Egipto después de Morsi – Filas para el combustible y para el pan: el principal reto es la economía

05/07/2013 | Michael Peel – Financial Times Español

Filas para el combustible, una moneda que se devalúa y una bajada en la que era una orgullosa industria turística son el telón de fondo del golpe militar que derrocó al presidente Mohamed Morsiy dan la clave del enorme problema que espera a sus sucesores.

Los ya crónicos problemas financieros de Egipto se han agudizado peligrosamente desde la elección de Morsi hace un año, dejando al nuevo gobierno con una aguda necesidad de efectivo, reformas estructurales y de espacio para poder respirar, que difícilmente le será dado por los empobrecidos e impacientes egipcios.

Mientras el gobierno de transición encabezado por Adli Mansour busca imponer su autoridad después de los extraordinarios eventos del miércoles pasado, resucitar a la golpeada economía será crucial si se desea controlar los movimientos políticos que iniciaron el último levantamiento en Egipto.

Ashraf Swelan, consejero en asuntos económicos de Amr Moussa, quien fuera ministro de exteriores y que compitió por la presidencia contra Morsi, dijo durante esa fallida candidatura que “hay un enorme factor socio-económico en todo esto… La política y la economía estaban ligadas antes de la crisis y lo seguirán estando: son inseparables”.

Este entrelazamiento entre las fortunas egipcias y el futuro político ha sido un tema habitual durante la presidencia de Morsi desde sus comienzos hasta su finalización.

Esta semana, sólo días antes del levantamiento final contra él, una aguda falta de combustible detuvo por completo el ya de por sí congestionado tráfico en algunas zonas del Cairo, con largas colas saliendo de las estaciones de servicio y complicando más la circulación en las repletas calles.

Los conductores esperaban durante horas para cargar combustible, pidiendo comida no a domicilio sino a sus coches, y se desataban peleas para obtener prioridad al llegar a los surtidores.

Esto es el eco de una generalizada angustia económica al ralentizarse las inversiones, el turismo, la construcción, los servicios y manufacturas, que golpeaba el medio de subsistencia de los de por sí ya pobres millones de egipcios, muchos de los cuales son trabajadores por día.

En el barrio marginal de Establ Antar en el Cairo, una amplia zona de calles sin pavimentar, con frecuentes cortes de suministro eléctrico y sin vigilancia policíaca, sus habitantes se quejaban del deterioro de sus ya difíciles vidas.

Salah Abu Yasser, obrero que sufría por la falta de trabajo en la construcción, decía que él estaba mejor durante la presidencia de Hosni Mubarak, que “ahora mis siete hijos y yo estamos hambrientos, no tengo trabajo fijo acarreando ladrillos en las obras en construcción y ahora nadie construye nada”.

Soad Saieed, madre de ocho hijos y vecina de Yasser, se quejaba de las largas esperas en la filas para comprar pan subsidiado donde la ración asignada – diez panes– era tan poca que una vez conseguidas tenía que volver a hacer fila de nuevo.

Y agregó: “Sí, Morsi no ha estado en el cargo el tiempo suficiente, pero debería haber hecho algo por la gente para motivarla a mostrarle su apoyo”.

El Mercado de valores egipcio dijo bastante acerca de la situación económica del país y de cómo veía el desempeño económico del gobierno de Morsi. Cuando se enteró del golpe militar contra el gobierno salido de las urnas y el potencial mortífero de una ola de violencia, los inversionistas no reaccionaron con pánico sino con aclamaciones. El mercado se disparó rápidamente y las transacciones se suspendieron después de que el principal índice superara el límite de volatilidad diario del cinco por ciento.

Los principales indicadores económicos eran grises cuando Morsi tomó el poder – debido especialmente a la resaca dejada por los 30 años en el poder del régimen de Mubarak. Pero en muchos casos eran peores cuando se fue. El desempleo superaba el 13 por ciento, la inflación era mayor al 8 por ciento y el déficit se incrementó hasta casi un 13 por ciento del PIB.

Las reservas de divisas extranjeras de Egipto cayeron desde los 36 mil millones en enero de 2011, justo antes de la caída de Mubarak, hasta el actual y peligrosísimo nivel de 16 mil millones – el equivalente a poco más de tres meses de importaciones, un importante umbral que da paso al estrés económico.

Sin la inyección de metálico por parte de Catar, Turquía y Libia, la cifra hubiera sido peor aún. Las agencias de calificación repetidamente han bajado la calificación del país y sus bancos, incrementando el coste de los préstamos.

En un movimiento para conservar divisas extranjeras, el banco central ha permitido que la libra egipcia se devalúe frente al dólar en casi un diez por ciento desde principio de año, lo que ha contribuido a la subida de precios.

La última vez que hubo desabastecimiento de combustible se debió en parte a la deuda cercana a los 8 mil millones de dólares que tiene Egipto con las empresas establecidas en ese país, limitando su capacidad para importar combustible y causando intermitentes cuellos de botella en el suministro, tanto de gasolina como de diésel. Durante el verano, los agricultores acumularon diésel en sus casas, el cual fue comprado a precios de mercado negro, porque no estaban seguros de que cuando llegara la época de la cosecha del trigo hubiera combustible en el mercado.

Todo esto significa que los nuevos gobernantes van a estar muy necesitados de amigos financieros que puedan proveer el tipo de apoyo que Catar dio durante la época de Morsi, de 8 mil millones de dólares. Dos candidatos obvios son Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos, ambos dieron la bienvenida al derrocamiento de Morsi, mientras Catar siente que sería políticamente inteligente ofrecer ayuda al nuevo gobierno.

Mientras se cuestione la legitimidad de la nueva administración egipcia será complicado conseguir apoyos para conseguir fondos de las instituciones financieras globales de crédito, incluyendo el tan ansiado y buscado préstamo del Fondo Monetario Internacional, pero parece haber suficiente apoyo mundial para conseguir un apoyo financiero.

Más problemático es aún el evidente poco tiempo que tendrá disponible este gobierno provisional y su falta de apoyo por parte del pueblo egipcio, lo que hará difícil que pueda poner en práctica cambios económicos de largo alcance o que sean impopulares, o ambas cosas a la vez.

Mientras que los días de Morsi en el poder terminaron de manera turbulenta, las nubes de gas lacrimógeno y las batallas entre jóvenes y la policía alrededor de los hoteles turísticos cercanos a la Plaza Tahrir fueron un recordatorio de que la extensa crisis política Egipcia es también una creciente y aguda crisis económica.

Amr El Ezaby, consejero del ministro de Turismo, dijo que “La cantidad de turistas en los hoteles del Mar Rojo no ha caído mucho. Pero el descenso sí ha sido grave en el Cairo y el Valle del Nilo”, aun así el ministro se muestra optimista a la vista de lo sucedido el miércoles y predice que a finales de este año el turismo volverá a los niveles de 2010. “(Y) por supuesto que tendremos que bajar los precios entre un 20 y un 30 por ciento.”

Egypt after morsi – Petrol queues and bread lines: economy poses main challenge

07/05/2013 | Michael Peel – Financial Times English

Petrol queues, a sliding currency and the decline of a once proud tourism industry provided a telling backdrop to President Mohamed Morsi’s ousting by Egypt’s militaryand give a clue to big trouble awaiting his successors.

Egypt’s chronic financial woes have deepened dangerously since Mr Morsi’s election a year ago, leaving the new government in desperate need of cash, structural reforms and breathing space unlikely to be yielded easily by impoverished and impatient Egyptians.

As the transitional government led by Adli Mansour seeks to impose its authority after Wednesday’s extraordinary events, resuscitating the crippled economy will be crucial if it is to master the turbulent politics that sparked Egypt’s latest uprising.

“There was a huge economic and social element to all this,” said Ashraf Swelam, an economist who advised Amr Moussa, the former foreign minister, during his failed bid for the presidency against Mr Morsilast year. “The politics and economics were linked before the crisis and they will continue to be so: they are inseparable.”

This intertwining of Egypt’s financial fortunes and political future was a theme of the Morsi presidency from its first days to its last.

Just days before the final uprising against him this week, a grinding petrol shortage brought the notoriously congested traffic to a complete standstill in places in Cairo, with long queues of cars spilling from petrol stations and throttling already full thoroughfares.

Drivers waited for hours to fuel up, ordering delivery meals in their cars, and fights broke out over priority at the pumps.

It echoed a wider economic anger as a slowdown in investment, tourism, construction, services and manufacturing hit the livelihoods of millions of already poor Egyptians, many of whom work as day labourers.

In the slum of Establ Antar in Cairo, a vast warren of unpaved streets, frequent power cuts and no police presence, the residents complained of a marked deterioration in their already difficult lives.

Salah Abu Yasser, a labourer who has been struggling to find construction work, said that he had been better off under Hosni Mubarak’s rule. “We are now going hungry [and] I have seven children,” he said. “I don’t have a fixed job. I carry bricks on construction sites, but now no one is building anything.”

His neighbour, Soad Saieed, a mother of eight, complained of the long waits in the queues for subsidised bread where the individual allowance – 10 loaves – was so meagre that she had to return straight to the back of the line to wait again.

“Yes, Morsi was not in office long enough,” she said. “But he should have done something for people to encourage them to say yes to him.”

The Egyptian stock market said much about the country’s economic state and views of the Morsi government’s financial stewardship. Faced with the military-orchestrated overthrow of an elected government and the potential for further deadly violence, investors reacted not with panic but with acclaim. The market quickly shot up and trading was suspended after the main index shot past its 5 per cent daily volatility limit.

The headline economic numbers were grim when Mr Morsi took office – thanks in large part to the hangover of the 30-year Mubarak regime. But in many cases they were worse when he left. Unemployment passed 13 per cent, inflation rose beyond 8 per cent and the budget deficit ballooned to almost 13 per cent of gross domestic product.

Egypt’s foreign currency reserves fell from $36bn in January 2011, just before Mr Mubarak’s fall, to a dangerously low $16bn now – only just above the cost of three months of imports, an important threshold for economic stress.

Without cash injections from Qatar, Turkey and Libya that figure would have been even worse. rating agencies have repeatedly downgraded the country and its banks, increasing its costs of borrowing.

In a bid to conserve foreign currency, the central bank has allowed the Egyptian pound to slide against the dollar by around 10 per cent since the beginning of the year, contributing to price rises.

The latest bout of fuel shortages came about partly because Egypt owes some $8bn to oil companies working in the country, limiting its ability to import fuel and causing intermittent bottlenecks in supplies of both petrol and diesel. Over the summer, farmers hoarded diesel bought at black market prices in their homes because they were not certain they would be able to find it to harvest their wheat.

All this means Egypt’s new rulers will be badly in need of financial friends who can provide the kind of support Qatar did during the Morsi era, pouring in $8bn of aid. Two obvious candidates are Saudi Arabia and the United Arab Emirates, which both welcomed Mr Morsi’s ousting, while Qatar itself may feel it would be politically wise to offer aid also to the new government.

While questions over the new Egyptian administration’s legitimacy might complicate efforts to secure money from global financial institutions, including a long-sought International Monetary Fund loan, there may also be sufficient support worldwide to railroad a package through.

More problematic is the envisaged short tenure of the caretaker government and its lack of a mandate from the Egyptian people, which will make it hard for it to introduce economic changes that will take time or be unpopular – or both.

As Mr Morsi’s days in office came to their turbulent end, the teargas fumes and pitched battles between youths and police around the tourist hotels dotted near Cairo’s Tahrir Square were a further reminder of the extent to which Egypt’s political crisis is also an increasingly acute economic one.

“Tourist numbers in the Red Sea resorts have not been much affected. But [the] decline has been huge in Cairo and the Nile Valley,” said Amr El Ezaby, adviser to the Egyptian tourism minister, who retained enough optimism in the light of Wednesday’s events to predict tourism would return later this year to the levels of 2010. “[And] of course we had to drop prices by between 20 to 30 per cent.”

Copyright &copy “The Financial Times Limited“.
“FT” and “Financial Times” are trade marks of “The Financial Times Limited”.
Translation for Finanzas para Mortales with the authorization of “Financial Times”.
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