Cuadro Marqués de Leganés

Don Diego de Mexía, Marqués de Leganés, hacia 1634

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Óleeo sobre lienzo. 200 x 125 cm

Antoon Van Dyck

Amberes 1599-Londres 1641

Don Diego de Mexía, primer marqués de Leganés, comendador de León, trece de la orden de Santiago y duque de Sanlucar la Mayor, fue un buen general a pesar de los reveses de la fortuna. En su juventud había sido paje de los archiduques Alberto e Isabel de Flandes.

Su carrera como diplomático y militar fue auspiciada por la protección del conde-duque de Olivares (G.Marañon, El conde-duque de Olivares, 1945, p.257).

Luchó en Nordlingen junto al cardenal-infante hermano de su rey Felipe IV en 1634, en Rohan y Piamonte; en Cataluña derrotó al general La Motte en 1642, interviniendo también en el sitio de Olivenza. Fue embajador extraordinario en Francia en 1627 y gobernador en Milán en 1635.

Destinó parte de su fortuna a la adquisición de pinturas de los más famosos maestros flamencos e italianos del momento Fue un apasionado coleccionista que admiró, entre otros, a Rubens y a Van Dyck, haciéndose pintar en Flandes por estos dos grandes artistas.

La pintura que nos ocupa, la reprodujo Marañón en la biografía del conde-duque de Olivares poniendo el retrato como valioso testimonio visual del carácter de don Diego de Mexía: Era Leganés hombre de clara inteligencia.., Característica, esta, muy bien plasmada en el retrato que le pintó el artista.

El retrato lo realizaría Van Dyck entre 1630-1634, al regresar el pintor de Inglaterra a los Países Bajos, quizá con intención de aproximarse a la corte flamenca.

El general está de pie, elegantemente vestido de negro, junto a una mesilla con tapete rojo; el brazo derecho apunta con la mano un gentil gesto de abandono. Una cortina corta el fondo oscuro, resaltando el contraste de luz en el rostro.
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El porte sobrio del marqués es una imposición de la etiqueta del retrato tradicional español, muy diferente a los retratos habituales del maestro flamenco, más afectados y sensuales.

Esta obra fue propiedad de los duques de Medinaceli y, luego de la duquesa de Almazán, en cuya colección estuvo hasta 1965, fecha de su adquisición por el Banco.

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