¿Qué son y para qué se usan los contratos de formación y de prácticas?

¿Cuáles son las diferencias entre un contrato de formación y uno en prácticas? ¿Este último contrato es lo mismo que las prácticas curriculares y extracurriculares? ¿Qué diferencias hay entre estos dos tipos de prácticas? ¿Se usan de forma correcta?

Pueden ser algunas de las preguntas que te plantees cuando consigues tu primer contrato en una empresa o te planteas realizar prácticas mientras estudias. Si no tienes claros estos conceptos, hemos elaborado una guía para saber en qué consiste cada contrato, sus diferencias y sus usos.

CONTRATO DE FORMACIÓN Y EN PRÁCTICAS

El contrato para la formación y el aprendizaje, que no puede ser de un tiempo inferior a seis meses ni de uno mayor a tres años, tiene como objetivo otorgar cualificación profesional a un trabajador que no la posee hasta el momento, un propósito que se consigue alternando la actividad laboral retribuida con una parte de actividad formativa que puede impartirse desde la misma empresa o en un centro de formación oficial.

Actualmente el contrato en formación tiene el límite de edad en los 30 años y tiene la posibilidad de realizar contrato sucesivos en la misma empresa para ocupaciones distintas.

Esta actividad formativa, según establece la legislación española, no puede ocupar menos del 25% del tiempo de trabajo total durante el primer año de contrato ni menos del 15% en el segundo y tercer año.

En cuanto al contrato en prácticas, persigue, según la legislación, que el trabajador obtenga una práctica profesional que se adecue a los estudios que ha realizado, ya sean estos universitarios, de grado medio o superior de formación profesional o títulos oficialmente reconocidos como equivalentes.

PRÁCTICAS CURRICULARES O EXTRACURRICULARES

Las prácticas extracurriculares y curriculares, vinculadas a los estudios universitarios y de formación profesional, se regulan en el RD 592/2014. Ambas son prácticas “no laborales” que pueden conllevar ayudas económicas, conocidas como becas, aunque no tienen por qué hacerlo de manera obligatoria.

Al no tratarse de un contrato laboral, durante el periodo de prácticas el trabajador no cuenta con derechos como el de cobertura por desempleo o la aplicación del convenio laboral correspondiente.

Las prácticas curriculares tienen contenido educativo y probablemente no tiene el mismo objetivo ni ha de tener el mismo diseño que las extracurriculares.

Según los datos procedentes de la cotización a la Seguridad Social, en febrero de 2017 había 44.010 estudiantes en la universidad realizando prácticas, de las cuales casi el 64% son extracurriculares y por las que se percibe un salario.

Fuente: Europa Press (5 junio 2017)

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