Bienvenido al lado oscuro de la web

02/12/2014 | Maija Palmer – Financial Times Español

¿Cuánto deberías saber acerca del lado oscuro de internet? Bajo la superficie – las subastas de eBay, los artículos de Wikipedia, las páginas de noticias – hay una parte oculta que no puede encontrarse en las búsquedas de Google. Esta es la web sumergida, y los expertos dicen que es más grande que internet. Algunas estimaciones calculan que el ratio pudiera ser el 95 por ciento de web profunda y el 5 por ciento de internet superficial.

La mayoría de las veces la web profunda no es rastreable por razones comunes. La información puede estar en formatos que no son fácilmente accesibles. Pueden no estar ligados a nada, olvidados.

Un pequeño porcentaje de la web profunda, sin embargo, está oculta intencionalmente, siendo accesible solo a aquellos que saben lo que están buscando y por aquellos que han sido invitados a entrar. Esta es la red oscura, un lugar que estimula la imaginación, donde las drogas se compran y se venden, los terroristas hacen sus planes, los pedófilos comparten imágenes y los trolls planean sus campañas de acoso.

El libro de Jamie Bartlett “The Dark Net” es una buena introducción. En su libro, el Sr. Bartlett, director del think-tank londinense Demos, visita salas de chat donde los trolls representan “life ruins” subiendo información personal y fotos embarazosas de gente, a menudo mujeres, que les desagradan. Él hace un pedido de una pequeña cantidad de marihuana en Silk Road, un sitio notable de mercadeo donde todo, desde drogas hasta armas, se puede conseguir, y se sorprende por la calidad del servicio al cliente.

En una incómoda escena, sentado a la orilla de una cama en una casa suburbana, él observa a tres mujeres jóvenes realizar un espectáculo sexual frente a una webcam para un público que paga.

Leer acerca de la web oscura es más que un entretenimiento barato. Las empresas harían bien en comprender más acerca de ello. Para empezar, aquí hay muchos casos de negocios a ser estudiados para ser aprovechados.

A pesar de no estar regulada y conectar a compradores y vendedores anónimos, Silk Road ha desarrollado sofisticados mecanismos – servicios de custodia, puntuaciones – para evitar que se robe a los clientes. Sitios legítimos como Amazon e eBay podrían tomar nota. La gente joven que gestiona sitios de espectáculos sexuales es altamente emprendedora, conoce a su audiencia y son buenos en maximizar los beneficios que se obtienen de cada espectador. Los espectáculos les generan lo suficiente como para pagar sus hipotecas en estos tiempos en que muchos de sus contemporáneos están desempleados.

Los trolls y hackers son de la gente más interesante que el Sr Bartlett conoce. Trolling, la actividad que tiene la intención de enojar a la gente publicando en internet comentarios incendiarios, puede ser sofisticada y motivada políticamente, siendo una manera de retar los límites de la gente para liberar ideas. Un troll, Zack, explica cómo se une a un foro en internet, y de manera deliberada comete errores básicos de gramática y ortografía esperando a que alguien critique su escritura para luego llevarlo a una conversación acerca de política.

Una visión más profunda del mundo de los hackers puede ser encontrada en el libro de Gabriella Coleman “Hacker, Hoaxer, Whistleblower, Spy” que habla de Anonymous, el amplio colectivo de hackers que se volvió famoso por su participación en movimientos como Occupy Wall Street, Wikileaks y la Primavera Árabe.

La Sra. Coleman ha sido criticada por rodearse demasiado de estos pícaros de internet, pero logra dar un rostro humano a este grupo tan demonizado.

Sus motivaciones son variadas – algunas son políticas, otros buscan divertirse, otros solo porque pueden hacerlo y porque creen que no pueden ser rastreados en línea. Sus motivaciones rara vez son financieras y aquí hay una gran desconexión entre los pícaros de internet y el mundo empresarial.

Vale la pena que las empresas entiendan esto. Los trolls y hackers a menudo llegan a golpear el borde de la superficie de la internet corporativa. Controlando los comentarios, robando información, trastornando las redes de ordenadores. Pueden convertirse en molestos. Pero desde su punto de vista son los corporativos quienes son los intrusos. Los hackers se muestran ofendidos de que las empresas se apoderen de lo que ellos llaman “su” internet.

A pesar de surgir de un Proyecto militar de los EE. UU., internet se ha desarrollado de una forma descentralizada y democrática única. Cualquiera puede conectarse, cualquiera puede ampliar y desarrollar su pedazo de internet como le plazca. Los proyectos colaborativos como el software de código abierto triunfan en internet de una manera que es difícil de imaginar en otros contextos.

Las ideologías y el pertenecer a un grupo (aunque sea temporal y abierto) son las monedas clave en internet. La mentalidad cerrada de la pérdida y la ganancia del mundo corporativo se encuentra incómoda con esto, especialmente cuando las empresas empiezan a hablar de terminar con la neutralidad de la red y diferenciar el acceso a internet, dependiendo de cuánto pueda pagar la gente.

A las empresas puede que no les gusten las tácticas que los hackers y trolls utilizan. Pueden no estar de acuerdo con sus puntos. Pero deberían familiarizarse con algunas de las especies que nadan bajo la superficie de la web. Hay más de las que podrían imaginar y este es su territorio.

Welcome to the web´s dark side

12/02/2014 | Maija Palmer – Financial Times English

How much should you know about the dark side of the internet? Beneath the surface – the eBay auctions, Wikipedia entries, news pages – there is a hidden part that cannot be found in a Google search. This is the deep web, and experts say it is larger than the internet. Some estimates reckon the ratio could be about 95 per cent deep web to 5 per cent surface internet.

For the most part, the deep web is unsearchable for mundane reasons. The data may be in formats that are not easy to access. They may not be linked to anything else, forgotten.

A small percentage of the deep web, however, is intentionally hidden, accessible only to those who know what they are looking for and those who have been invited in. This is the dark net, a place that titillates the imagination, where drugs are bought and sold, terrorists plot, paedophiles share images and trolls plan campaigns of harassment.

Jamie Bartlett’s book “The Dark Net” is a good introduction. In his book, Mr Bartlett, a director at London-based think-tank Demos, visits chat rooms where trolls perform “life ruins” by posting personal information and embarrassing photos of people, often women, they have taken a dislike to. He orders a very small amount of marijuana on the Silk Road, a notorious online marketplace where everything from drugs to weapons can be procured, and is blown away by the customer service.

In one awkward scene, he perches on the edge of a bed in a suburban house while three young women perform a webcam sex show to a paying audience.

Reading about the dark web is more than just a cheap thrill. Businesses would do well to understand more about it. For a start, there are a number of business cases studies to be mined here.

Despite being unregulated and connecting anonymous buyers and sellers, the Silk Road has evolved sophisticated mechanisms – escrow services, ratings – to avoid customers being ripped off. Legitimate sites such as Amazon and eBay might take note. The young people running sex show cam sites are highly entrepreneurial, know their audience and are good at maximising the profit they can make from each viewer. The shows earn them enough to make mortgage payments at a time when much of their peer group is unemployed.

Trolls and hackers are some of the most interesting people Mr Bartlett meets. Trolling, trying intentionally to upset people by posting inflammatory comments online, can be sophisticated and politically motivated, a way of pushing people’s boundaries to unlock ideas. One troll, Zack, explains how he joins an online forum, deliberately makes basic grammatical and spelling mistakes, waits for someone to criticise his writing and then locks them into a conversation about politics.

A deeper dive into the world of hackers can be found in Gabriella Coleman’s book, “Hacker, Hoaxer, Whistleblower, Spy” which is about Anonymous, the loose collective of hackers that became famous for their involvement in movements such as Occupy Wall Street, WikiLeaks and the Arab Spring.

Ms Coleman has been criticised for perhaps getting too involved with these internet pranksters, but she succeeds in giving a much-demonised group a human face.

Their motivations are varied – some political, some looking for fun, some just because they can and because they believe they are untraceable online. Their motivations are rarely financial and there is a huge disconnect here between the internet prankster and the business world.

It is worth businesses understanding this. Trolls and hackers frequently bump up against the shoreline of the surface, corporate-run internet. They take over comment threads, steal data, disrupt computer networks. They make a nuisance of themselves. But from their point of view it is the corporates that are the interlopers. Hackers resent businesses taking over what they see as “their” internet.

Despite emerging from a US military project, the internet has developed in uniquely decentralised, democratic ways. Anyone can connect, anyone can extend and develop their corner of the internet as they like. Collaborative projects such as the open-source software movement thrive on the internet in a way that is difficult to imagine in other contexts.

Ideologies and belonging to a group (however loosely or temporarily) are the key currencies online. The pure profit-and-loss mentality of the corporate world sits uneasily with this, especially when businesses begin to talk of ending net neutrality and differentiating access to the internet, depending on how much people can pay.

Companies may not like the tactics that hackers and trolls use. They may not agree with their points. But they should become more familiar with some of the species that swim beneath the surface web. There are more of them than you might imagine and this is their territory.

Copyright &copy “The Financial Times Limited“.
“FT” and “Financial Times” are trade marks of “The Financial Times Limited”.
Translation for Finanzas para Mortales with the authorization of “Financial Times”.
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