El emprendedor – Donar ideas es mejor que solo donar dinero

30/10/2013 | Luke Johnson – Financial Times Español

La manera inteligente de que los fundadores de negocios aporten a las organizaciones caritativas no solo es donando dinero. Sería mejor que consideraran establecer su propia ONG.

En las dos últimas semanas yo he colaborado en la fundación de dos. La primera fue The Centre for Entrepreneurs, un grupo de análisis dedicado exclusivamente al emprendimiento. Lo tenía en mente desde hace años pero no lograba hacerlo realidad. Siempre tuve presente la idea de que el Reino Unido necesitaba de un grupo así, de manera que después de reunirme con alguien que apoyaba mi plan, decidí poner en práctica mi teoría.

Un socio y yo reclutamos a un director y una serie de consejeros, definimos un plan de negocios y decidimos la fecha de lanzamiento. Ahora tenemos que hacer del proyecto un éxito, y tenemos varias investigaciones y eventos en marcha. El objetivo es investigar el emprendimiento y educar a los medios, políticos y ciudadanos acerca de la importancia económica y social de los emprendedores.

Llegué a la segunda iniciativa en una etapa posterior de su gestación. Fui reclutado como director de Career Colleges, una iniciativa de Lord Baker, que ha estado interesado en la educación desde su paso por el gobierno, cuando el plan fue diseñado en casi su totalidad. Es una iniciativa de caridad que promoverá nuevos canales para impartir capacitación a adolescentes de 14 a 19 años en campos especializados que incluyen la hostelería, sanidad y construcción. De hecho, la industria será incluida desde el inicio al proveer a casi la mitad de los directores de cada colegio.

Esta educación vocacional es altamente efectiva en países como Austria, Alemania y Suiza, lo que explica en parte sus bajas tasas de desempleo juvenil. El Reino Unido debería copiar sus modelos.

Ambas iniciativas deberían progresar. Pero como en cualquier iniciativa, siempre hay la posibilidad de fracasar. Sin embargo, la emoción de levantar algo desde la nada es incomparable. Y quizás sea esto por lo que a menudo es mejor para quien funda un negocio construir su propia empresa social u organización benéfica, en lugar de unirse a una ya existente, a pesar de que sea más difícil.

Muchos emprendedores no tienen el temperamento para colaborar con organizaciones sin ánimo de lucro ya establecidas. Estas organizaciones tienden a ser institucionales, incluso burocráticas – llenas de procesos, gobierno e historia, y altamente aversas al riesgo. Además, los emprendedores quieren hacer que las cosas sucedan, están acostumbrados a actuar sin debatir y florecen en la incertidumbre y la innovación constantetodo lo que es anatema para la mayoría de las organizaciones caritativas y sus responsables. Más aún, los emprendedores son inevitablemente algo egocéntricos y probablemente les guste la idea de dejar su propio legado.

Sin embargo, muchas organizaciones caritativas son sin duda muy pequeñas para operar de manera tan efectiva como pudieran. Frecuentemente gran parte de sus ingresos son absorbidos en su propia administración, lo que provoca que sean insuficientes los recursos que llegan a los destinatarios que son su razón de ser. Consecuentemente yo propondría que cada emprendedor que quiera contribuir con algo evite añadirse al entramado de micro-caridades.

Pero para estos emprendedores que tienen una idea original y una misión caritativay la energía y tiempo para dedicarle al proyectolos beneficios intelectuales y emocionales pueden ser considerables. Y su compromiso con el sector del voluntariado es una manera de enfocar sus habilidades para iniciar negocios en beneficio público. En Sanidad, Educación y las Artes, los resultados generalmente los dan el sector público o las organizaciones caritativas. Pero puede ser más fácil ser pionero en este campo vía iniciativas del sector terciario que esperar a que el estado experimente. Las leyes son lentas y los políticos y servidores públicos temen cometer errores públicos. Probar con nuevas actividades puede ser más fácil a través de organizaciones independientes sin ánimo de lucro: si la idea falla, es menos factible que haya críticas a que si se perdieran recursos de los contribuyentes.

Las empresas sociales están en el centro de la escena emprendedora entre los más jóvenes fundadores. Muchos no están tan interesados en acumular riqueza sino que les entusiasma la idea de tener impacto real en su comunidad a través de su empresa. Estos emprendedores sociales poseen un espíritu de aventura similar al de sus colegas que sí priman lo económico. Sospecho que, como otros modelos como el de la filantropía de riesgoaplicar los principios de capital riesgo a las iniciativas filantrópicaslas empresas sociales son parte importante del futuro del sector de la caridad en el siglo 21.

The Entrepreneur – A donation of ideas is better than just cash

10/30/2013 | Luke Johnson – Financial Times English

The intelligent way for business founders to give to charity is not simply to donate money. They could instead consider setting up their own non-profit organisation.

In the past few weeks I have helped start two. The first was The Centre for Entrepreneurs, a think-tank devoted solely to entrepreneurship. I thought of this a few years ago but never got it off the ground. My belief that Britain needed such a group never wavered, so after meeting a backer recently, I decided to put my theories into action.

A partner and I recruited a director and a cohort of advisers, drew up a business plan and decided on a launch date. Now we have to make the project succeed, and have various pieces of research and events in the pipeline. The aim is to research entrepreneurship and educate the media, politicians and citizens about the economic and social importance of entrepreneurs.

I came to the second cause later in its gestation. I was recruited as chairman of Career Colleges, an initiative of Lord Baker, who has been interested in education since his time in government, when the scheme was almost fully formed. It is a charitable endeavour that will promote new channels provide training for 14- to 19-year-olds in specialist subjects that include hospitality, healthcare and construction. Industry will be engaged from the start by providing almost half the governors of each college, for instance.

Such vocational education is highly effective in countries such as Austria, Germany and Switzerland, which is part of the reason they have such low rates of youth unemployment. Britain should emulate their models.

Both ventures should do well. But as with any new initiative, there is always a risk of failure. Nevertheless, the excitement of building something from scratch is hard to beat. And that is perhaps why it is often better for a business founder to construct their own social enterprise or charity, rather than join an existing one, even if it is harder.

Many entrepreneurs are not temperamentally suited to involvement with established non-profits. Such organisations tend to be institutional, even bureaucratic – rife with process, governance and history, and highly risk-averse. Also, the entrepreneurs are impatient to make things happen, are used to calling the shots without debate and thrive on uncertainty and constant innovationall of which are anathema to most charities and their trustees. Moreover, entrepreneurs are inevitably somewhat egotistical and probably like the idea of leaving their own legacy.

However, many charities are arguably too small to operate as effectively as they could. Frequently too much of their income is absorbed in administration, meaning an insufficient proportion of their funding reaches the intended recipients. Consequently I would propose that every entrepreneur who wants to contribute something avoids adding to the clutter of micro- charities as a matter of course.

But for those entrepreneurs who do have an original idea and charitable mission – and the energy and time to devote to the projectthe emotional and intellectual rewards can be considerable. And their engagement with the voluntary sector is a way to harness their start-up skills for public good. In health, education and the arts, outputs are typically delivered by government or charities. But it can be easier to pioneer inventions via a third-sector initiative than expect the state to experiment. Legislation is slow and politicians and civil servants are fearful of public mistakes. Trialling new activities can be easier via an independent non-profit: if the concept flops, there is likely to be much less criticism than if taxpayer resources are lost.

Social enterprises are at the heart of the entrepreneurial scene among younger founders. Many are relatively uninterested in wealth accumulation but relish the idea of real community impact with their endeavours. Such social entrepreneurs possess a similar spirit of adventure as their for-profit colleagues. I suspect that, like other models such as venture philanthropyapplying principles of venture capital to philanthropic initiativessocial enterprises are an important part of the future of the charitable sector in the 21st century.

Copyright &copy “The Financial Times Limited“.
“FT” and “Financial Times” are trade marks of “The Financial Times Limited”.
Translation for Finanzas para Mortales with the authorization of “Financial Times”.
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