El potencial de la City de Londres es una amenaza real para Wall Street

05/11/2013 | Tom Braithwaite – Financial Times Español

“Londres es un verdadero competidor para Nueva York”, dijo el alcalde saliente de Nueva York Michael Bloomberg este domingo – y no por primera vez.

Con sus políticas pro Wall Street bajo amenaza de su sucesor más liberal, el Sr. Bloomberg avisa que la otra capital de las finanzas globales podría ganarle terreno a su rival estadounidense.

“Hay que seguir manteniendo tu sociedad abierta y hay que seguir dando oportunidades”, dijo a la CNN.

Sólo la última semana, el Reino Unido acogió tres fenómenos financieros de los Estados Unidos que ahora se ven con escepticismo en este lado del Atlántico: el banco malo; las garantías de hipotecas; y una relación más cercana con JPMorgan. ¿Debería preocuparse Nueva York, o Londres?

De los tres fenómenos, el menos polémico fue la decisión de crear un “banco malo” interno en el Royal Bank of Scotland (RBS) adonde transferir los activos de la época de la crisis que obstaculizaron a su recuperación.

Citigroup hizo esto hace más de cuatro añosy ya ha vendido mucho de lo que tenía en su cartera y estos activos representan ya sólo el seis por ciento de su balance de situación y está cerca de ser rentable. La pregunta es por qué RBS tardó tanto. Citi pasó la misma crisis financiera, sufrió una experiencia cercana a la muerte parecida e incluso compartió algunos de los mismos activos tóxicos hipotecarios.

Con toda la preocupación previa a la decisión sobre RBS, Citi ha mostrado que la táctica no es un cambio de vida: no hay una fórmula mágica para hacer que los activos malos desaparezcan. La única esperanza es que el proceso fomente que el banco se deshaga de lo tóxico cuanto antes, mientras engaña a los inversores para que se centren solamente en la parte “buena” de la empresa.

Es difícil ver funcionar esta táctica en otros contextos. Imagina entrar en un sucursal de RBS o Citi a pedir un préstamo, haciendo hincapié en que has cambiado un montón de deuda en tarjetas de crédito a la parte “mala” de su cuenta de balance mientras pides al banquero que se centre sólo en la parte “buena”. Sin embargo, ayudó a Citi a enfatizar en que debajo de la basura había un negocio en funcionamiento.

En el segundo lugar, el R.U. ha introducido “Help to Buy” (ayuda para comprar)un programa gubernamental de garantías hipotecarias que se implantó por primera vez la semana pasada.

Entonces, a la vez que RBS adopta la solución de Citi para el problema de los valores respaldados por hipotecas, el R.U. también pone en marcha el sistema de los EE. UU. que ayudó a crear el problema en el primer lugar.

El gobierno estadounidense ha estado ayudando a la gente a comprarse una casa durante décadasa través de Fannie Mae y Freddie Mac, las instituciones que garantizan los préstamos hipotecarios frente al impago. Su papel hizo que la crisis se agudizara porque ayudó a la gente con poco fondos propios a comprar una casa que no podían permitirse, siendo todavía una herida abierta en los EE. UU. Pero el R.U. adopta este programa a la vez que surgen preocupaciones sobre una nueva burbuja inmobiliaria.

Una vez más, la elección del momento es un poco rara – eso sí, los EE. UU. se han quedado paralizados en la manera de sustituir a Fannie y Freddie durante cinco años, desde que casi quebraron en la crisis financiera.

A pesar del descontento general – en su mayoría por parte de los Republicanos – sobre los enormes rescates del gobierno en 2008, todavía no hay una propuesta concreta para cerrar Fannie y Freddie. Es fácil decir que el gobierno debe salir del mercado inmobiliario; pero es más difícil hacerlo cuando todavía apoya al 90 por ciento del mercado cuya recuperación es frágil.

Y el tercer fenómeno de los EE. UU. que ha cruzado el Atlántico es el de acoger a JPMorgan Chase. En los Estados Unidos, el consejero delegado del banco Jamie Dimon, está en negociaciones con el Departamento de Justicia para pagar una multa record de 13 mil millones de dólares para no ir a juicio por los cargos provenientes de la venta fraudulenta de valores hipotecarios. JPMorgan es sujeto de varias investigaciones, algunas de naturaleza criminal, por parte de múltiples autoridades judiciales.

Durante una reunión reciente entre algunos altos ejecutivos en la Casa Blanca, los participantes comentaron que Dimon era consciente del hecho de que había metido la patapor lo que dejó de ser tan combativo como siempre y se quedó sentado con cara de niño regañado en la esquina.

No obstante, la semana pasada Dimon fue agasajado por el Príncipe Andrés en Buckingham Palace, Boris Johnson, el alcalde de Londres, y George Osborne, el Ministro de Hacienda.

Sus anfitriones londinenses no precisaron que fuera tan humilde – pese al hecho de que los problemas con JPMorgan empezaron con el escándalo de trading “la ballena de Londres” y siguen con alegaciones desde la manipulación del mercado de commodities hasta la investigación sobre las malas prácticas de contratación en Asia.

“Los EE. UU. nos dieron JPMorgan, nosotros les dimos a Uds. Piers Morgan, y el Reino Unido salió ganando”, dijo el Sr. Johnson durante una cena, según una fuente de Político. Puede ser que sí. La amenaza a Wall Street sigue siendo la misma de siempre: el potencial de que la City de Londres sea más abierta, menos criticona y tenga un ambiente más optimista. No obstante, estos también son riesgos para Londres.

City of London´s potential is a real threat to Wall Street

11/05/2013 | Tom Braithwaite – Financial Times English

“London is a real competitor to New York,” said Michael Bloomberg, the outgoing New York mayor, on Sunday – and not for the first time.

With his pro-Wall Street policies under threat from a more leftwing successor, Mr Bloomberg has been warning that the other capital of global finance could seize more ground from its US rival.

“You´ve got to keep making your society open and you´ve got to keep providing opportunities,” he told CNN.

Just last week, the UK embraced three US financial phenomena that are now regarded with scepticism on this side of the Atlantic: bad banks; mortgage guarantees; and closer ties to JPMorgan. Should New York be worried? Or should London?

Of the three phenomena, the least controversial was the decision to create an internal “bad bank” at Royal Bank of Scotland (RBS) to house the crisis-era assets that stymied its recovery.

Citigroup did this more than four years agoand has since sold down the portfolio so that it represents only 6 per cent of the balance sheet and is close to profitability. The question is why it took RBS so long. Citi went through the same financial crisis, suffered from a similar near-death experience and even owned some of the same toxic mortgage assets.

For all the endless hand-wringing that preceded the RBS decision, Citi has shown that the move is not life changing: there is no magic way of making the bad assets vanish. The only hope is that the process encourages the bank to get rid of the bad stuff faster, while fooling investors into concentrating on only the “good” part of the business.

It is difficult to see this tactic working in other contexts. Imagine walking into a branch of RBS or Citi seeking a loan, pointing out that you have shifted a mountain of your existing credit card debt to the “bad” part of your balance sheet and asking the manager to focus on the “good” bit. But it did help Citi underscore that there was a functioning business buried under the trash.

Second, the UK has introduced “Help to Buy”a government mortgage guarantee scheme, used for the first time last week.

So, at the same time as RBS adopts Citi´s solution to the problem of bad mortgage securities, the UK is also adopting the US system that helped create the problem in the first place.

The US government has been helping people to buy houses for decadesthrough Fannie Mae and Freddie Mac, institutions that guarantee home loans against default. Their role in stoking the crisis by helping people with low deposits buy houses they could not afford is raw in the US. But the UK is adopting its scheme amid worries about a new housing bubble.

Again, the timing looks odd – but then the US has been paralysed by how to replace Fannie and Freddie for five years, ever since they came close to collapse in the financial crisis.

Despite the anger – mainly from Republicans – at their vast government bailouts in 2008, there is still no firm proposal to close down Fannie and Freddie. It is easy to say the government should pull back from housing; but harder to do so when it still supports 90 per cent of the market during a fragile recovery.

And the third of the US phenomena to cross the Atlantic is embracing JPMorgan Chase. In the US, Jamie Dimon, chief executive of the bank, is in negotiations with the Department of Justice to pay a record $13bn penalty to settle allegations it mis-sold mortgage securities. JPMorgan is the subject of multiple investigations by different law enforcement agencies, some of them criminal in nature.

At a recent meeting of chief executives at the White House, participants said Mr Dimon was sensitive to the fact he was in the doghouseabandoning his customary combativeness and sitting meekly in the corner.

But, last week, Mr Dimon was feted by Prince Andrew at Buckingham Palace, by Boris Johnson, the London mayor, and by George Osborne, the UK chancellor.

His London hosts required no such bashfulness – despite the fact that JPMorgan´s troubles began with the “London whale” trading debacle and now range from allegations of manipulating commodities markets to investigations into hiring practices in Asia.

“The US gave us JPMorgan, we gave you Piers Morgan, and the UK got the better deal,” Mr Johnson said at a dinner, according to Politico. Well, perhaps. The real threat to Wall Street is the same as it ever was: the potential that the City of London is more open, less judgmental, with a climate of sunny optimism. But that´s the risk for London, too.

Copyright &copy “The Financial Times Limited“.
“FT” and “Financial Times” are trade marks of “The Financial Times Limited”.
Translation for Finanzas para Mortales with the authorization of “Financial Times”.
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