La próxima gran innovación de Facebook: la optimización del sueño

30/05/2018 | Robert Shrimsley (Financial Times)

Cuanto más pasa el tiempo, más me pregunto si el sueño es para los débiles. No parecía ser así cuando era más joven, y todavía creo que podría ser importante. Pero cuando consideramos todas las alternativas interesantes que los tecnólogos han inventado para nosotros, nos tenemos que preguntar si no es hora de ”despertarnos” con respecto al sueño.

En particular, me estoy empezando a preguntar en qué momento los gigantes de la tecnologíaque nos han ido entrenando lentamente a adoptar nuevos patrones de comportamientovan a interrumpir los patrones del tiempo analógico.

Meditemos sobre los hechos. Ya han hecho todo el trabajo duro, enseñándonos a permanecer en línea mucho más tiempo de que un ser sensato hubiera apagado todo. Pero todavía no han abordado el tema de la eficiencia del sueño, lo cual permitiría una conexión aún mayor.

La tecnología nos ha dado grandes avances de productividad, y aun así todavía no podemos dormir siete horas en menos de siete horas. Otras tantas otras cosas se han vuelto más rápidas y eficientes, sin embargo, el sueño sigue requiriendo tanto tiempo como siempre. ¿Dónde está Elon Musk cuando lo necesitas? Cualquier tonto puede construir un tren más rápido. La optimización del sueño, ésa es la próxima gran innovación. Podríamos llamarla la ciencia de la “dormeficiencia”, o tal vez “dormántica”.

Pero no sólo se trata de eficiencia. El sueño no es útil para ninguna organización comercial, aparte de para los fabricantes de colchones y dispositivos antirronquidos. Nuestras horas de descanso son un desierto de productividad. Es sorprendente que Mark Zuckerberg incluso permita este nivel de sueño. Es un periodo de seis a ocho horas todos los días cuando las personas no usan Facebook, WhatsApp o Instagram. Él habla de querer conectar al mundo, pero los usuarios están fuera de la red durante hasta ocho horas diarias.

La próxima frontera puede ser “Facebook Dreamstate”, que te mantiene conectado incluso cuando piensas que estás desconectado. ¿Por qué desperdiciar esas palabras de sabiduría pronunciadas mientras duermes? Deja que Facebook las grabe y las publique. Actualiza tu configuración para que Facebook te despierte con cualquier noticia importante o te recuerde más rápidamente sobre tus recuerdos de hace cuatro años, que tanto te importan.

¿Y por qué deben esperar tus amigos hasta mañana para recibir una respuesta sólo porque te dormiste antes que ellos? Piensa en todas esas charlas de grupo sin ti. Éstas son serias ineficiencias sociales. Pero no tiene por qué ser puramente social. LinkedIn podría lanzar la red nocturna; el código de vestimenta sería medianoche casual.

Esto puede parecer frívolo, pero la optimización del sueño ahora parece ser la única solución. Deja a un lado las crecientes presiones que la conectividad ha impuesto sobre los trabajadores adultos, y considera cómo la tecnología ha formado a nuestros hijos. Han aprendido a existir en un estado de conexión constante. Sólo forzar a los jóvenes a apagar sus teléfonos a la hora de comer es una batalla y probablemente no sea propicio para charlas agradables a la hora del almuerzo. Y es una maravilla si se desconectan durante la noche.

Hace unos años, cuando era un niño, no había mucho que hacer en casa después de las 9.30 p.m. Sólo había una televisión, estaba en el salón y en realidad no había nada que valiera la pena ver. El teléfono estaba abajo o en la habitación de tus padres, por lo que no podrías pasar horas hablando con tus amigos. Básicamente, podías leer un libro, escuchar a tu DJ favorito en la radio o irte a dormir. Ahora las posibilidades son infinitas; en realidad no sé cómo logramos que nuestros hijos se desconecten. Además de todos los vídeos y juegos, pueden pasar toda la noche charlando con amigos en diferentes zonas horarias. Una adolescente nunca quiere ser la primera en abandonar un chat grupal.

Ahora nos enfrentamos al equivalente digital de la Ley de Parkinson, en que las redes sociales se expanden para llenar el tiempo disponible. Es demasiado fácil tomar tu teléfono y echar un vistazo instintivo a través de Twitter o Facebook, incluso cuando se supone que estás en medio de una conversación. Parece que no hay una caminata demasiado corta que no pueda acabar sin enviar un mensaje. Ninguna experiencia en un restaurante es completa sin ver una docena de cabezas en mesas cercanas mirando hacia abajo al escuchar un sonido de alerta de mensaje.

Simplemente no hay suficientes horas en el día para hacer todas las cosas innecesarias a las que nos hemos acostumbrado. El sueño obstaculiza toda esta actividad superflua. Sólo el sueño optimizado puede salvarnos.

Why tech titans should disrupt sleep next

30/05/2018 | Robert Shrimsley (Financial Times)

Increasingly, I’m starting to wonder if sleep is for wimps. It didn’t seem to be when I was younger, and it still feels like something that might be important, but when you consider all the exciting alternatives technologists have invented for us, you have to ask if it is not time we got more woke about sleep.

In particular, I am beginning to question when all the tech titans who are slowly training us in new patterns of behaviour are going to disrupt the, frankly, analogue time patterns.

Think about it. They have done all the hard work, teaching us to stay online long after a sensible being would have switched everything off, but they have yet to deliver on the sleep efficiency that would allow greater connectedness.

All those productivity gains that technology has brought us, and yet you still can’t get seven hours’ sleep in less than seven hours. So much else has got faster and more efficient, yet sleep remains as time-consuming as ever. Where’s Elon Musk when you need him? Any fool can build a faster train. Sleep optimisation, that’s the next big thingthe science of Narcofficiency, or maybe Dormantics.

And this is not just about efficiency. Sleep is no use to any commercial organisation apart from the makers of mattresses and anti-snoring devices. Our resting hours are a productivity desert. It’s amazing that Mark Zuckerberg is even permitting this level of slumber. This is six to eight hours every day when people are not using Facebook, WhatsApp or Instagram. He talks about wanting to connect the world but users are dropping off the grid for up to eight hours daily.

This must be the next frontier: Facebook Dreamstate keeps you connected even when you think you are offline. Why waste those words of wisdom uttered in your sleep? Let Facebook record and pump them out. Update your settings so Facebook can wake you with any big news or remind you more expeditiously of your memories from four years ago, about which it cares so much.

And why should your friends have to wait till tomorrow for a reply just because you went to bed before them? Think about all those group chats going on without you. These are serious social inefficiencies. But it need not be purely social. LinkedIn could launch the Night Network; dress code — midnight casual.

This may seem flippant but sleep optimisation now looks like the only solution. Leave aside the pressures increased connectivity has placed on adult workers, and consider how our children are being trained by tech. They are being taught to exist in a state of constant connectedness. Just forcing the spawn to turn off their phones at mealtimes is a battle and is probably not conducive to leisurely lunchtime chats. As for the evenings, it’s a wonder they ever switch off.

In the old days, when I were a nipper, there was nothing much to do at home after 9.30pm. There was only one TV, it was in the lounge and there wasn’t anything worth watching anyway. The telephone was downstairs or in your parents’ bedroom, so you couldn’t spend hours gassing with your mates. Basically, you could read a book, listen to John Peel or go to sleep. Now the possibilities are endless; I don’t know how we ever get the children to give it a rest. Aside from all the videos and games, they can spend the entire night chatting with friends in different Tube zones. A teenage girl does not want to be the first to leave a group chat.

We now face the digital equivalent of Parkinson’s Law, in which social media expands to fill the time available. It’s just so easy to pick up one’s phone and reflexively flick through Twitter or Facebook even as you are meant to be having a conversation. There is, it seems, no walk so short that it can be concluded without sending a message or text. No restaurant experience is complete without the sight of a dozen heads looking down at the sound of a nearby ping.

There simply aren’t enough hours in the day to do all the unnecessary things we have got used to doing. Sleep is getting in the way of all this inessential activity. Only optimised slumber can save us.

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