Riesgo sistémico, el gran desconocido

Maribel Cambón (CNMV) y Leticia Estévez (CNMV)

La crisis económica y financiera iniciada en 2008 ha comportado enseñanzas notables para todo el mundo. Mientras que los ciudadanos se han habituado a oír o utilizar conceptos antes prácticamente desconocidos como pueden ser la prima de riesgo, los derivados, las titulizaciones o el efecto de contagio, los expertos han tenido que replantearse en gran medida su aproximación al mundo de las finanzas. En particular, así ha ocurrido con los supervisores y los reguladores, que se han visto obligados a desarrollar instrumentos conceptuales, analíticos y legales para identificar, medir y reducir el denominado riesgo sistémico.

Sin duda, uno de los elementos más característicos de la crisis fue su propagación a nivel internacional y sus efectos sobre la actividad económica, o dicho en otras palabras, su carácter sistémico. El problema de las hipotecas suprime derivó en un repunte de la desconfianza sobre el sistema financiero, que tuvo como punto culminante la caída de Lehman Brothers y su repercusión en los países desarrollados. En Europa, además, se habían acumulado otros desequilibrios que se reflejaron en los episodios de alta incertidumbre enmarcados en la crisis de la deuda soberana. De hecho, varios países, entre ellos España, tuvieron que solicitar asistencia financiera por las dificultades de las administraciones públicas o de los sistemas bancarios.

Pero, ¿qué es exactamente el riesgo sistémico? Aunque hay multitud de definiciones, se puede considerar que el riesgo sistémico se origina cuando hay un problema en alguna parte del sistema financiero que acaba teniendo consecuencias negativas sobre la actividad económica. Originalmente, este riesgo se asociaba fundamentalmente con las dificultades en entidades de gran tamaño (en particular, de las bancarias). Después de la crisis otros aspectos empezaron a ser tenidos en cuenta en el análisis de este riesgo como por ejemplo las interconexiones y las exposiciones entre las instituciones o la pérdida de confianza de los agentes en el sistema financiero. Estos factores fueron decisivos a la hora de valorar cómo un problema originado en una parte del sistema financiero puede derivar en problemas en el funcionamiento del sistema en su conjunto y en la economía real.

A pesar de que la idea básica que reside detrás del concepto de riesgo sistémico es bastante intuitiva, su alcance, sus implicaciones, sus factores determinantes y su medición no son tan fáciles de determinar. Durante los últimos años, entidades del sector privado, supervisores financieros e instituciones internacionales han profundizado el análisis sobre la identificación, la gestión y la mitigación del riesgo sistémico. En el ámbito europeo, cabe destacar los trabajos de la Junta Europea de Riesgo Sistémico (European Systemic Risk Board (ESRB)), que toma en consideración el sistema financiero europeo en su conjunto, esto es, incluyendo el sistema bancario, los mercados de valores, los fondos de pensiones y el sector asegurador.

Uno de los trabajos más interesantes que ha desarrollado el ESRB es el relacionado con la medición del riesgo sistémico en Europa. Para ello, agrega la información de varios segmentos del sistema financiero y tiene en cuenta las interconexiones existentes entre ellos. La esencia del indicador que calculan1 es bastante intuitiva: por una parte se trata de elegir las partes o segmentos del sistema financiero que pueden tener relevancia desde el punto de vista de la estabilidad financiera y por otra, se trata de considerar los indicadores de cada parte que sean representativos del nivel de estrés. En general, estos indicadores tienen que ver con primas de riesgo, con volatilidades, con las condiciones de liquidez y con caídas sustanciales de los precios de algunos activos financieros. El indicador resume el nivel de estrés en los mercados en un número que va entre cero y uno, lo que facilita su interpretación por parte de cualquier usuario. Otra ventaja importante es que, dado que pretende capturar riesgos de carácter sistémico, solo toma valores muy elevados cuando detecta estrés en todos los segmentos considerados.

En Europa, el indicador se diseñó para tratar de capturar el estrés en los segmentos relacionados con los intermediarios financieros, los mercados monetarios, los mercados de acciones, los mercados de bonos y los mercados de divisas. Hasta ahora, los niveles más elevados se obtienen en otoño de 2008, con el colapso de Lehman Brothers, y a finales de 2011, en uno de los episodios de estrés de la crisis de la deuda soberana.

Ahora bien, ¿y en España qué? Dado que la tipología de los países que conforman la eurozona es variada y la crisis se ha propagado de manera heterogénea entre ellos, resulta interesante conocer cómo refleja un indicador de este tipo lo qué ha pasado en nuestro país. Para ello, hemos replicado el indicador del ESRB pero enfocado en el sistema financiero español. Para su desarrollo se han tenido en cuenta los mismos segmentos del sistema financiero que en el ámbito europeo, y hemos añadido, además, el mercado de derivados y materias primas, al considerar que también puede jugar un papel relevante en las tensiones de los últimos años. Como se puede observar en el gráfico, el indicador de riesgo sistémico del sistema financiero español también alcanzó un punto álgido a finales de 2008, cuando la incertidumbre se hizo extensiva a todas las partes del sistema financiero tras la quiebra de Lehman Brothers. El segundo nivel más elevado de riesgo identificado por este indicador tuvo lugar en el verano de 2012, en momentos de fuerte incertidumbre en los mercados españoles, que finalizaron con la petición de asistencia financiera para la banca española y con decisión de la CNMV de la prohibir las ventas en corto.


riesgo sistemico

 


Fuente Thomson Datastream, Bloomberg y CNMV.

Además del diseño y el cálculo del indicador, hemos empleado algunas técnicas econométricas para poder clasificar cada valor del mismo en un régimen de estrés en el sistema financiero (suponiendo que hubiera varios regímenes). Los resultados nos han permitido establecer tres tramos de estrés del sistema financiero para aproximar de una manera simple el riesgo sistémico: muy bajo cuando el indicador está entre 0 y 0,26, medio y alto si se sitúa entre 0,26 y 0,49 o por encima de 0,49 respectivamente. De este modo, el indicador, que refleja el comportamiento del sistema financiero español a grandes rasgos, puede ser una herramienta de situación muy útil para los supervisores y reguladores, porque no solo determina el nivel de riesgo (bajo, medio, alto), sino que se puede dilucidar en qué mercados concretos se concentran los problemas, por si fuese necesario actuar sobre ellos.

Y ya para finalizar, ¿qué consecuencias tienen todo esto sobre la economía real? Es decir, una vez visto cómo nuestro indicador puede señalizar el foco de los problemas, ¿podemos estimar su potencial impacto negativo en la actividad económica? La respuesta a ello es afirmativa. Nuestras estimaciones revelan que cuando la tensión en el sistema financiero es elevada la producción industrial puede llegar a caer un 1,5%, y no solo eso, sino que puede tardar cerca de un año en recuperar tasas de crecimiento positivas.

En definitiva, el análisis sobre la identificación, gestión y mitigación del riesgo sistémico es cada vez más relevante para las autoridades y cada vez se dedican más recursos a esta parcela. Posiblemente sea una temática que siga en auge durante mucho tiempo más dado que en muchos casos es difícil de medir y anticipar riesgos de estas características, lo que invita a desarrollar nuevos trabajos en este campo. Aquí se ha presentado un indicador que puede ayudar en el análisis pero que, sin duda, es solo un primer paso de otros muchos que se producirán en el futuro. Son los reguladores y las autoridades los que deben construir un modelo en el que el sistema financiero mundial funcione correctamente, no solo a nivel macroeconómico, sino a nivel de ciudadano de a pie.

1 Composite Indicator of Systemic Stress (CISS).

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