, los valores bursátiles mexicanos se han triplicado; las bolsas de Brasil y Chile ni siquiera se han duplicado.

Si se puede atribuir tanto a los factores externos, ¿esto significa que la región no tiene el poderío de afectar su propio destino? No exactamente.

Los países de América Latina han hecho mucho para bajar su nivel de vulnerabilidad a otra crisis financiera al crear sus propios mercados de bonos internos y prestar dinero más a menudo en su propia moneda que en dólares estadounidenses. Esto les ha proporcionado algo de control sobre su propio destino.

Pero la visión de Galeano del continente bajo las garras de las potencias extranjeras, aún en una época en que la mayor parte de la región ha avanzado al abandonar esas ideas, todavía es tristemente convincente.

Latin America: a region not in control of its own destiny

11/17/2013 | John Authers – Financial Times English

There is a well-known narrative for the west´s relationship with Latin America. The Open Veins of Latin America, by the leftist Uruguayan writer Eduardo Galeano, has become a classic on the continent. Hugo Chávez, Venezuela´s late president, made a point of giving a copy of the book to President Barack Obama of the US in 2009 and its thesis, that the continent had been “pillaged” for three centuries, is widely accepted.

The sense remains that the region is not in control of its own destiny. But of late, Latin America has suffered from open arteries, rather than open veins. The greatest problem for its economic policy makers has come from money flowing in, rather than flowing out. In the past few years, the west has not profited from the continent, but lost.

Movements in Latin American stock, bond and currency markets can almost all be explained by two powerful external factors, without any mention of what´s going on in the continent. First, there is the rise of China and the high commodity prices that its economic growth brought with it. Second, there is the US economy, the bubbles and crises it has encountered over the past decade and the monetary policy that the Federal Reserve has used to combat them.

Armed with this knowledge, we merely need to divide the region into two blocsthose primarily affected by China and those most driven by the USand the dramatic market swings of the past decade become easily explicable.

The rise of China ignited a boom in commodity prices, which benefited commodity producersprincipally Brazil and the Pacific Rim countries of Chile and Peru that produce huge quantities of copper. China´s accession to the World Trade Organisation brought it into direct competition with the US-focused Latin American economies in Mexico and the Caribbean basin that had built up a strong business making exports to the US. In consequence, Brazil and the Andean countries rallied, while Mexico was left behind.

The cheap price of credit in the US, caused by a bubble that would eventually lead to the Lehman Brothers collapse of 2008, created odd behaviour in the foreign exchange market. The “carry trade” dominated; investors borrowed at low rates in the western world (in Japanese yen before the crisis and often in US dollars after it) and parked in countries where they could gain a higher yield. This tended to mean commodity-exporting countries where interest rates were high to fend off inflation – notably Brazil. The carry trade compounded the effect of higher commodity prices and sent money sluicing towards Brazil.

Then came the crisis and the reversal of the carry trade as money shot back to the US. Latin American markets tumbled in the closing months of 2008. But that was quickly followed by China´s stimulus policy, which briefly inflated commodity prices once more, and by so-called “QE” bond purchases in the US, which had the effect of sending money anywhere it could to find higher yields. That, once more, went to Brazil and the other China-facing economies of South America. Mexico, tied to the US economy, suffered the deepest recession in the region.

In the past two years, these patterns have shifted, as the dynamics in the rest of the world have changed.

Then comes the issue of QE. Treasury bond yields hit a trough in the summer of 2012 and started a gentle rise that turned into a stampede in May 2013 after Ben Bernanke of the Federal Reserve started speculating about the possibility of “tapering off” his QE bond purchases>.

The effect on Latin America was immediate and dramatic – money started to flow out. Currencies and stock markets across the region declined as investors repatriated money, on the assumption that higher rates in the US would strengthen the dollar.

Putting these factors together, the region has significantly under-performed other emerging markets. Since the end of 2009, when the initial post-crisis “relief rally” was over, the MSCI Latin America stock index has dropped slightlyindices for the emerging markets of Asia, Europe, the Middle East and Africa are up 25 per cent over that time.

Meanwhile, the relative decline of China has shaken up the order that had held in the years before the crisis. Since developed markets troughed in March 2009, Mexican stocks have tripled; the stock markets of Brazil and Chile have not quite doubled.

If so much can be attributed to external factors, does this mean that the region is powerless to affect its own fate? Not entirely.

Latin American countries have done much to make themselves less vulnerable to another financial crisis, by building internal bond markets and borrowing more in their own currency, rather than dollars. This has given them some control over their own fate.

But Galeano´s vision of a continent in the grip of foreign powers, even in an era when much of the region has profited by abandoning his ideas, remains depressingly convincing.

Copyright &copy “The Financial Times Limited“.
“FT” and “Financial Times” are trade marks of “The Financial Times Limited”.
Translation for Finanzas para Mortales with the authorization of “Financial Times”.
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