Los grupos energéticos se enfrentan a su “momento Kodak”

01/12/2015 | Andrew Hill (Financial Times) – Financial Times Español

El cambio disruptivo puede llegar rápidamente, acabando con las suposiciones de la dirección, perturbando las convicciones estratégicas y destruyendo a las organizaciones fundadas en base a ellas. Pero el tipo de cambio más peligroso llega lentamente, tan lentamente que esas suposiciones y convicciones siguen en pie hasta que es demasiado tarde para que los encargados reaccionen. Y el cambio climático es el más lento y el más peligroso de todos.

Existen pocos individuos que niegan rotundamente el cambio climático, incluso en las industrias que más se benefician de la búsqueda y venta de hidrocarburos. Pero esas compañías todavía se están moviendo con demasiada lentitud para afrontary mucho menos eliminar — el reto del calentamiento global.

Es una brecha que incluso aquellos de dentro de la industria ya lo han notado. Uno de los objetivos de la conferencia sobre cambio climático de la ONU en París es fijar un límite del aumento de temperatura global de 2 grados Celsius sobre los niveles preindustriales. Pero un estudio supervisado por, entre otros, Sir Mark Moody-Stuart, ex presidente de Shell, y Lord Browne, ex director ejecutivo de BP, ha señalado la “significativa desconexión” que existe entre el replanteamiento fundamental necesario para cumplir con esa meta y los esfuerzos de las empresas mismas.

Critical Resource, la firma que elaboró el informe, examinó una muestra de 13 compañías de recursos naturales. Todas menos tres opinaron que el cambio climático era un asunto de negocios de suma relevancia, pero sólo una había preparado un escenario que incorporara un límite de 2 grados Celsius.

Más bien, ¿qué están planeando esas compañías? Un continuo crecimiento de sus negocios tradicionales, según un informe de Carbon Tracker, un grupo de expertos en la materia. Este informe advierte que las compañías de combustibles fósiles corren el riesgo de desperdiciar 2,2 billones de dólares en proyectos — tales como nuevas minas de carbón y exploración de petróleo en el Ártico — que los avances tecnológicos y las políticas de cambio climático podrían volver no rentables.

El desafío climático difiere del escenario de la “rana hervida”, en el cual la criatura no se da cuenta de su suerte mientras que se cocina lentamente. Esto me recuerda más bien el error irremediable de Eastman Kodak. La compañía ya había previsto la llegada de la fotografía digital en la década de 1970. Pero la llegada de los productos digitales que finalmente la condujeron a la quiebra fue escalonada durante más de 30 años. Significativamente, los márgenes que Kodak podía obtener de los rollos de película permanecieron altos hasta relativamente tarde en su historia.

A Anthony Hobley, director ejecutivo de Carbon Tracker, también le gusta la analogía de la industria de la locomotora estadounidense. Una combinación de complacencia, un deseo de maximizar las ganancias y el apego histórico al vapor llevó a algunos fabricantes a descartar la amenaza de la locomoción diésel. Algunos reconocieron que la era de crecimiento del vapor había llegado a su fin y reinvirtieron adecuadamente. Pero otros no lo hicieron. Samuel Vauclain — durante un largo tiempo el presidente de Baldwin que fue responsable de la fabricación de la famosa locomotora “Old Ironsides” en 1832declaró en 1930 que el vapor seguiría en uso en 1980. “Apenas estamos comenzando a darnos cuenta de lo que realmente se puede hacer con la máquina de vapor”, declaró. Baldwin dejó de producir locomotoras en 1956.

Existen otros dos factores que mantienen la presión alejada de las empresas de combustibles fósiles. La teoría de la innovación enseña que a menudo emergen productos rivales que son “lo suficientemente buenos”, y que obtienen participación de mercado mientras que los que ya están en la industria siguen mejorando en la producción de artículos que los clientes cada vez aborrecen más. Las últimas locomotoras de vapor fueron las más rápidas y las más eficientes jamás producidas, tal como lo había previsto el Sr. Vauclain. Pero la energía alternativa todavía no se considera ampliamente “lo suficientemente buena” como para remplazar al gas, al petróleo o al carbón. Los clientes que utilizan energía todavía se preocupan principalmente de la fiabilidad del suministro.

Un segundo factor es que el cambio generado por las locomotoras diésel y por las cámaras digitales fue producto de la innovación y de las fuerzas del mercado, no del regateo político. Pero se necesita un consenso social, político y empresarial para limitar el cambio climático. Mientras la incertidumbre prevalezca sobre la política climática, tiene sentido que las empresas de combustibles fósiles continúen desarrollando sus negocios históricamente rentables.

Numerosas compañías de combustibles fósiles se han unido a la lucha para mitigar el impacto del cambio climático. Su lento progreso hacia la toma de nuevas medidas no se debe a que no se den cuenta de las consecuencias, aseguró Sir Mark Moody-Stuart: “Se debe sólo a la extrema dificultad de hacerles frente a los problemas”.

Pero la historia demuestra que cuanto más lentamente llegue la disrupción, más fácil será para quienes la experimentan adaptarse a ella, y mayor será el daño que ocasione su final e inevitable colisión con la realidad. Tal como declaró Mark Carney, gobernador del Banco de Inglaterra, en un discurso en septiembre sobre los riesgos financieros del calentamiento global: “Cuanto más invirtamos con previsión, menos nos arrepentiremos en retrospectiva”.

 

Energy groups face Kodak moment

12/01/2015 | Andrew Hill (Financial Times) – Financial Times English

Disruptive change can come quickly, sweeping away management assumptions, upsetting strategic certainties and destroying the organisations founded on them. But the more dangerous type of change comes slowly, so slowly that those assumptions and certainties stand until it is too late for incumbents to react. And climate change is the slowest-moving and most dangerous of all.

There are few outright climate change deniers even in the industries that profit most from finding and selling hydrocarbons. But those companies are still moving too slowly to meet, let alone see off, the challenge of global warming.

It is a gap that even the industry’s own have noticed. One of the aims of the UN climate change conference in Paris is to agree to a 2C limit in global temperature rises over pre-industrial levels. But a study overseen by, among others, Sir Mark Moody-Stuart, ex-chairman of Shell, and Lord Browne, BP’s former chief executive, has pointed out the “significant disconnect”between the fundamental rethink required to meet that goal, and the efforts of companies themselves.

Critical Resource, the report’s producer, examined a sample of 13 natural resources companies. All but three thought climate change was a material business issue, but only one had prepared a scenario for a 2C limit.

What are such companies planning instead? Continued growth in their traditional businesses, according to aseparate report from Carbon Tracker, a think-tank. It warns that fossil fuel companies risk wasting $2.2tn on projects — new coal mines, Arctic oil exploration — that technology advances and climate change policies could render uneconomic.

The climate challenge differs from the “boiling frog” scenario, in which the slowly cooking creature is oblivious to its fate. It reminds me rather of the fatal flaw of Eastman Kodak. It foresaw the advent of digital photography as early as the 1970s. But the arrival of the digital products that ultimately drove it into bankruptcy was staggered over 30 years. Crucially, the margins Kodak could harvest from roll-film stayed high until relatively late in its history.

Anthony Hobley, Carbon Tracker’s chief executive, also likes the analogy of the US locomotive industry. A combination of complacency, a desire to maximise profits and historic attachment to steam led some manufacturers to dismiss the threat from diesel locomotion. A few recognised the era of steam’s growth was over and reinvested accordingly. But others did not. Samuel Vauclain, longstanding chairman of Baldwin, which had manufactured the famous “Old Ironsides” locomotive in 1832, declared in 1930 that steam would still be puffing away in 1980. “We are just beginning to realise what actually can be done with the steam engine,” he said. Baldwin stopped producing locomotives in 1956.

Two other factors keep the pressure off fossil-fuel companies. Innovation theory teaches that challenger products often emerge that are “good enough”, winning market share as incumbents get better at producing items that customers increasingly disdain. The last steam locomotives were the fastest and most efficient ever produced — as Mr Vauclain forecast. But alternative energy is not yet widely seen as “good enough” to displace gas, oil or coal. Energy customers still care mainly about reliability of supply.

A second difference is that the change brought by diesel locomotives and digital cameras came from innovation and market forces, not political haggling. But societal, political and corporate consensus is needed to limit climate change. While uncertainty prevails about climate policy, it makes sense for fossil-fuel companies to go on building their historically profitable businesses.

Many fossil-fuel companies have joined the fight to mitigate the impact of climate change. Their sluggish progress towards taking further action is not because they fail to appreciate its consequences, says Sir Mark Moody-Stuart. “It’s just [due to] the extreme difficulty of addressing the issues.”

But history shows that the more slowly disruption arrives, the easier it is for the disrupted to delay adapting to it — and the more damaging their eventual, inevitable collision with reality. As Mark Carney, governor of the Bank of England, put it in a speech in September warning of the financial risks of global warming: “The more we invest with foresight, the less we will regret in hindsight.”

Copyright &copy “The Financial Times Limited“.
“FT” and “Financial Times” are trade marks of “The Financial Times Limited”.
Translation for Finanzas para Mortales with the authorization of “Financial Times”.
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