Con la música a otra parte

Estamos en plena época veraniega y son muchos los que organizan sus vacaciones en torno a los festivales de música, un fenómeno que se ha extendido en los últimos años y en el que España es pionera y un verdadero paraíso en verano. Aunque se desarrollan a lo largo de todo el año por todo el país con variedad de estilos y géneros, el estío resulta una temporada ideal para las citas festivaleras porque además de música, ofrecen sol y, casi siempre, playa.

Y es que si el turismo se ha diversificado en distintas versiones (de compras, turismo rural, de salud, religioso…), el turismo musical es una más que buena opción. Se calcula que más de 2,5 millones de jóvenes acudieron el año pasado a los diferentes festivales de música que se repartieron por todo el territorio nacional, generando un negocio cercano a los 450 millones de euros solo en entradas y abonos. Se trata de un negocio del que se nutren los organizadores, los artistas invitados y las agencias internacionales de contratación, pero también el municipio que los acoge (cada visitante gasta una media de 500 euros por festival entre viajes, alojamiento y comidas).

Los festivales más consolidados cuentan con más de 20 años de historia, como el Sónar y el Primavera Sound, ambos en Barcelona, o el Festival Internacional de Benicassim (FIB) que concentran, en apenas unos días, alrededor de 150.000 personas llegadas de todo el mundo.

El precio de las entradas para estos eventos depende, pues, de la experiencia pero también de los días de duración, (de 2 a 7 días), del caché de los artistas, del número de escenarios y actuaciones, del tamaño y capacidad para acoger gente y de si incluye derecho de acampada o no, entre otros factores. Un bono ronda los 200 euros en los más caros (el Rototom Sun plash de Benicasim que dura una semana, o el Primavera Sound o el FIB que duran 4 jornadas) aunque también se ofrece la posibilidad de adquirir entradas de un día a un precio que oscila entre los 40 y los 80 euros.

La forma de conseguir los precios más asequibles es adquiriendo las entradas con antelación porque a medida que se acerca la fecha de celebración, el valor sube. Según la plataforma de venta de entradas Ticketea, una de cada tres personas compra entradas de reventa y el 30% paga un precio superior al precio fijado por los promotores: entre un 7 y un 145% más. Según el estudio, el 75% de las entradas de reventa es de conciertos de música y festivales.

Inicialmente, la organización de estos festivales contaba con financiación de las distintas administraciones. Con la crisis se retiró el apoyo institucional lo que provocó que algunos desaparecieran o, simplemente, bajaron el cartel y, por tanto, el número de asistentes, a los que no sólo subieron el precio de las entradas sino que además aplicaron el 21% de IVA. Pero desde 2014, el sector parece recuperarse, esta vez sin subvenciones públicas y batiendo récords: el Primavera Soun de Barcelona recibió el año pasado a 190.000 personas y el BBK Live de Bilbao, a 120.000, a pesar de que el precio de las entradas subió un 32% más, lo que generó unos ingresos de 65 y 17 millones de euros respectivamente.

Respecto a lo que cobran los artistas, es difícil de saber, sobre todo si la organización del festival es privada. Los contratos suelen contar con cláusulas de confidencialidad que prohíben esta información. Además, depende de muchos factores como la oferta y la demanda, o los acuerdos que tienen respecto a cada territorio o tipo de evento. En términos generales, los de más caché pueden cobrar alrededor de un millón de euros y los más emergentes rondan los mil euros. Lo que sí se sabe es que los artistas nacionales se sienten maltratados respecto a los internacionales, algo que han denunciado varias asociaciones de músicos. En el reciente y único concierto en España de Enrique Iglesias sabemos -porque estuvo patrocinado por el Gobierno de Cantabria con motivo del Año Jubilar Lebaniego- que el cantante cobró 700 mil euros.

Pop, rock, flamenco, música electrónica, música experimental, alternativa, …. hay para todos los gustos y todos suelen combinar la aparición estelar de músicos consagrados con artistas nuevos, tanto del panorama nacional como internacional. Desde extranjeros como Depeche Mode, The Killer o Phoenix en Bilbao BBK Live; Pet Shops Boys o Jamiroquai en el Cruilla de Barcelona; Red Hot Chili Peppers o Franz Ferdinand en Benicasim) hasta españoles como Chambao, La Mala Rodríguez en Chiclana; Fangoria en Benidorm; o Amaral e Iván Ferreiro en Burriana), todos hacen las delicias de un público devoto al que también anima el sol, la playa y las vacaciones.

Después del regusto que dejaron los festivales más madrugadores -el Viñarock en Villarobledo, el Azkena Rock en Vitoria, el MulaFest de Madrid, el Primavera Sound, el Sónar y El Cruilla de Barcelona, y los más recientes como el MadCool de Madrid, el Bilbao BBK Live, el AlRumbo en Chiclana de la Frontera o el mítico FIB, aún queda música para rato. El más inminente será el low cost que se celebrará en Benidorm del 28 al 30 de julio. Ya en agosto, la oferta pasa por el Arenal Sound, en la localidad castellonense de Burriana, del 1 al 6; el VeraSummer en Losar de la Vera, Cáceres, del 5 al 7 de agosto; el Santander Music, del 4 al 6; el Dreambeach en Villaricos, Almería, del 10 al 15; el Sonorama en Aranda de Duero, del 11 al 14; el Rototom Sunsplash, otra vez en Benicasim, del 12 al 19; el Creamfields de Ibiza, del 26 al 28 de agosto; el Gasteiz Calling, en Vitoria el 3 de septiembre; el Festival Gigante de Guadalajara, los días 2 y 3 de septiembre; o el DCODE Festival, en Madrid, el 10 de septiembre, por nombrar algunos.

Así pues, que no pare la música… y que no se acabe el verano. Porque el otoño traerá más festivales pero ya no habrá ni sol, ni playa, ni vacaciones…

Autora: Elvira Calvo (19 julio 2017)

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