Necesitas tomar riesgos para aprender un lenguaje

06/03/2013 | Michael Skapinker – Financial Times Español

Miguel Bloombito tiene un consejo para sus más de 75.000 seguidores de Twitter: “Los subwayo fare hikeros esta too mucho expensivo. Take tu helicoptero to worko insteado!”

Los neoyorkinos se están divirtiendo con el español de su alcalde Michael Bloomberg. La parodia de la cuenta de @ElBloombito es un ejemplo. Pero Mr Bloomberg, con sus anuncios en español durante el Huracán Sandy del año pasado que llegaron con su pesado acento a los seguidores de YouTube en todo el mundo, no se rinde.

Le pusieron una D en francés en el colegio y abandonó sus planes de proseguir una licenciatura en física debido a la gran cantidad de la literatura que había en alemán, dijo recientemente al New York Times.

Pero él insistió en que estaba mejorando su último idioma. “No me moriré hasta que hable el español como casi un nativo,” dijo.

El aprendizaje de idiomas supera a los angloparlantes poco decididos, quienes piensan que la mayoría de las conversaciones en un viaje o de negocios se hace en inglés igualmente. Incluso aquellos que conocen que sus clientes podrían verse impresionados por el intento de hablar su idioma lo encuentran muy desalentador.

Hace unos años, durante unas vacaciones en España, me puse un disco de Michel Thomas e inmediatamente sentí que había encontrado algo diferente.

No estaba sólo. Woody Allen, Bob Dylan, Emma Thompson y los ejecutivos de las compañías líderes pagaron a Thomas miles de dólares por las clases de español, francés o alemán.

Thomas murió en 2005 a los 90 años de edad, pero sus clases de audio están disponibles, junto con CDs de otros profesores que enseñan idiomas como el mandarín y el ruso usando sus métodos.

Thomas llevó una vida extraordinaria. Nació en Moniek Kroskof en una familia judía dedicada a la elaboración de los textiles en Lodz, Polonia, estudió en Alemania y, cuando los Nazis extendieron su domino, escapó a Francia. Luchó con la resistencia, consiguió escapar a la muerte varias veces y se puso varios nombres falsos, cogiendo como última identidad Michel Thomas.

Con el avance de los aliados por Francia, él se unió a las fuerzas americanas, usando su perfecto alemán para actuar como interrogador, y entonces apareció, sin patria, en los Estados Unidos, donde montó su propio negocio de enseñar idiomas.

La publicación en 1999 de Michel Thomas: Una prueba de coraje, una admirable biografía por Christopher Robbins, hizo que un escritor dudara de la historia de la guerra de Thomas. Es imposible que un extraño juzgue las dudas, las cuales Robbins rechazó en detalle en un epílogo en su edición de bolsillo, y a las cuales el ejército estadounidense respondió con la condecoración al valor para Thomas.

Pero podemos, como estudiantes, evaluar su método de enseñanza de idiomas.

Él promete mucho. No intentes memorizar, dice. No cojas notas ni hagas deberes. Déjale todo el duro trabajo a él. Cuando enseñaba a los famosos o a los alumnos de barrios marginales, Thomas insistía en que el fracaso de aprender estaba en los fallos del profesor.

De hecho, Thomas es un profesor exigente. Él trabaja construyendo oraciones con dos estudiantes en su academia y tú con tus cascos. Él dice una frase en inglés y entonces espera que tú y uno por uno los estudiantes la traduzcáis al idioma que estás aprendiendo. Después, él da la respuesta. Uno de los estudiantes es rápido, el otro no es muy inteligente, lo cual te deja satisfecho ser mejor que el lento pero deseando igualar al listo. No hay conjugaciones de verbos pero la atención en la gramática es detallada. Es una parte del proceso, pocas veces explícito. Thomas es una voz contagiosa. Las horas en su compañía son hipnóticas y tremendamente entretenidas. La sensación de progresar es gratificante. Dentro de unas horas, él te tiene construyendo unas frases largas y complejas en tu nuevo idioma. Después de 10 horas de su curso de fundamentos del español, me siento como si estuviera hablando.

Hice un viaje a Colombia – y me encontré detrás de Mr Bloomberg. No es que Thomas sea un mal profesor. En toda una vida intentando y aprendiendo idiomas, no he encontrado uno mejor.

Sólo es que la noción de que puedes dejar todo en las manos del profesor es un sinsentido. Aprender un lenguaje requiere un esfuerzo, la memorización de vocabulario, revisar la gramática, ver la televisión, leer periódicos, hablar con gente nativa en vez de sólo con dos participantes contratados. El alumno tiene que tomar la responsabilidad.

Los que consiguen aprender un idioma con éxito hacen algo más: no están preocupados por cometer faltas o por hacer el tonto. En este sentido, el alcalde de Nueva York es el estudiante perfecto.

You need to take risks to learn a language

03/06/2013 | Michael Skapinker – Financial Times English

Miguel Bloombito has some travel advice for his 75,000-plus Twitter followers: “Los subwayo fare hikeros esta too mucho expensivo. Take tu helicoptero to worko insteado!”

New Yorkers are having fun with their mayor Michael Bloomberg’s Spanish. The parody @ElBloombito account is one example. But Mr Bloomberg, whose Spanish announcements during last year’s Hurricane Sandy brought his heavily accented attempts to a worldwide YouTube audience, is not giving up.

He got a D in French at school and dropped plans to major in university physics because so much of the literature was then in German, he told the New York Times recently.

But he insisted he was getting better at his latest language. “I will not die until I can speak Spanish like a quasi-native,” he said.

Learning languages defeats less determined English-speakers, who reckon most business and travel conversations take place in English anyway. Even those who know that their customers would be impressed by an attempt to speak their language find it too daunting.

A few years ago, during a holiday in Spain, I put on a sample of a compact disc by Michel Thomas and immediately felt I had found something different.

I wasn’t alone. Woody Allen, Bob Dylan, Emma Thompson and executives of top companies paid Thomas thousands of dollars for Spanish, French or German lessons.

Thomas died in 2005, aged 90, but his audio lessons are available, along with CDs by other instructors teaching languages such as Mandarin and Russian using his methods.

Thomas led an extraordinary life. Born Moniek Kroskof to a Jewish textile manufacturing family in Lodz, Poland, he studied in Germany and, when the Nazis tightened their grip, escaped to France. He fought with the resistance, escaped near death several times and took several noms de guerre, ending with Michel Thomas.

As the allies advanced across France, he linked up with American forces, using his perfect German to act as an interrogator, and then washed up, stateless, in the US, where he set up his language-teaching business.

The publication in 1999 of Michel Thomas: The Test of Courage, an admiring biography by Christopher Robbins, led one writer to question Thomas’s wartime account. It is impossible for an outsider to judge the doubts, which Robbins rejected in detail in an afterword to his paperback edition, and which the US army answered by decorating Thomas for bravery.

But we can, as students, evaluate his language teaching.

He promises a lot. Don’t try to memorise, he says. Don’t take notes or do any homework. Leave all the hard work to him. Whether teaching celebrities or inner-city students, Thomas insisted that failure to learn was the teacher’s fault.

Actually, Thomas is a demanding instructor. He works by building sentences with two students in his studio and you on your headphones. He says a sentence in English and then waits while you and one of the students translates into the language you are learning. He then provides the answer. One of the students is quick, the other a little dim, leaving you pleased to be better than the slow one, but struggling to keep up with the smart linguist. There is no conjugating of verbs but the attention to grammar is detailed. It is part of the process, seldom explicit. Thomas is an engaging audio presence. The hours in his company are hypnotic, and hugely enjoyable. The sense of progress is gratifying. Within hours he has you compiling long, complex sentences in your new language. After 10 hours of his Spanish foundation course, I felt I was actually speaking.

I made a trip to Colombia – and found myself way behind Mr Bloomberg. It is not that Thomas is a bad teacher. In a lifetime of learning and trying to learn languages, I have never encountered a better one.

It is just that the notion that you can leave it all to the teacher is nonsense. Learning a language requires effort, memorising vocabulary, looking over the grammar, watching television, reading newspapers and talking to real people rather than just two hired participants. The learner has to take responsibility.

Successful language acquirers do something else: they don’t worry about getting things wrong or making fools of themselves. In that sense, New York’s mayor is the perfect student.

Copyright &copy “The Financial Times Limited“.
“FT” and “Financial Times” are trade marks of “The Financial Times Limited”.
Translation for Finanzas para Mortales with the authorization of “Financial Times”.
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