Fintech y banca tradicional: condenados a entenderse

Ya nos hemos familiarizado con el término “fintech” aplicado tanto a servicios como a productos financieros que utilizan la tecnología para su implantación y desarrollo. El objetivo busca eficacia e innovación y supone una auténtica revolución en la banca tradicional con la irrupción del big data, las plataformas de pago o el blockchain como impulsores de nuevos modelos de negocio. Pero si en un principio, ambos sectores parecieron entenderse, lo cierto es que han tomado caminos diferentes.

El ritmo de inversión en el desarrollo del sector fintech crece vertiginosamente desde 2008 cuando se inició el fenómeno en Estados Unidos. En Asia, la actividad se centra en Singapur mientras que en Europa, el centro neurálgico se sitúa en Londres.

Siguiendo la tendencia mundial, en España el sector fintech se consolida a buen ritmo. Ya operan casi 300 nuevas empresas financieras/tecnológicas, un 53% más que hace un año, que dan trabajo a cerca de 5.000 personas, según el informe del Observatorio fintech 2018 realizado por la consultora Finnovating. Esta prosperidad del sector en España (el país con mayor número de fintech por habitante) busca ya su expansión en Latinoamérica (México, Brasil, Argentina, Chile, Uruguay o Perú) como puente con Europa, según la Asociación Española de fintech e Insurtech (AEFI) que el pasado mes de mayo organizó en Madrid la II Cumbre de la Alianza Fintech IberoAmérica.

AEFI lleva trabajando en un libro blanco que regule el sector desde 2016, labor que se ha visto acrecentada con la intervención del Ministerio de Economía y la CNMV que actualmente elaboran un marco de actuación con regulación especial que permita el desarrollo de operaciones e innovaciones de las fintech sin estar bajo la normativa de la banca tradicional. Para ello, se ha creado un campo de pruebas (sandbox en terminología anglosajona) con una regulación especial donde las empresas pueden hacer pruebas de nuevos proyectos tecnológicos financieros sin ser sancionadas por la legislación vigente. El objetivo es estimular e impulsar el sector, fomentar la competencia en el sector financiero y terminar por desarrollar, posteriormente, un marco legislativo basado en esas experiencias.

El referente en Europa es, sin duda, Reino Unido, el primer país en concienciarse de las limitaciones legales del nuevo sector a la hora de poner en marcha proyectos de innovación y desarrollo. Desde 2015, el país permitió el desarrollo de varias iniciativas fintech al margen de la rigidez de la legislación financiera, obteniendo soluciones rápidas e innovadoras.

¿Y qué papel juega aquí la banca tradicional? Los bancos han visto como el sector fintech copa algunos segmentos de negocio que antes eran exclusivos de las entidades financieras como, por ejemplo, los medios de pago. Temen la competencia a otros niveles y por ello reclaman igualdad de condiciones. Consideran que parte del éxito de las fintech se debe a la ausencia de regulación y no tanto a sus modelos de negocio o sus capacidades tecnológicas.

Las entidades financieras no quieren quedarse atrás y por eso demandan las mismas reglas para todos. Así lo hicieron en la última reunión del Instituto de finanzas Internacionales (IIF), el mayor lobby bancario del mundo, celebrada en Bruselas el pasado 23 de mayo. Competencia, sí, pero justa, con reglas -sobre ciberseguridad, cloud, privacidad de datos e inteligencia artificial- comunes para bancos tradicionales y para los nuevos agentes financiero tecnológicos.

Transformación digital, sí, pero para todos.

Autora: Elvira Calvo (20 junio 2018)

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