Cómo se aseguran los ricos de permanecer en la cima

Cómo se aseguran los ricos de permanecer en la cima

16/08/2013 | Tim Harford – Financial Times Español

Cuando los países más ricos del mundo disfrutaban de un alto crecimiento, poca gente se preocupaba de lo mucho que aumentaba la participación del 1 por ciento de las personas con más riqueza en los ingresos generados por esa prosperidad. Al final de la depresión en los EE. UU., del abismo fiscal en el Reino Unido y de la crisis existencial de la Eurozonay la crítica a los banqueros del mundola preocupación por la desigualdad ya no es un tema reservado solo a la izquierda.

No debe haber duda sobre los hechos: la parte de ingresos que va a manos del 1 por ciento más alto casi se ha duplicado desde el inicio de la década de 1970 en los EE. UU., y ahora roza el 20 por ciento. La misma tendencia se observa en Australia, Canadá y el Reino Unidosin embargo en cada caso la parte del ingreso del 1 por ciento más alto es menor. En Francia, Alemania y Japón no parece haber tal tendencia. (La fuente de estos datos es la Base de Datos Mundial de Ingresos Más Altos, resumida en la comunicación que abre el fantástico simposio del Journal of Economics Perspectives de este verano).

¿Pero, debemos preocuparnos? Hay dos razones por las que deberíamos: el proceso y el resultado. Debemos preocuparnos de que las ganancias de los ricos se obtengan de mala manera: como resultado de sus conexiones con políticos, o por fraude, o explotando la complacencia del contribuyente. O deberíamos preocuparnos de que los resultados sean nocivos: miseria y envidia, o mala salud, o una democracia disfuncional, o un crecimiento lento mientras los ricos se sientan sobre su dinero, o una deuda excesiva y la correspondiente inestabilidad financiera.

Después de la crisis, podría ser desagradable sugerir que los ricos en realidad se ganaron su dinero. Pero los denostadores de banqueros deberían echarle un vistazo a la investigación de Steven Kaplan y Joshua Rauh, en el simposio del JEP. Ellos sencillamente comparan la suerte de los que más ganan en diferentes líneas de negocios. ¿Preocupados porque los jefes ejecutivos están llenándose los bolsillos gracias al débil gobierno corporativo de las empresas listadas en bolsa? Yo también lo estoy, pero a los socios de las firmas de abogados también les está yendo muy bien, así como a los jefes de las empresas privadas, a los administradores de los fondos de inversión, y a las estrellas deportivas. Los sistemas de gobierno corporativo son diferentes en cada caso.

¿Quizás, entonces, ha cambiado alguna norma social ampliamente aceptada, permitiendo un incremento salarial a los miembros del consejo? Si es así, esperaríamos que los salarios bajo el escrutinio público se igualaran con aquellos que son más privadospor ejemplo, administradores de corporaciones privadas. Lo que sucede es lo contrario.

La verdad incómoda es que las fuerzas del Mercadoesto es, el resultado de los contratos libremente establecidosprobablemente están detrás del aumento de la desigualdad. La globalización y el cambio tecnológico favorecen a los más capacitados. A mitad de la escala de ingresos, un par de fuertes brazos, un deseo por trabajar duro y un poco de sentido común solían proporcionar un ingreso confortable. Ya no más. Mientras tanto, en la mera cima, los mercados en los que el ganador se queda con todo están emergiendo, donde el mejor o el más suertudo de los emprendedores, administradores de fondos de inversión, autores o atletas concentran la mayor parte de las ganancias. La idea de que el más rico simplemente se queda con la parte más grande es emocionalmente poderosa; no es completamente convincente.

En un mercado funcional, la gente solo obtiene ingresos altos si crea suficiente valor económico que justifique esos ingresos. Pero aunque estemos convencidos de que esto es verdad, no debemos dejar de lado el tema.

Esto se debe en parte a que las cantidades implicadas son inmensas. Entre 1993 y 2011, en los EE. UU., los ingresos promedio crecieron un modesto 13,1 por ciento en total. Pero el ingreso promedio del 99 por ciento más pobreesto incluye a todas las familias que ingresaban hasta 370 mil dólares anualescreció solo un 5,8 por ciento. Esta brecha es la medida de cuanto ingresa el 1 por ciento más alto. Es mucho lo que se juega.

Propongo dos razones por las cuales debemos preocuparnos por la desigualdad: un proceso inequitativo o un resultado dañino. Pero lo que realmente debe importarnos es que las dos razones no son distintas después de todo. El resultado dañino y el proceso inequitativo se alimentan uno al otro. Cuanto más desigual se hace una sociedad, más grande se vuelve el incentivo para que los ricos limiten el ascenso en la escala económica.

En lo más alto de la escala, los plutócratas pueden moldear las opiniones al comprar los periódicos y los canales de televisión o aportando fondos para campañas políticas. Los ricos de segundo nivel buscan desesperadamente ubicar a sus hijos en el barrio, la guardería, la escuela, la universidad y el internado correctosabemos qué tan grande se ha hecho la brecha entre los ganadores y el resto.

Miles Corak, otro colaborador al debate del JEP, es un experto en movilidad por ingreso intergeneracional, donde la cuestión es saber si los padres ricos tienen hijos ricos. La dolorosa verdad es que en las naciones desarrolladas más inequitativas – el Reino Unido y los EE. UU. – la transmisión intergeneracional del ingreso es más constante. En sociedades más igualitarias como Dinamarca, la tendencia a la endogamia entre las clases privilegiadas es mucho menor.

Esto es lo que se nos atora en la garganta con el aumento de la desigualdad: el saber que cuanto más desiguales sean las sociedades, más prisioneros seremos de esa desigualdad. Los privilegiados sienten que deben hacer todo lo posible para evitar que sus hijos bajen en la escala de ingresos. Los pobres ven que las mejores escuelas, universidades, incluso las escuelas de artes y las clases de ballet se quedan detrás de un muro de cuotas, o de la imposibilidad de acceder a una vivienda.

La idea de una sociedad libre, basada en el mercado, es que cualquiera pueda realizar su potencial. En algún punto de ese camino nos perdimos.

How the rich are making sure they stay on top

16/08/2013 | Tim Harford – Financial Times English

When the world’s richest countries were booming, few people worried overmuch that the top 1 per cent were enjoying an ever-growing share of that prosperity. In the wake of a depression in the US, a fiscal chasm in the UK and an existential crisis in the Eurozoneand the shaming of the world’s bankersworrying about inequality is no longer the preserve of the far left.

There should be no doubt about the facts: the income share of the top 1 per cent has roughly doubled in the US since the early 1970s, and is now about 20 per cent. Much the same trend can be seen in Australia, Canada and the UK – although in each case the income share of the top 1 per cent is smaller. In France, Germany and Japan there seems to be no such trend. (The source is the World Top Incomes Database, summarised in the opening paper of a superb symposium in this summer’s Journal of Economic Perspectives.)

But should we care? There are two reasons we might: process and outcome. We might worry that the gains of the rich are ill-gotten: the result of the old-boy network, or fraud, or exploiting the largesse of the taxpayer. Or we might worry that the results are noxious: misery and envy, or ill-health, or dysfunctional democracy, or slow growth as the rich sit on their cash, or excessive debt and thus financial instability.

Following the crisis, it might be unfashionable to suggest that the rich actually earned their money. But knee-jerk banker-bashers should take a look at research by Steven Kaplan and Joshua Rauh, again in the JEP symposium. They simply compare the fate of the top earners across different lines of business. Worried that chief executives are filling their boots thanks to the weak governance of publicly listed companies? So am I, but partners in law firms are also doing very nicely, as are the bosses of privately owned companies, as are the managers of hedge funds, as are top sports stars. Governance arrangements in each case are different.

Perhaps, then, some broad social norm has shifted, allowing higher pay across the board? If so, we would expect publicly scrutinised salaries to be catching up with those who have more privacyfor instance, managers of privately held corporations. The reverse is the case.

The uncomfortable truth is that market forcesthat is, the result of freely agreed contractsare probably behind much of the rise in inequality. Globalisation and technological change favour the highly skilled. In the middle of the income distribution, a strong pair of arms, a willingness to work hard and a bit of common sense used to provide a comfortable income. No longer. Meanwhile at the very top, winner-take-all markets are emerging, where the best or luckiest entrepreneurs, fund managers, authors or athletes hoover up most of the gains. The idea that the fat cats simply stole everyone else’s cream is emotionally powerful; it is not entirely convincing.

In a well-functioning market, people only earn high incomes if they create enough economic value to justify those incomes. But even if we could be convinced that this was true, we do not have to let the matter drop.

This is partly because the sums involved are immense. Between 1993 and 2011, in the US, average incomes grew a modest 13.1 per cent in total. But the average income of the poorest 99 per centthat is everyone up to families making about $370,00
0 a year
grew just 5.8 per cent. That gap is a measure of just how much the top 1 per cent are making. The stakes are high.

I set out two reasons why we might care about inequality: an unfair process or a harmful outcome. But what really should concern us is that the two reasons are not actually distinct after all. The harmful outcome and the unfair process feed each other. The more unequal a society becomes, the greater the incentive for the rich to pull up the ladder behind them.

At the very top of the scale, plutocrats can shape the conversation by buying up newspapers and television channels or funding political campaigns. The merely prosperous scramble desperately to get their children into the right neighbourhood, nursery, school, university and internshipwe know how big the gap has grown between winners and also-rans.

Miles Corak, another contributor to the JEP debate, is an expert on intergenerational income mobility, the question of whether rich parents have rich children. The painful truth is that in the most unequal developed nations – the UK and the US – the intergenerational transmission of income is stronger. In more equal societies such as Denmark, the tendency of privilege to breed privilege is much lower.

This is what sticks in the throat about the rise in inequality: the knowledge that the more unequal our societies become, the more we all become prisoners of that inequality. The well-off feel that they must strain to prevent their children from slipping down the income ladder. The poor see the best schools, colleges, even art clubs and ballet classes, disappearing behind a wall of fees or unaffordable housing.

The idea of a free, market-based society is that everyone can reach his or her potential. Somewhere, we lost our way.

Copyright &copy «The Financial Times Limited«.
«FT» and «Financial Times» are trade marks of «The Financial Times Limited».
Translation for Finanzas para Mortales with the authorization of «Financial Times».
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