El mercado de la energía: la nueva guerra fría entre EE.UU. y Rusia

Cada año los seres humanos consumen más fuentes de energía. Una de ellas es el gas, tan reclamado como combustible doméstico e industrial por su alto nivel calorífico. Sin embargo, su alta demanda está reabriendo una nueva versión de la Guerra Fría entre EE.UU. y Rusia por ver quién es el principal proveedor europeo de gas.

En este conflicto energético, los rusos han hecho un gran avance al obtener los permisos necesarios para construir el nuevo gaseoducto entre sus costas y Alemania. El proyecto, denominado Nord Stream 2, dará comienzo este año y, si la climatología lo permite, empezará a funcionar a finales del 2019. El flujo directo de gas entre los dos países existe desde noviembre de 2011 cuando se inauguró el proyecto Nord Stream (tubería submarina que cruza el Mar Báltico). Por lo tanto, Nord Stream 2 es una ampliación que añadirá un ramal más de conexión y permitirá un mayor tráfico de gas para abastecer a Alemania y desde ahí a Europa.

El plan consiste en una conexión de tuberías bajo el mar, desde la costa de Rusia hasta la costa de Alemania, con una longitud aproximada de 1.200 kilómetros. Estas tuberías tendrán una capacidad total de 55.000 millones de metros cúbicos de gas al año. El coste final estimado será de 9.500 millones de euros.

Una amenaza energética

Estados Unidos no está a favor del gaseoducto Nord Stream II. El argumento principal que sostiene es su preocupación por la seguridad europea. Sin embargo, si se lee entre líneas, la preocupación de EE.UU., ante la nueva conexión de gas, es el poder político que le da a Rusia frente a Europa. Además, EE.UU. va a perder mucha cuota de mercado con su gas de esquisto (fracking) que hasta el momento provee a Europa.

La rusofobia que tiene EE.UU. por el gas ruso tiene excepciones. El invierno pasado fue devastador en Norteamérica y los productores nacionales no consiguieron cubrir las necesidades nacionales. El alto volumen demandado infló el metro cúbico de gas a 6,3 dólares (en Europa el precio ronda los 20 céntimos). La consecuencia de este desajuste obligó a importar 100 millones de metros cúbicos que procedían de la región siberiana de Yamal.

Asimismo, países como Polonia y Ucrania rechazan el gaseoducto porque en este nuevo escenario perderán negocio al ser países de tránsito energético entre Rusia y Alemania. “Creemos firmemente que Polonia y el resto de Europa disponen de los recursos necesarios para diversificar sus fuentes de energía, algo fundamental para la seguridad a largo plazo de Europa”, argumentó el secretario de Estado de EE.UU. También se ha pronunciado Anna Gopkó, la presidenta del Parlamento Ucraniano de Asuntos Exteriores, llegando a afirmar que Ucrania va a perder hasta 2.000 millones de euros al año como consecuencia de Nord Stream 2.

Por otro lado, muchos especialistas afirman que los efectos negativos de la dependencia de gas ruso sólo sucederán si hay un conflicto armado entre Rusia y Europa, y señalan que es muy improbable.

La pugna por el abastecimiento energético tiene un largo recorrido. Los intereses entre los países afectados son políticos y, sobre todo, económicos. Rusia tiene 5 veces más reservas de gas natural que Estados Unidos, lo que le permite ofrecer una mayor cantidad a un precio más barato. Europa por su parte está escuchando al mejor postor, que por el momento es Rusia. El siguiente paso será ver como Alemania redistribuye entre sus socios europeos la nueva entrada de gas.

Autor: Daniel Moreno (10 julio 2018)

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