Los robots son mejores inversores que las personas

17/03/2016 | John Gapper (Financial Times) – Financial Times Español

Esta semana, Goldman Sachs adquirió una pequeña empresa de tecnología financiera en Texas llamada Honest Dollar, la cual establece planes de pensiones para las pequeñas empresas y trabajadores autónomos. Los constructores y conductores de taxi no son exactamente el grupo habitual de clientes de Goldman, así es que esto representa una señal de la revolución en la gestión de activos.

Honest Dollar es una empresa perteneciente a una nueva generación de “robo-asesores” — a pesar de que no le gusta ser etiquetada como tal — que ofrecen una versión barata y automática de algo que solía llevar mucho tiempo y costar mucho dinero. En lugar de que un costoso asesor escoja las acciones y los bonos en los que los ahorradores deben invertir, un ordenador hace un trabajo más sofisticado con sólo tocar un botón.

El secreto detrás de la asignación de activos ha sido revelado. Un ordenador con acceso a una selección estándar de fondos indexados y de fondos negociados en la Bolsa (ETF, por sus siglas en inglés) puede rápidamente concebir una estrategia de inversión a largo plazo adecuada para la mayoría de las personas.

Tú seleccionas el umbral de riesgo en una escala del 1 al 10, pones tus ingresos y tu horizonte de inversión. El robot sugiere una mezcla de acciones estadounidenses y de mercados emergentes, algunos fondos de bonos corporativos y gubernamentales, y una porción de dinero en efectivo. Et voilà!

Las empresas “startup” de robo-asesoramiento — como Betterment y Wealthfront en EEUU, y Nutmeg en el Reino Unido — están creciendo rápidamente. Ellas les ofrecen a los inversores facilidad y simplicidad a un precio muy bajo, frecuentemente a una cuarta parte de los honorarios que cobraría un asesor de inversiones de Morgan Stanley o de Bank of America Merrill Lynch.

Pero no hay que sacar conclusiones apresuradas, declara la gente en la industria de gestión de patrimonio, incluyendo James Gorman, director ejecutivo de Morgan Stanley. Los robots aplican el sentido común en una manera fácil de usar, pero esto no es lo mismo que dar consejos sofisticados. “Alguien que pueda lidiar con una serie de decisiones complejas… eso no va a desaparecer”, declaró el Sr. Gorman durante una conferencia del New York Times en noviembre.

No, no va a desaparecerle a quienes pueden pagarlo. Si tú tienes 5 millones de dólares para invertir; una empresa familiar para vender en algún punto; una herencia que considerar; un ex cónyuge que mantener; y un temor persistente de que tus logros terrenales algún día se convertirán en polvo, es probable que necesites un asesor financiero. Si tú tienes 50 millones de dólares y casas en tres continentes, es posible que desees un banquero privado suizo.

En tales casos, pagarle a alguien en quien confías una comisión del 1 por ciento para que te aconseje acerca de cómo crear trasferencias familiares; de cómo asegurarte a ti mismo plenamente; de cómo evitar pagar impuestos excesivos; y de cómo poner tu dinero a trabajar mientras que reduces el riesgo al mínimo, vale la pena. El asesor puede incluso ganarse la comisión por persuadirte a no actuar estúpidamente cuando estés en un estado de pánico.

Vanguard — el grupo de gestión de activos que se especializa en el tipo de fondos indexados que los robo-asesores generan — cuenta con una interesante pieza de investigación para hacer que los asesores humanos todavía se sientan útiles. Ésta afirma que un asesor puede añadir un 1,5 por ciento a los rendimientos de inversión anuales de un cliente mediante el “asesoramiento conductual”. Esto significa lograr que los clientes no persigan tendencias pasajeras o que no se retiren de las inversiones cuando bajan temporalmente.

Los asesores y los bancos privados también proporcionan una sensación de bienestar y de seguridad de que alguien está velando por tus intereses y evitando el caos. Tales beneficios son tanto emocionales como financieros.

Sin embargo, nada de esto le resta validez a la cuestión principal: para la mayoría de los inversores, un robot va a desempeñarse tan bien como cualquier ser humano. El tradicional modelo de la industria — en el cual una persona maneja tanto la asignación de activos como el asesoramiento más complejo — ha llegado a su final. Los robots son más expertos en la asignación de activos de lo que los asesores jamás lo hayan sido.

Imagínate a un cliente rico sentado en su porche en la década de 1970 mientras que un asesor financiero le dice que invierta dinero en atractivas acciones de las “Nifty Fifty” (las cincuenta acciones favoritas de los inversores institucionales) como Coca-Cola (buena) o Polaroid (mala). Actualmente, sus nietos pueden tener acceso diversificado a miles de acciones y bonos globales a través de ETF mientras que usan una robo-aplicación en un teléfono móvil, y terminan estando en una mejor posición.

Esta revolución de la tecnología no fue inventada por los robo-asesores. Ellos simplemente han notado, y aprovechado, un cambio más amplio y más profundo hacia la inversión pasiva a través de ETF y fondos indexados. Tales fondos imitan los movimientos generales del mercado en lugar de depender de los seres humanos para que seleccionen acciones y bonos individuales. Eso elimina capas de costes, permitiéndoles a los robo-asesores que automaticen todo el proceso, desde la asignación de activos hasta la compraventa de acciones.

Mientras que un individuo invierta de manera constante y consistente durante un largo periodo — el tipo de comportamiento que un buen asesor inculcaría — el robot puede administrar el dinero de forma inteligente. El mayor peligro no radica en prestarle atención a un robot sino en el ser, básicamente, humano: comportarse emocional y caprichosamente.

La conclusión lógica es que la mayoría de los inversores estarían en mejor posición si los robots no sólo pudieran manejar su asignación de activos, sino que también confiscaran sus ahorros y rehusaran entregárselos de vuelta hasta que las inversiones se hubieran vencido. Las personas a quienes los robots les privaran de capacidad de elección no necesitarían asesores para guiarlos.

Eso no ocurrirá hasta que los robots se rebelen, por lo tanto los ricos continuarán empleando asesores. Otros no pueden pagarlos, pero ahora pueden emplear una máquina. A diferencia de Morgan Stanley y de Merrill Lynch, Goldman carece de una red de asesores de patrimonio. Pero sí tiene una buena cantidad de ordenadores y claramente ha reconocido una oportunidad.

Robots are better investors than people

03/17/2016 | John Gapper (Financial Times) – Financial Times English

Goldman Sachs this week has bought a small financial technology company in Texas called Honest Dollar, which organises pension plans for small ompanies and self-employed workers. Builders and taxi drivers are not exactly Goldman’s usual set of customers so it is a sign of the revolution in asset management.

Honest Dollar, although it dislikes being labelled as such, is one of a new breed of “robo-advisers” that offer a cheap, automatic version of something that used to take a long time and cost a lot of money. Instead of an expensive adviser picking out the stocks and bonds in which savers should invest, a computer does a more sophisticated job at the touch of a button.

The game is up in asset allocation. A computer with access to a standard array of index funds and exchange traded funds can devise a suitable long-term investment strategy for most people in a blink.

You select your risk appetite on a scale of one to 10, and enter your income and investment horizon. The robot suggests a blend of US and emerging markets equities, some corporate and government bond funds, and a portion of cash. Et voila!

Robo-advisory start-ups such as Betterment and Wealthfront in the US and Nutmeg in the UK aregrowing rapidly. They offer investors ease and simplicity at a very low price often a quarter of the fee an investment adviser at Morgan Stanley or Bank of America Merrill Lynch would charge.

Hold on, say people in the wealth management industry at this point, including James Gorman, chief executive of Morgan Stanley. Robos apply common sense in a user-friendly way, but this is not the same as giving sophisticated advice.Someone who can sit with you and work through a series of complex decisions — that is not going to go away,” Mr Gorman told a New York Times conference in November.

No, it is not, for those who can afford it. If you have $5m to invest, a family company to sell at some point, inheritance to consider, a former spouse to support and a nagging fear that your worldly achievements will one day come to dust, you probably do need a financial adviser. If you have $50m and homes on three continents, you might want a Swiss private banker.

In such cases, paying someone you trust a 1 per cent fee to advise you on setting up family trusts, insuring yourself fully, avoiding tax and putting your cash to work while minimising risk is worthwhile. He or she might even earn the fee by persuading you not to do stupid things when in a panic.

Vanguard, the asset management group specialising in the kind of index funds that robos deploy, has a neat piece of research to make human advisers feel useful. It claims an adviser can add 1.5 per cent to a client’s annual investment returns by “behavioural coaching”. This means getting them not to chase fads or pull out of investments when they temporarily dip.

Advisers and private banks also provide personal service — the sense of comfort and security that someone is looking after your interests and will prevent chaos breaking out. Such returns are as much emotional as financial.

None of this, though, detracts from the main point: for most investors, a robot will perform as well as any human would. The traditional industry model, in which one person handled both asset allocation and more complex advice, is dead. Robots are more expert at the first activity than advisers ever were.

Imagine a wealthy client sitting on his porch in the 1970s while a financial adviser tells him to invest money in Nifty Fifty glamour stocks such as Coca-Cola (good) or Polaroid (bad). His grandchildren can now gain diversified exposure to thousands of global stocks and bonds through ETFs while using a robo application on a mobile phone, and end up better positioned.

This technology revolution was not invented by robo-advisers. They have simply noticed, and taken advantage of, a broader and deeper shift towards passive investment through ETFs and index funds. Such funds mimic broad market movements rather then depending on humans to select individual equities and bonds. That eliminates layers of costs, allowing robos to automate the whole process, from asset allocation to share trading.

As long as an individual invests steadily and consistently over a long period — the kind of behaviour a good adviser would inculcate — the robot can direct the money intelligently. The biggest danger lies not in heeding the robot but in being human: behaving emotionally and haphazardly.

The logical conclusion is that most ordinary investors would be better off if robots could not only handle their asset allocation but confiscate their savings and refuse to hand them back until the investments matured. People who were deprived of choice by robots would not need advisers to coach them.

That will not happen until the robots rebel, so the rich will carry on employing advisers. Others cannot afford them but can now employ a machine. Unlike Morgan Stanley and Merrill Lynch, Goldman lacks a network of wealth advisers. But it does have quite a lot of computers and has clearly spotted an opportunity.


Copyright &copy “The Financial Times Limited“.

“FT” and “Financial Times” are trade marks of “The Financial Times Limited”.
Translation for Finanzas para Mortales with the authorization of “Financial Times”.


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