Corrupción política: una lacra mundial que sufre un 68% de los países

Después del paro, las principales preocupaciones de los españoles son la corrupción y el fraude, según datos del pasado mes de enero publicados por el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS). Y no es para menos porque, en pocos años y coincidiendo con la crisis, los casos se han sucedido uno tras otro: la trama Gürtel, los Papeles de Bárcenas, las Tarjetas Black de Caja Madrid, los ERE de Andalucía, el caso Saqueo, el caso Noos, el caso Palma Arena, el caso Palau, el caso ITV, el caso Pujol, el caso Pokemon, la Operación Púnica, los papeles de Panamá, el blanqueo de Mario Conde, el caso AUSBANC, el supuesto chantaje de Manos Limpias, etc.

Actualmente, hay en España 90 casos de corrupción abiertos. Los más caros para las arcas públicas han sido el de Púnica (se calcula que pudo haber defraudado 250 millones de euros), los ERE de Andalucía (150 millones), Gürtel (120 millones) y el caso Saqueo (96 millones).

Pero el fenómeno no es nuevo: en el siglo XXI se destaparon otros casos (Naseiro, Filesa, Juan Guerra, Marbella, etc.) que hacen de la corrupción una auténtica lacra que, en España, parece estar marcada a fuego.

¿El resultado? Más de un millar de encausados y juzgados desbordados, un panorama desalentador, repleto de manzanas podridas -políticos, funcionarios, empresarios- frente a un país con un 20% de la población en paro y un sueldo medio de mil euros mensuales que asiste al espectáculo impotente ante tanta impunidad manifiesta.

¿Cómo de corruptos somos en España?
El Diccionario de la corrupción (editorial Nostrum) recoge hasta 175 casos de corrupción en la España democrática, 1.900 imputados (ahora se les llama investigados o encausados), sólo 200 condenados y un agujero de más de 7.500 millones de euros en menos de 40 años.

Pero no aprendemos porque, de todos esos años, el 2015 ha sido el que ha registrado el peor dato de percepción de la corrupción de nuestra historia, según la ONG Transparencia Internacional que publica anualmente, desde 1995, el Índice de Percepción de Corrupción. Este índice mide -en una escala de 0 (muy corrupto) a 10 (nada de corrupción)- los niveles de percepción de corrupción en el sector público de 177 países. Junto a un índice similar del Banco Mundial, es la medida más utilizada para evaluar la corrupción en los países analizados.

¿Cuáles son los países más corruptos?
Dinamarca con 91 puntos, ocupa el primer puesto de la tabla como el país con políticas públicas más transparente; Somalia y Corea del Norte, con 8 puntos cada uno, comparten el último puesto, el 167º siendo los más corruptos. España, con 58 puntos, ocupa el puesto 36º.

Según este Índice, dos tercios de los países analizados tienen menos de 50 puntos. Junto a Somalia y Corea del Norte, otros países muy corruptos son Afganistán (con 11 puntos ocupa el puesto 166º), Sudán, Sudán del Sur, Angola, Libia e Irak. Haití y Venezuela comparten puntos (17) y puesto (158º). Se trata, en general, de países en conflictos o guerras, y con gobiernos deficientes e instituciones públicas frágiles.

Para la economía mundial, tres ejemplos claves
Otro caso sería el de China: con 37 puntos, ocupa el puesto 37º del Índice de Percepción de Corrupción. El fenómeno está muy extendido ahora que el país vive una transición a la economía de mercado y donde el gobierno tiene un papel principal como productor, distribuidor y contratador. De hecho, la población es relativamente tolerante hacia la corrupción y da por hecho que las autoridades políticas emplean sus cargos públicos para beneficio privado. El país, la segunda economía mundial, también ha sufrido su Chinaleaks hace dos años cuando se filtraron millones de archivos sobre fortunas ocultas basadas en entramados de abusos, ilegalidades y corruptelas. El uso masivo de cuentas opacas en paraísos fiscales salpicó a políticos, empresarios, gerentes de compañías estatales y a 13 familiares de varios mandatarios y altos dirigentes comunistas, incluido el actual presidente, Xi Jinping.

Entre los países con menos de 50 puntos del Índice encontramos a Rusia (29 puntos y puesto 119º); Brasil (38 puntos y puesto 76º) que destaca, además, por ser el país que más desciende; México (35 puntos y puesto 95º) y Argentina (obtiene 32 puntos y puesto 107º).

En Rusia, y según han publicado algunos medios, la corrupción se come un tercio del PIB nacional cada año. Las redes, la oposición y los intelectuales no dejan de quejarse y de relatar casos de corrupción de la élite rusa, tolerada o protegida por el gobierno. Ha pasado de ser un país comunista a contar con una clase social muy alta: se estima que el 10% de la población tiene más de un millón de euros y pasión por el lujo y la ostentación; unas 20.000 personas tienen más de cien millones de euros en sus cuentas bancarias; mientras, el 60% de la población sobrevive con ingresos inferiores a los 250 euros mensuales. Inflar los precios de las construcciones civiles o la relación de hombres influyentes con bandas organizadas, son algunos de los pilares de la corrupción rusa con casos que han saltado a la luz pública, aunque con bastante impunidad como denuncian varios blogueros del país.

Por su parte, en Brasil, acabamos de asistir al impeachment de la presidenta, Dilma Rousseff, por un claro caso de fraude: el maquillaje de las cuentas públicas. Pero sin duda fue el caso Petrobras, y el blanqueo de dinero, el caso de corrupción más fuerte que ha sufrido Brasil: más de 10.000 millones de reales (unos 2.400 millones de euros) fueron desviados para el pago de sobornos a altos cargos políticos y empresariales entre 2004 y 2012.

¿Y cuáles son los países ejemplares?
En la franja de los países que superan, pero rondan, los 50 puntos en el Índice de Percepción de Corrupción encontramos a España cuya puntuación descendió en 2015 hasta los 58 puntos, ocupando el puesto 36º; Eslovenia (60 puntos y puesto 35º) y por debajo República Checa y Corea del Sur (ambos con 56 puntos y en el puesto 37º).

Más arriba, y por lo tanto menos corruptos, encontramos a Estados Unidos que con 76 puntos ocupa el puesto 16º y Japón, con 75 puntos en el puesto 15º.

Los puestos más altos, es decir los países más transparentes, están ocupados por el menos corrupto, Dinamarca (por segundo año consecutivo con 91 puntos) seguido de Finlandia, Suecia, Nueva Zelanda, Holanda, Noruega, Suiza, Singapur, Canadá y Alemania, que comparte la 10ª posición con Luxemburgo y Reino Unido (81 puntos cada uno).

Cómo reducir la corrupción
Las razones de la reducida corrupción en Dinamarca, y en los países escandinavos o del norte de Europa en general, se deben al alto nivel de responsabilidad que se exige a los políticos. En 1993, el primer ministro danés dimitió por haber ocultado al parlamento que se habían retrasado deliberadamente los visados de los familiares de algunos refugiados tamiles. Los niveles de corrupción son mínimos, a nivel local o de baja intensidad: roban sí, pero cantidades pequeñas. Y cuando son cazados, asumen todas sus consecuencias: en Alemania ya hemos asistido a la dimisión de algún ministro (el de Defensa en 2011 y la de Educación en 2013) por plagiar su tesis doctoral. Otros casos más cercanos en el tiempo son las dimisiones de nuestro ministro de Industria, José Manuel Soria, y el primer ministro islandés, Sigmundur D. Gunnlaugsson, ambos por el caso de los Papeles de Panamá este mismo año.

En cualquier caso, el mismo informe que ha servido de fuente para este artículo, el Índice de Percepción de Corrupción 2015, estima que un 68% de los países de todo el mundo tiene un problema grave de corrupción pública: desde saqueo del patrimonio estatal, sobornos o malversación, pasando por negligencia en la asignación de fondos y gastos público, escándalos políticos o financieros, fraude electoral, tráfico de influencia o financiación ilegal de partidos políticos.

Autora: Elvira Calvo

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