Los ataques de París destacan la necesidad de terminar con la locura de una Europa sin fronteras

23/11/2015 | Wolfgang Münchau (Financial Times) – Financial Times Español

Una de las consecuencias inevitables del ataque terrorista a París es que Francia necesitará gastar más en seguridad, especialmente en inteligencia, al igual que la mayoría de los estados miembros del espacio Schengen.

Schengen es el término que se refiere a la zona libre en la que se puede viajar sin pasaporte, conformada por 26 países europeos, incluyendo 22 estados de la Unión Europea. La semana pasada quedó claro que la red de seguridad que supuestamente opera en silencio y eficientemente a la sombra de Schengen no está funcionando. La muerte de Abdelhamid Abaaoud durante una redada policial en el suburbio parisino de Saint-Denis fue un gran éxito a cierto nivel. La policía atrapó al terrorista quien se sospecha de haber coordinado éste y otros ataques. En otro nivel, su muerte fue también un duro golpe. ¿Qué podemos deducir de Schengen si uno de los criminales más buscados del mundo fue capaz de desplazarse libremente entre Siria, Francia y Bélgica? Supuestamente esto no era posible.

En principio hay dos arreglos: Reparar Schengen o regresar a los sistemas nacionales. Los dos funcionan. Lo primero sería económicamente eficiente pero difícil de lograr políticamente. Lo segundo es políticamente más fácil de lograr, pero constituiría un gasto de escala macroeconómica para muchos países.

La reparación de Schengen tendría que ir más allá de la poco ambiciosa agenda de los ministros de justicia y del interior, que se reunieron el pasado viernes para considerar algunas propuestas prácticas. El problema con Schengen es que en unas pocas semanas ha perdido su activo más grande: la confianza de la población. El presidente François Hollande claramente ya no confía en el sistema. ¿Por qué habría reimpuesto los controles fronterizos si no es así?

Para que Schengen recupere la confianza, el control de la frontera común exterior tendría que estar a la altura de los mejores estados miembros, no en el mediocre nivel promedio de la UE. La UE maneja una agencia, Frontex, basada en Varsovia, encargada de coordinar la política y mantener los estándares. Pero, crucialmente, en el espacio de Schengen cada país es responsable de mantener sus propios controles en las fronteras externas. La frontera exterior de Grecia, por ejemplo, es también parte de las fronteras comunes exteriores del espacio Schengen.

Frontex no tiene los recursos para ni siquiera hacer su limitado trabajo correctamente, mucho menos para actuar como una unidad de control a nivel federal, que es lo que se necesita realmente. EEUU tiene el Servicio de Ciudadanía e Inmigración de EEUU — que forma parte del Departamento de Seguridad Interna — y la Guardia Costera de EEUU, que es una rama de las fuerzas armadas. En Europa dependemos de funcionarios civiles informándose entre si. O no, como resultó.

La UE intentará remendar Schengen, pero no lo arreglará. ¿Suena familiar? Cuando la crisis de la eurozona comenzó, unas cuantas valientes medidas que pudieron haber arreglado la situación. Pero no había una mayoría política para encontrar una solución a nivel federal para la crisis bancaria y la crisis de la deuda soberana. ¿Por qué los líderes de la UE harían ahora lo correcto para Schengen cuando no lo hicieron para la eurozona?

La alternativa sería permitir que Schengen se marchite, regresar a los sistemas nacionales e implementar los cambios necesarios en casa. Eso es lo que creo que va a suceder. No es una mala opción. Funcionará porque los estados miembros todavía tienen su infraestructura de base en su lugar. Es por supuesto, terriblemente ineficiente que 26 países operen sus propias redes de inteligencia y controlen sus fronteras internas. La longitud de las fronteras alrededor de Francia y Alemania es cerca de 3.000 km cada una. La frontera terrestre exterior del espacio Schengen es de solamente 8.800 km. Si Humpty Dumpty se cae, habrá muchos pedazos y muchos bordes salientes. Las fronteras interiores regresarían.

Antes de los ataques, las fronteras interiores eran casi invisibles. En el tren de Bruselas a París, tenías dificultad para notar el cambio de países. En la carretera, un solitario poste fronterizo sería el único recordatorio de que ahí hubo una frontera, seguido de un letrero con el nombre del país, dentro de un círculo con las doce estrellas de la UE.

Schengen logró que el distrito de Molenbeek en Bruselas y Saint-Denis al norte de París fueran vecindarios adyacentes. Los terroristas vivían la vida de viajeros suburbanos, viviendo en Bruselas y trabajando en París.

Puesto que no vamos a reparar Schengen, regresemos a los controles fronterizos nacionales. Va a ser muy caro, en especial para Francia, que todavía debe construir un servicio de seguridad doméstica plenamente funcional.

El coste será de una magnitud enorme, capaz de descarrilar cualquier presupuesto y provocará la ira de los exageradamente cautelosos contadores de la eurozona. Francia debería invocar, aunque sea unilateralmente, la cláusula de circunstancia excepcional bajo las normas presupuestarias europeas.

El objetivo primordial debe ser el de preservar uno de los más importantes bienes comunes que la UE puede proporcionar para sus ciudadanos: un nivel moderno y profesional de seguridad interna. Schengen no puede entregar esto. Pero los estados miembros todavía lo pueden lograr y se les debería permitir hacerlo.

 

Paris attacks highlight need to end the folly of a borderless Europe

11/23/2015 | Wolfgang Münchau (Financial Times) – Financial Times English

One of the inevitable consequences of the Paris terrorist attacks is that France will need to spend more on security, especially on intelligence. So will most member states of the Schengen area.

Schengen is the name for the passport-free travel zone made up of 26 European countries, including 22 EU states. Last week it became clear the security network that supposedly operates quietly and efficiently in the background of Schengen is not working. The death of Abdelhamid Abaaoud during a police raid on the Paris suburb of Saint-Denis was at one level a big success. The police got the suspected terrorist who co-ordinated this and other attacks. On another level his death was also a nasty shock. What does it say about Schengen if one of the world’s most wanted criminals was able to move freely between Syria, France and Belgium? That was not supposed to be possible.

There are, in principle, two fixes. Repair Schengen; or revert to national systems. Both work. The first would be economically efficient but is politically hard to do. The second is politically easier to do, but would constitute a spending shock of macroeconomic scale for many countries.

The repair of Schengen would have to go beyond the unambitious agenda of justice and interior ministers, who met last Friday to consider a few practical proposals. The problem with Schengen is that within a few weeks it has lost its biggest asset — the trust of the population. President François Hollande clearly did not trust the system. Why else has he reimposed border controls?

For Schengen to regain trust, the control of the common external border would have to be of the standard of the very best of the member states, not at some fudged EU average level. The EU runs an agency, Frontex, based in Warsaw, tasked with co-ordinating policy and maintaining standards. But crucially, in the Schengen area every country is responsible for maintaining its own external border controls. The external border of Greece, for example, is also part of the Schengen area’s common external borders as well.

Frontex does not have the resources even to do its limited job properly, let alone to act as a federal-level border control unit, which is what is really needed. America has the US Citizenship and Immigration Services, which are part of the Department of Homeland Security, and the US Coast Guard, which is a branch of the armed forces. In Europe, we rely on civil servants passing information to each other. Or not — as it turned out.

The EU will tinker with Schengen, but not fix it. Sound familiar? When the eurozone crisis started, a few bold measures would have fixed it. But there was no political majority for a federal-level solution to the banking and sovereign debt crises. Why would EU leaders do the right thing for Schengen, when they failed to do it for the eurozone?

The alternative would be to allow Schengen to wither away, to revert to national systems, and implement the necessary changes at home. This is what I expect will happen. It is not a bad option. It will work because member states have their base infrastructure still in place. It is, of course, terribly inefficient for 26 countries to operate their own intelligence networks, and to police their internal borders. The length of the borders around France and Germany alone is about 3,000km each. The external land border of the whole Schengen area is only 8,800km. If Humpty-Dumpty falls apart, there will be lot of bits and pieces, and lots of protruding edges. The internal borders would return.

Before the attacks, they were almost invisible. On the train from Brussels to Paris, you would be hard pressed to notice when you changed countries. On the motorway, a derelict frontier post would have reminded you that there was once a border, followed by a country sign encircled by the twelve EU stars.

Schengen turned the Molenbeek district of Brussels and Saint Denis in northern Paris into adjacent neighbourhoods. The terrorists led the life of commuters, living in Brussels and working in Paris.

Since we are not going to fix Schengen, let us return to national border controls. It will be very expensive, especially for France, which has yet to build up a fully functional domestic security service.

It will be of an order of magnitude to derail any budget plan and will rouse the ire of eurozone bean counters. France should invoke, unilaterally if need be, the clause of an exceptional circumstance under European budget rules.

The overriding goal has to be to preserve one of the most important common goods the EU can provide to its citizens: a modern and professional level of internal security. Schengen cannot deliver this. But the member states still can, and should be allowed to do this.

Copyright &copy “The Financial Times Limited“.
“FT” and “Financial Times” are trade marks of “The Financial Times Limited”.
Translation for Finanzas para Mortales with the authorization of “Financial Times”.
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