El mercado laboral estadounidense no está funcionando

04/11/2015 | Martin Wolf (Financial Times) – Financial Times Español

En 2014, el 12 por ciento — cerca de uno de cada ocho individuos — de los hombres estadounidenses de entre 25 y 54 años ni estaba trabajando ni estaba buscando empleo. Este porcentaje estaba muy cercano al índice italiano y era mucho más alto que el de otros miembros del grupo de los siete principales países de altos ingresos: en el Reino Unido, era el 8 por ciento; en Alemania y Francia, el 7 por ciento; y en Japón sólo el 4 por ciento.

Durante el mismo año, la proporción de mujeres estadounidenses en edad productiva que ni tenía un empleo ni estaba buscando uno fue del 26 por ciento, prácticamente igual que en Japón y solamente menor que la de Italia. El comportamiento del mercado laboral estadounidense fue sorprendentemente insatisfactorio para los hombres y mujeres cuyas responsabilidades deberían convertir el ganar un buen sueldo en algo vital. Entonces ¿qué está pasando?

El debate en EEUU se ha concentrado en la disminución de las tasas de participación posterior a la crisis de los mayores de 16 años. Éstas cayeron de un 65,7 por ciento a principios de 2009 a un 62,8 por ciento en julio de 2015. De acuerdo con el Consejo de Asesores Económicos de EEUU, 1,6 puntos porcentuales de esta disminución fueron el resultado del envejecimiento y 0,3 puntos porcentuales lo fueron de la disminución de los efectos cíclicos. Esto deja alrededor de un punto porcentual sin explicación. El ex presidente del Consejo Alan Krueger de la Universidad de Princeton, sostiene que muchos de aquellos desempleados que han estado sin trabajo durante largo tiempo han dejado de buscar un empleo. De esta manera, el desempleo cíclico prolongado provoca la contracción permanente de la fuerza laboral.

Por lo tanto las tasas de desempleo pudieran reducirse por dos razones opuestas: la buena sería que las personas consiguieran trabajo; la mala sería que abandonaran la búsqueda.

Afortunadamente, en EEUU, la primera razón ha superado a la segunda desde la crisis. La tasa general de desempleo (sobre una base comparable internacionalmente) se ha reducido en 5 puntos porcentuales desde su máximo de un 10 por ciento en 2009. En definitiva, la proporción de la caída de la tasa de desempleo debido a una menor participación no puede representar más de una cuarta parte. El comportamiento del desempleo relativo estadounidense también ha sido bastante bueno: en septiembre de 2015, la tasa era similar a la del Reino Unido, y estaba un poco por encima de la de Alemania y la de Japón, pero muy por debajo del 10,8 por ciento de la eurozona.

Entonces, el comportamiento del desempleo cíclico estadounidense al menos ha sido aceptable según los estándares de países comparables. Sin embargo, como señala el Informe Económico 2015 del Presidente, el Reino Unido no experimentó disminución alguna en la participación en la fuerza laboral después de la Gran Recesión, a pesar de tener tendencias de envejecimiento similares a las de EEUU. Incluso en términos cíclicos, la disminución de la participación en EEUU es preocupante. Sin embargo, son las tendencias a largo plazo las que debieran ser todavía más preocupantes. Esto es particularmente cierto en el caso de los adultos en edad productiva.

En 1991, la proporción de hombres estadounidenses en edad productiva que ni tenían trabajo ni lo estaban buscando era de sólo un 7 por ciento. Por consiguiente, la proporción de posibles trabajadores que ha desaparecido del mercado laboral ha aumentado en 5 puntos porcentuales desde entonces. En el Reino Unido, la proporción de hombres en edad productiva fuera de la fuerza laboral sólo ha cambiado del 6 por ciento al 8 por ciento durante este período. En Francia, ha pasado del 5 al 7 por ciento. Así es que, supuestamente, los rígidos mercados laborales franceses han hecho un mejor trabajo para mantener a los hombres en edad productiva en la fuerza laboral que los flexibles mercados estadounidenses. Además, las tasas de participación masculina han estado disminuyendo en EEUU desde un poco después de la Segunda Guerra Mundial.

Lo que ha estado ocurriendo en relación con la participación de las mujeres en edad productiva no es menos impactante. En EEUU, la tasa de participación femenina aumentó considerablemente hasta el año 2000, cuando se encontraba entre los líderes. EEUU es el único país del G7 que ha experimentado una disminución sostenida de la tasa de participación de mujeres en edad productiva desde entonces. Japón, el cual estaba muy rezagado en el pasado, se ha emparejado.

¿Qué podría explicar la medida en que los hombres y las mujeres en edad productiva se han estado retirando del mercado laboral estadounidense durante un largo período? Las comodidades de la ociosidad no pueden ser una explicación plausible debido a que EEUU tiene el sistema de bienestar social menos generoso de los países de ingresos elevados. Unos elevados salarios mínimos no pueden estar bloqueando la creación de empleos y, por lo tanto, persuadiendo a los trabajadores poco calificados a abandonar la búsqueda de empleo. De acuerdo con la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), los salarios mínimos estadounidenses estaban un 20 por ciento por debajo de los niveles de los del Reino Unido en términos reales en 2014 y aún más por debajo de los generosos niveles en Francia. Además, EEUU todavía tiene el mercado laboral menos regulado de la OCDE.

Entonces, ¿qué podría explicar las tendencias? En el caso de las mujeres en edad productiva, la ausencia de servicios de guardería asequibles pareciera ser una explicación plausible. La sociedad aparentemente ha decidido que no quiere pagar para mantener a las mujeres en la fuerza laboral.

Otra posible explicación es que la flexibilidad del mercado laboral les permite a los empleadores sustituir a los jóvenes y a los de edad avanzada con trabajadores en edad productiva. Los EEUU tienen unas tasas de participación de personas de entre 15 y 24 años relativamente altas. También ha experimentado un gran aumento en la tasa de participación de personas mayores de 65 años, la cual se ha elevado de un 13 por ciento en el año 2000 a un 19 por ciento en el 2014. Este último porcentaje coloca a EEUU sólo detrás de Japón en el G7. Los bajos salarios mínimos y los altos costes de transporte para los trabajadores que viven en las crecientes áreas urbanas estadounidenses también podrían hacer que el trabajo de bajos salarios no fuera rentable. Particularmente en el caso de los hombres, la cantidad de individuos con antecedentes penales creada por la encarcelación masiva también pudiera ayudar a explicar la dificultad de encontrar empleos y, por lo tanto, su salida de la fuerza laboral.

Por último, ¿es importante la disminución de la participación de los adultos en edad productiva? Sí, debe serlo: sí importa si un gran número de personas cree que no pueden ganar lo suficiente en el mercado laboral para mantener una familia; y sí importa si las madres pierden su conexión con el mercado laboral. El implacable descenso en la proporción de adultos estadounidenses en edad productiva en el mercado laboral indica una disfunción significativa. Merece atención y análisis. Pero también merece alguna acción.

 

America’s labour market is not working

11/04/2015 | Martin Wolf (Financial Times) – Financial Times English

In 2014, 12 per cent — close to one in eight — of US men between the ages of 25 and 54 were neither in work nor looking for it. This was very close to the Italian ratio and far higher than in other members of the group of seven leading high-income countries: in the UK, it was 8 per cent; in Germany and France 7 per cent; and in Japan a mere 4 per cent.

In the same year, the proportion of US prime-age women neither in work nor looking for it was 26 per cent, much the same as in Japan and less only than Italy’s. US labour market performance was strikingly poor for the men and women whose responsibilities should make earning a good income vital. So what is going on?

The debate in the US has focused on the post-crisis decline in participation rates for those over 16. These fell from 65.7 per cent at the start of 2009 to 62.8 per cent in July 2015. According to the Council of Economic Advisers, 1.6 percentage points of this decline was due to ageing and 0.3 percentage points due to (diminishing) cyclical effects. This leaves about a percentage point unexplained. Princeton’s Alan Krueger, former chairman of the council, argues that many of the long-term unemployed have given up looking for work. In this way, prolonged cyclical unemployment causes permanent shrinkage of the labour force.

Thus unemployment rates might fall for two opposite reasons: the welcome one would be that people find jobs; the unwelcome one would be that they abandon the search for them.

Happily, in the US, the former has outweighed the latter since the crisis. The overall unemployment rate (on an internationally comparable basis) has fallen by 5 percentage points since its 2009 peak of 10 per cent. In all, the proportion of the fall in the unemployment rate because of lower participation cannot be more than a quarter. Relative US unemployment performance has also been quite good: in September 2015 the rate was much the same as the UK’s, and a little above Germany’s and Japan’s, but far below the eurozone’s 10.8 per cent.

US cyclical unemployment performance has at least been decent by the standards of its peers, then. Yet as the 2015 Economic Report of the President notes, the UK experienced no decline in labour-force participation after the Great Recession, despite similar ageing trends to those in the US. Even on a cyclical basis, the decline in participation in the US is a concern. It is, however, the longer-term trends that must be most worrying. This is particularly true for the prime-aged adults.

Back in 1991, the proportion of US prime-age men who were neither in work nor looking for it was just 7 per cent. Thus the proportion of vanished would-be workers has risen by 5 percentage points since then. In the UK, the proportion of prime-aged men out of the labour force has risen only from 6 per cent to 8 per cent over this period. In France, it has gone from 5 to 7 per cent. So supposedly sclerotic French labour markets have done a better job of keeping prime-aged males in the labour force than flexible US ones. Moreover, male participation rates have been declining in the US since shortly after the second world war.

What has been happening to participation of prime-aged women is no less striking. In the US, female labour force participation rose strongly until 2000, when it was among the leaders. The US is the only G7 country to experience a sustained decline in the participation rate for prime-aged females since then. Japan, once far behind, has caught up.

What might explain the extent to which prime-aged men and women have been withdrawing from the labour market in the US over a long period? The comforts of idleness cannot be a plausible explanation since the US has the least generous welfare state among high-income countries. High minimum wages cannot be blocking job creation and so persuading low-skilled workers to abandon the search for jobs. According to the Organisation for Economic Co-operation and Development, US minimum wages were 20 per cent below UK levels in real terms in 2014 and far further below the generous levels in France. Moreover, the US still has the OECD’s least-regulated labour market.

So what might explain the trends? In the case of prime-aged women, the ab-sence of affordable childcare would seem a plausible explanation. Society has apparently decided it does not want to pay to keep women in the workforce.

Another possible explanation is that labour market flexibility allows employers to substitute the young and the old for prime-aged workers. The US has relatively high participation rates for people aged 15 to 24. It has also experienced a big rise in the participation rate for people over 65, from 13 per cent in 2000 to 19 per cent in 2014. The latter puts it behind only Japan in the G7. Low minimum wages and high transport costs for workers living in sprawling US conurbations might also make low-wage work unprofitable. Particularly in the case of men, the numbers with criminal records created by mass incarceration might also help explain the difficulty in finding jobs and so their withdrawal from the labour force.

Finally, does the declining participation of prime-aged adults matter? Yes, it must: it matters if many believe they cannot earn enough in the labour market to support a family; and it matters if mothers lose their connection to the labour market. The relentless decline in the proportion of prime-aged US adults in the labour market indicates a significant dysfunction. It deserves attention and analysis. But it also merits action.

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“FT” and “Financial Times” are trade marks of “The Financial Times Limited”.
Translation for Finanzas para Mortales with the authorization of “Financial Times”.
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