México muestra los pros y los contras de los impuestos sobre el azúcar

02/12/2015 | Jude Webber y Sarah Neville (Financial Times) – Financial Times Español

El debate sobre si el Reino Unido debería imponer un “impuesto sobre el azúcar” se intensificó esta semana, con la insistencia de un comité de parlamentarios de que existe la evidencia convincente de que ayudaría a hacer frente al incremento de la obesidad infantil.

Un tercio de los niños que terminan la escuela primaria en el Reino Unido tienen sobrepeso o son obesos, y los jóvenes más desfavorecidos son dos veces más propensos a ser obesos que los que tienen más recursos, señaló el comité selecto de salud.

Se estima que el tratamiento de la obesidad le cuesta al Servicio Nacional de Salud 5,1 mil millones de libras al año. La diabetes tipo 2, asociada con un alto índice de masa corporal, abarca a cerca del 10 por ciento del presupuesto anual.

La industria de alimentos y bebidas, por su parte, se resiste a la idea de que un impuesto sobre el azúcar sería una manera eficaz de reducir el consumo. Hasta el momento, parece tener el apoyo de David Cameron, el primer ministro, quien recientemente fijó su postura contra un impuesto.

Mientras que los opositores y críticos buscan municiones para defender sus puntos de vista, la atención se está centrando en países como México, que ya han pasado por este camino.

El gravamen impuesto a las bebidas azucaradas y comida chatarra hace dos años ha ayudado a reducir las ventas y recaudado más de 2 mil millones de dólares para el estado, pero hay un desacuerdo sobre su eficacia.

Al inicio de 2014, México impuso un gravamen del 10 por ciento de impuestos sobre las bebidas gaseosas —equivalente a 1 peso (0,06 dólares) por litro — y un 8 por ciento de impuestos sobre bocadillos altos en calorías en un esfuerzo por combatir la epidemia de la obesidad y la diabetes, que engulle el 55 por ciento del presupuesto nacional de salud. En México, el 70 por ciento de los adultos y el 30 por ciento de los niños tienen sobrepeso o son obesos.

No obstante, en octubre la cámara baja del Congreso votó para reducir a la mitad el impuesto sobre los refrescos que contienen menos de 5 gramos de azúcares añadidos por cada 100 ml, argumentando que esto alentará a las compañías de bebidas a cambiar.

La movida, respaldada por el partido gobernante PRI que propuso el impuesto inicial, provocó una tormenta de protestas entre los partidos de la oposición de izquierdas y fue anulada rápidamente en la aprobación definitiva del presupuesto para 2016.

Un diputado dijo que la reducción del impuesto era una “sentencia de muerte” y la Alianza para la Salud Alimentaria, un grupo del cabilo que lo apoya, sostuvo que el impuesto necesita duplicarse — no ser reducido a la mitad — y que los refrescos han matado a más mexicanos que el crimen organizado.

Un estudio publicado en junio encontró que las compras de bebidas azucaradas gravadas cayeron un 6 por ciento en promedio en el 2014, y la tendencia a la baja se aceleró a l12 por ciento en diciembre de 2014.

El estudio encontró que en hogares con menores ingresos, que gastan más en alimentos, hubo una caída promedio del 9 por ciento en la compra de refrescos en 2014, con un descenso del 17 por ciento para diciembre de 2014. Las ventas de las bebidas libres de impuestos, como el agua, aumentaron el 4 por ciento durante el 2014.

Michael Bloomberg, el ex alcalde de Nueva York que ha contribuido con 16,5 millones de dólares desde 2013 a la lucha contra la obesidad en México, dijo que el impuesto era “un modelo para medidas similares en EEUU y el resto del mundo”.

Pero Emilio Gutiérrez, profesor de la Universidad ITAM de México, quien ha estudiado el impacto de los impuestos, dice que el tema es más sutil de lo que parece. Su estudio fue financiado por ConMéxico, un grupo de presión de la industria, pero él aseveró que lo realizó con plena independencia.

Encontró una reducción del 5 por ciento en los litros de refresco comprados, pero dijo que esto no representa nada en comparación con la disminución de consumo de las calorías necesarias para combatir la obesidad.

Aunado a esto, debido a que el impuesto se calcula por litro, el Sr. Gutiérrez estima que el 60 por ciento de la reducción en los litros de refresco comprados podría explicarse por los consumidores que cambiaron a envases más pequeños.

“Creo que el impuesto ha sido inútil, honestamente”, dijo. “Puede haber reducido el consumo de refrescos un poco, pero no es suficiente para dar lugar a una reducción a largo plazo de la obesidad”.

Reconoció que podría ser una afirmación discutible que pudiera interpretarse como favorable para la industria de refrescos.

“Sé que es un escándalo proponerlo, pero creo que la discusión que tenemos que tener es la mejor manera de diseñar el impuesto”, dijo, sugiriendo una escala con tasas impositivas más bajas para las botellas o latas más pequeñas.

 

Sugar tax in Mexico stirs UK debate

12/02/2015 | Jude Webber y Sarah Neville (Financial Times) – Financial Times English

Debate over whether the UK should impose a “sugar tax” intensified this week, with a committee of MPs insisting there was compelling evidence it would help tackle the rise of childhood obesity.

One-third of children leaving primary school in the UK are overweight or obese, and the most deprived youngsters are twice as likely to be obese than the least deprived, the health select committee noted.

Treating obesity is estimated to cost the National Health Service £5.1bn a year. Type 2 diabetes, associated with a high body mass index, alone consumes close to 10 per cent of the annual budget.

The food and drink industry, meanwhile, is resisting the notion that a sugar tax would be an effective way of reducing consumption. So far, it appears to have the support of David Cameron, prime minister.

As the two sides clash, attention is turning to countries, such as Mexico, that have already gone down this route.

Mexico’s two-year-old tax on sugary drinks and junk food has helped reduce sales and raised more than $2bn for the state, but there is disagreement about how effective it has been.

At the start of 2014, Mexico put a 10 per cent tax on fizzy drinks — equivalent to 1 peso ($0.06 per litre) — and an 8 per cent tax on high calorie snacks in an effort to combat an epidemic of obesity and diabetes, which gobbles up 55 per cent of the national health budget. In Mexico, 70 per cent of adults and 30 per cent of children are overweight or obese.

However, the lower house of Congress voted in October to halve the tax on soft drinks containing less than 5 grams of added sugar per 100ml, arguing this would encourage drinks companies to change.

That move, backed by the ruling PRI party that proposed the initial tax, caused a storm of protest among leftwing opposition parties and was speedily overturned in the final approval of the 2016 budget.

One deputy said reducing the tax was a “death sentence” and the Alliance for Food Health, a campaign group that supports it, said the tax needed to be doubled, not halved and that soft drinks killed more Mexicans than organised crime.

A study published in June found that purchases of taxed sugary drinks fell 6 per cent on average in 2014 compared with before the tax, and the downward trend accelerated to 12 per cent by December 2014.

Poorer households, which spend more on food, averaged a 9 per cent fall in soft drink buying in 2014, with a drop of up to 17 per cent by December 2014, the study found. Sales of untaxed drinks such as water, rose 4 per cent during 2014.

Michael Bloomberg, the former mayor of New York who has contributed $16.5m since 2013 to tackling obesity in Mexico, said the tax was “a model for similar measures in the US and around the world”.

But Emilio Gutiérrez, a professor at Mexico’s ITAM University who has been studying the impact of the taxes, says the issue is more subtle than it looks. His study was funded by Conmexico, an industry lobby, but he said he had been given full independence.

He found a 5 per cent reduction in litres of soft drink purchased, but said that represented nothing compared to the drop in calories people needed to consume in order to not be obese.

Furthermore, because the tax is calculated per litre, Mr Gutiérrez estimated 60 per cent of the reduction in the litres of soda purchased could be explained by consumers switching to smaller servings.

“I think the tax has been useless, honestly,” he said. “It may have reduced soda consumption a bit but not sufficient to lead to a long-term reduction in obesity.”

He acknowledged that could be a contentious assertion that could be interpreted as favourable to the soft drinks industry.

“I know this is scandalous to propose but I think the discussion we have to have is how better to design the tax,” he said — perhaps a sliding scale with lower tax rates for smaller bottles or cans.

Copyright &copy “The Financial Times Limited“.
“FT” and “Financial Times” are trade marks of “The Financial Times Limited”.
Translation for Finanzas para Mortales with the authorization of “Financial Times”.
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