Los estadounidenses están por delante de los europeos en el pago de sus deudas

10/05/2013 | Gillian Tett – Financial Times Español

Hace seis años, ocasionalmente aparecía un toque de schadenfreude (ese sentimiento de alegría al ver al vecino sufrir una desgracia) cuando los legisladores europeos discutían la deuda de los EE. UU. En lo más intenso de la burbuja crediticia, los hogares de los EE. UU. estaban al máximo de deudas; tanto así que incluso niños – y perros – eran asediados con ofertas de tarjetas de crédito. Los europeos, al contrario, parecían menos inclinados a endeudarse. De ahí el hecho de señalar con el dedo cuando la crisis de las hipotecas sub-prime de los EE. UU. salió a la luz.

Pero un cambio notable está llevándose a cabo. A finales de abril, el Fondo Monetario Internacional (FMI) publicó su informe “Perspectivas de la Economía Mundial”, en el que aparecía (en la página 6) un pequeño cuadro que muestra que la deuda de los hogares de EE. UU., en proporción a sus ingresos, ha disminuido de un 130 por ciento en 2007 hasta un 105 por ciento a finales de 2012.

En el mismo periodo, la deuda de los hogares de la eurozona ha aumentado desde un 100 por ciento hasta casi el 110 por ciento. Históricamente, los europeos han mantenido un ratio de deuda más bajo que los estadounidenses, ahora los ratios se han invertido. Es un gran contraste con el patrón del año 2000, cuando el ratio era de solo el 80 por ciento en la eurozona – y del 90 por ciento en los EE. UU.

¿Qué conclusiones podemos sacar de esto? Los optimistas recibirán con alegría la prueba tangible de que puede ocurrir el desapalancamiento, en ocasiones en una dimensión sorprendente. Un reciente informe del Banco de la Reserva Federal de Nueva York (BRFNY) muestra que, desde 2008, la deuda de los hogares de los EE. UU. ha disminuido en casi un billón de dólares, de un total anterior de 12, 5 billones de dólares.

Esta reducción no ha sido uniforme: los préstamos a estudiantes, por ejemplo, continúan aumentando. Sin embargo, la deuda de las tarjetas de crédito está en el mínimo de los últimos 10 años, con 120 millones de tarjetas de crédito menos en circulación que hace cinco años.

Es incierto todavía si este desapalancamiento continuará; de hecho, no todos están de acuerdo en el origen de este hecho. Algunos creen (o desean creer) que esto refleja un importante cambio cultural, significando que los hogares se han vuelto más prudentes y proclives a ahorrar; otros creen que esta disminución es involuntaria, ya que los bancos han limitado las líneas de crédito y desahuciado a los morosos.

El BRFNY menciona que “la disminución en las deudas de los consumidores – estaba – temporalmente en correlación con el rápido incremento de las tasas de desempleo durante la segunda mitad de 2008”, lo que sugiere que los hogares eligieron “incrementar sus ahorros o incrementar su línea de crédito disponible para asegurarse un flujo de efectivo en caso de la pérdida de empleo”.

Si es así, esto puede significar que los consumidores seguirán evitando endeudarse mientras el desempleo se mantenga en tasas altas; y de hecho, los datos de esta semana sugieren que el uso de las tarjetas de crédito ha disminuido en las últimas semanas, después de haber aumentado a finales del año pasado.

Dice el BRFNY que, si los consumidores han saldado sus deudas, entonces serán más proclives a pedir un préstamo – si los bancos empiezan a prestar. “La duda es si, a la luz de las recientes mejoras en la disponibilidad de créditos, hasta dónde llegará la reducción voluntaria de las deudas antes de que los consumidores comiencen a gastar de nuevo”. De cualquier manera, el saldo de los hogares es más saludable ahora que hace cinco años; se ha ganado cierta mejora post crisis.

Pero en este cuadro del FMI hay otro dato, más pesimista: esta mejora desgraciadamente no ha ocurrido en Europa. A principios de esta semana el economista en jefe del Citigroup, Willem Buiter, señaló que los bancos y los gobiernos de la eurozona no se han desapalancado realmente todavía y pidió un restructuración de la deuda más radical además de una recapitalización bancaria. Sin embargo, los datos del FMI muestran que esto también aplica a los hogares de la eurozona.

Es cierto que el cuadro del FMI es parcialmente sesgado por el agudo descenso en el crecimiento y en los ingresos. El promedio de la eurozona incluye grandes diferencias regionales: los consumidores alemanes no están muy endeudados, mientras que los hogares españoles, griegos e irlandeses tienen mucha más deuda. El punto clave es este: la amplia suspensión de pagos y condonación de deudas que han ocurrido en los EE. UU. no se han visto replicados en la misma escala en Europa. Lo dice el Sr. Buiter, esto refleja parcialmente la subcapitalización de los bancos: que al no tener la capacidad de asumir pérdidas renuevan continuamente los préstamos. Como sucedió hace 15 años en Japón, el resultado son acreedores y deudores en calidad de zombis.

Nada de esto debería tentar a los estadounidenses para que se regodearan en el schadenfreude. Después de todo, el proceso de desapalancamiento de los EE. UU. ha sido frecuente y lamentablemente engorroso, lleno de escándalos por las ejecuciones hipotecarias. Y, de manera notoria, el gobierno de los EE. UU. no ha disminuido todavía sus niveles de deuda. De cualquier manera, algunos economistas pueden argumentar que “tan solo” 11,6 millones de millones de dólares de deuda ya es demasiado.

Pero si hay una lección clave que se puede sacar del cuadro del FMI es que la acción de los gobiernos puede dar resultados; o por lo menos, que recapitalizar los bancos puede hacer que el sistema, de manera lenta y engorrosa, limpie alguno de los excesos de la burbuja. Los políticos europeos deberían tomar nota; y, si actúan, ver una razón de largo plazo para la recuperación.

Americans are now ahead in paying down their debts

05/10/2013 | Gillian Tett – Financial Times English

Six years ago, a touch of schadenfreude would sometimes appear when European policy makers discussed American debt. For during the heady credit bubble, American households were drowning in loans; so much so that even children – and dogs – were being inadvertently offered credit cards. Europeans, by contrast, seemed less addicted to loans. Hence the sense of finger-pointing when America’s subprime woes came to light.

But a remarkable change is under way. Late last month, the International Monetary Fund published its World Economic Outlook, in which a tiny chart (on page 5) shows that American household debt, as a proportion of income, declined from 130 per cent in 2007 to 105 per cent at the end of 2012.

In the same period, eurozone household debt has risen from 100 per cent to almost 110 per cent. Historically, Europeans always had a lower debt ratio than Americans, but those two lines have now crossed. It is a stark contrast to the pattern in 2000, say, when the ratio was only 80 per cent in the eurozone – and 90 per cent in America.

What should we make of this? Optimists might welcome the proof that tangible deleveraging can occur, sometimes on a striking scale. A recent report* from the New York Federal Reserve Bank shows that, since 2008, US household debt has dropped by almost $1tn, from $12.5tn.

This decline has not been uniform: student borrowing, for example, has continued to swell. However, gross credit card debt is now at a 10-year low, with 120m fewer credit cards in circulation than five years ago.

Whether this deleveraging will continue is unclear; indeed, there is some dispute about why it has occurred at all. Some observers think (or hope) that it reflects a bigger cultural shift, as households have become more prudent and willing to save; others argue that the decline was involuntary, since banks have cut credit lines and tossed people out of houses.

The NYFRB observes that “the decline in consumer debt [was] temporally correlated with the very rapid rise in unemployment rates in the second half of 2008”, suggesting households chose “to build their precautionary savings or increase their available credit to insure cash flows against job loss”.

If so, that may mean consumers will remain debt averse while unemployment stays high; and indeed, data earlier this week suggested that credit card usage has slowed in recent weeks, after rising late last year.

There again, if consumers have paid down debt, they may be more likely to borrow – if banks start to lend. “The question remains, in light of recent improvements in credit availability, how much further voluntary debt reduction will go before consumers begin to spend again,” says the NYFRB. Either way, those household balance sheets are healthier than five years ago; some post-bubble healing has occurred.

But there is another, more pessimistic, side to that IMF chart too: this healing has notably not occurred in Europe. Earlier this week Willem Buiter, Citigroup chief economist, pointed out that eurozone banks and governments have not really deleveraged yet and called for radical debt restructuring and bank recapitalisation. However, the IMF data show this point applies to eurozone households too.

It is true that the IMF chart is partly skewed by the wider decline in growth and income. And the eurozone average conceals some big regional differences: though German consumers are not highly leveraged, households in places such as Spain, Greece and Ireland have much more debt. But the key point is this: the widespread defaults and debt write-offs that have occurred in America have not really been echoed on anything like the same scale in Europe. As Mr Buiter notes, this partly reflects the undercapitalisation of banks: since they do not have the capacity to swallow losses, they keep ever-greening loans. As in Japan 15 years ago, the result is zombie lenders and borrowers.

None of this should tempt Americans to engage in any schadenfreude themselves. After all, that US deleveraging process has often been lamentably messy, studded with foreclosure scandals. And America’s government has notably not cut its own debt levels yet. In any case, some economists might argue that even a “mere” $11.6tn consumer debt is still too much.

But if there is one key lesson from that IMF chart, it is that policy action can deliver results; or at least, recapitalising banks can enable a system to slowly, if messily, cleanse some of the bubble excess. European politicians should take note; and, if they act, see a longer-term reason for hope.

Copyright &copy “The Financial Times Limited“.
“FT” and “Financial Times” are trade marks of “The Financial Times Limited”.
Translation for Finanzas para Mortales with the authorization of “Financial Times”.
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