Las tendencias del Fondo Noruego de Pensiones

¿Qué tiene que ver la producción de petróleo con las pensiones que se cobran en un país? Quizá hayas leído alguna noticia sobre el Fondo Noruego de Pensiones y, aunque sin entenderlo del todo, seguro que has sentido cierta envidia. Vamos a tratar de explicar por qué.

Noruega es famoso por sus fiordos y su salmón pero muchos desconocen que también es un gran productor de petróleo, un sector vital de su economía que controla el Gobierno a través de la empresa Statoil y que supone el 35% total de sus exportaciones. Solo Arabia Saudita y Rusia exportan más petróleo que Noruega.

Gracias a estos ingresos, el país escandinavo -que apenas supera los cinco millones de habitantes- goza de una economía envidiable y de una calidad de vida de las más altas del mundo lo que le convierten en el paradigma del estado de bienestar. Los beneficios del petróleo noruego permitieron un superávit presupuestario con el que, en 1990, se creó el Fondo de Pensiones del Gobierno de Noruega, una hucha en la que se ha ido guardando todo el excedente de riqueza producida por el petróleo. El objetivo: ahorrar para los tiempos de vacas flacas, invertir para obtener beneficios y contrarrestar posibles efectos adversos de la economía mundial (en España, y salvando las distancias, tenemos la Hucha de las Pensiones o Fondo de Reserva de la Seguridad Social).

Gestionado por el Banco Central de Noruega, el Fondo Estatal o Soberano Noruego se convirtió en 2007 en el mayor fondo de pensiones de Europa y el cuarto más grande del mundo. Hoy ocupa el primer puesto en el ranking mundial de fondos estatales de inversión y se encuentra en su periodo máximo, gestionando activos por valor de 870.000 millones de euros e invirtiendo en mercados internacionales de 77 países (en deuda soberana de otros estados y en casi 9.000 empresas de todo el mundo, salvo en aquéllas dedicadas a material bélico).

Solo con sus inversiones de 2016 consiguió unos beneficios de 50.000 millones de euros, lo que supuso una revalorización del casi 7%. Ese año fue la primera vez que el Gobierno Noruego tuvo que acudir a él para equilibrar las cuentas públicas, perjudicadas por el desplome del precio del petróleo. Los bajos tipos de interés y la fortaleza de la renta variable permitieron que el Fondo elevara el porcentaje de inversión en bolsa por encima del 60%, mientras que la inversión en renta fija se redujo al 34,3%. El 3,2% restante se concentró en activos inmobiliarios. Por áreas geográficas, el fondo invierte un 42% en Estados Unidos, un 36% en Europa; un 18% en Asia y Oceanía, y el resto en mercados emergentes.

El Fondo Soberano Noruego es una referencia en los mercados financieros internacionales que analizan con lupa cada uno de sus pasos. Reciente es su desembarco en Asia donde acaba de adquirir oficinas y superficies comerciales en Tokio y Singapur. Actualmente, analiza una propuesta de desinversión en empresas de gas y petróleo, lo que representa el 6% de su cartera. La paradójica propuesta tiene que ver con el futuro del sector de los combustibles fósiles en el marco del mercado financiero general y afectaría a las inversiones que actualmente tiene en empresas de hidrocarburos como Shell, ExxonMobil, Chrevron, BP o Total. Es como si Tabacalera decidiera invertir en cigarrillos electrónicos o en botellas de oxígeno medicinal.

Algunos expertos han visto en esta medida un cambio de tendencia asociado a los riesgos financieros que pueden traer los activos de gas y petróleo como fuentes de energía agotables y, por lo tanto, sin futuro a largo plazo. Si la propuesta se llevara a cabo, podría darse un claro efecto de contagio que llevara a la desinversión en el sector energético mundial por parte de otros fondos, lo que provocaría, sin duda, un importante desequilibrio en el mercado de los hidrocarburos. La decisión requiere, como ya ha señalado el propio Gobierno Noruego, de una evaluación profunda antes de ser aprobada por los poderes Ejecutivo y Legislativo del país.

En cualquier caso, el Fondo Soberano no dará puntada sin hilo. Su éxito es un claro ejemplo de excelente gestión (pública), la de un país rico en recursos naturales y fuerte intervención estatal, en el que los impuestos alcanzan el 40% de los salarios y donde se dan los niveles más bajos de desempleo, desigualdad y corrupción. Un país que caza ballenas y con tan alto nivel de vida que no le compensa estar en la Unión Europea. Sin olvidar, por supuesto, su espectacular arquitectura paisajística y el excelente salmón que se cría en sus frías y cristalinas aguas.

Autor: Elvira Calvo (7 febrero 2018)

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