El negocio de la basura

Según un informe del Banco Mundial de 2016, la cantidad de basura que se genera en todo el mundo crece más rápido que la propia población. Si hace 10 años, cada habitante del planeta generaba una media de 0,64 kg de desechos diarios, actualmente la cifra ha aumentado hasta 1,2 kg (3 millones y medio de toneladas diarias) y se calcula que en 2025 llegue a 1,42 kg (6 millones de toneladas diarias, el doble).

Las cifras son mareantes pero si nos centramos en nuestro país, basta decir que anualmente cada español genera 460 kg de basura. En total, más de 21 millones de toneladas de residuos que los ayuntamientos están obligados a gestionar. El 60% de toda esa basura que generamos va directamente a las plantas de gestión de residuos donde se entierra (39%), se recicla (54%) o se incinera (7%). Baleares, Canarias, Andalucía, Asturias y Cataluña son las regiones que más basura generan, frente a La Rioja, Galicia, Aragón, la Comunidad Valenciana y Castilla-La Mancha que son las que menos.

Además de contaminación, olores, molestias y mala imagen, la basura genera otro problema mayor: la necesidad de espacio. La preocupación de la UE por el impacto medioambiental que generan los residuos urbanos ha sido, y es, un tema importante en la agenda comunitaria. En la Directiva 2008/98/CE del Parlamento Europeo y del Consejo de la UE, de noviembre de 2008, se estableció que para antes de 2020 la tasa de reciclado conjunta que han de alcanzar diversos materiales debe ser como mínimo del 50%.

Según el Instituto Nacional de Estadística (INE), cada año desde 2003, generamos menos basura: si en 2007 reciclábamos un 13%, una década después alcanzamos el 54%, un porcentaje alentador. Actualmente, utilizamos una gran cantidad de envases lo que, poco a poco, nos ha concienciado sobre la necesidad de reciclar, depositándolos en contenedores amarillos (plástico, latas, briks), azules (papel y cartón) y verdes (vidrio). Posteriormente, se recogen y se transportan a las plantas de reciclaje donde se convierten en nuevas materias primas que sirven para hacer nuevos productos. Ecoembes es la organización que, en España, se dedica a la recuperación de envases. Junto a las administraciones locales y autonómicas, cuenta con 572.739 contenedores amarillos y azules activos cuyo destino son las 60 plantas de selección de envases automatizadas, de las 95 existentes en toda España.

Pero el kit de la cuestión es ¿cuánto nos cuesta la gestión de la basura que generamos? Aunque las tasas varían hasta en un 75% dependiendo de los municipios, se calcula que el coste medio de recogida, transporte y vertido controlado está en torno a los 3-6 céntimos por kilo. Dado que generamos 460 kilos de basura por persona y año, estamos hablando de que cada español viene a pagar unos 20 euros de media al año. Sin embargo, las directivas de la UE en esta materia cada vez son más exigentes lo que implica la puesta en marcha de infraestructuras más modernas y eficaces que conllevan fuertes inversiones (barreras de vegetación para los vertederos, depuración de aguas residuales, recogida selectiva, reciclaje, contenedores especiales, operarios, …) por lo que es fácil deducir que el coste se incrementará paulatinamente.

Otra forma de pago es a través del Punto Verde que aparece en muchos de los productos que adquirimos para el hogar. El Punto Verde tiene un coste de 25 céntimos que paga el consumidor y se gestiona a través de los Sistemas Integrados de Gestión (Ecoembes y Ecovidrio) que aseguran que el envase será seleccionado y reciclado una vez que lo depositemos en la basura.

Algunos expertos analizan la posibilidad de establecer una tasa de basuras en función de los residuos que produzca cada hogar, algo difícil de calcular a través de la actual recogida en camiones. Pero el sector no para de investigar con el objetivo de ser más moderno y más eficiente. Desde hace años, la empresa ENVAC diseña e instala sistemas neumáticos de recogida automatizada de residuos urbanos desde los puntos de vertido hasta la central de recogida a través de una red subterránea de tuberías. Con ello, se evita el proceso de volcar la basura en los camiones, el mal olor y el ruido que la recogida tradicional produce en nuestras calles. Además, con la ayuda de la inteligencia artificial y el internet de las cosas, es posible saber cuánta basura genera cada hogar y, por lo tanto, pagar en función de la cantidad.

Ya se utiliza en varias ciudades inteligentes (smart cities) como la noruega de Bergen: cada ciudadano accede al contenedor para tirar sus bolsas de basura, identificándose en un sistema que registra la cantidad y el tipo de basura que ha tirado. El Ayuntamiento contrata los servicios de la empresa y dispone de aplicaciones online para recibir los datos, medir el volumen de residuos de cada hogar y facturar al ciudadano la tasa de basura según cuánta haya generado. El sistema está en proceso de pruebas en algunos ayuntamientos españoles como los madrileños de Majadahonda, Leganés y Alcobendas.

Además de fuertes inversiones, se necesita un cambio de mentalidad grande que no descarte el concepto de residuo cero que a día de hoy es una utopía. Mientras, se lucha por mejorar los sistemas y cambiar los hábitos de consumo de la población para evitar el despilfarro. Evidentemente, la gestión de la basura se encarecerá pero evitará problemas mayores.

Autora: Elvira Calvo (12 septiembre 2017)

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