El límite humano va a condicionar los MOOC

El límite humano va a condicionar los MOOC

07/02/2013 | FxM – Hugo Vázquez

Los límites humanos parecen infranqueables; así lo han sido a lo largo de la historia de la educación.

Las instituciones de educación universitaria están siguiendo los pasos de otras “industrias” que han hecho del mundo entero su área de acción. La capacidad de transmisión de datos, la cobertura geográfica y la accesibilidad a costes razonables que hace posible Internet, han motivado a las instituciones líderes en este campo a darle un nuevo impulso a la educación a distancia mediante una estrategia de posicionamiento de marca.

La educación a distancia comenzó hace casi un siglo con el envío de lecciones por correo y, lentamente, ha progresado al ritmo de (la democratización de) la tecnología sin dejar el papel, integró la radio, la televisión, los discos, las cintas de audio y vídeo, los CD y DVD y, finalmente, Internet.

El éxito en número de alumnos de los cursos en línea de instituciones reconocidas mundialmente no debería ponerse en duda. Conforme avance la cobertura de Internet en los países menos desarrollados y su población con conocimientos suficientes de inglés (la lengua franca de la ciencia) acceda a dichos cursos, será el prestigio de estas instituciones el factor que haga que sean la primera opción cuando se decida seguir un curso en línea.

Los límites a los que se enfrentan las instituciones de educación superior al poner en línea sus cursos son tecnológicos, humanos y financieros. Los primeros son fácilmente superables, ya que el ritmo de progreso de los programas informáticos para impartición, seguimiento y evaluación de los cursos ya los hace altamente operativos y confiables. Los límites humanos parecen infranqueables; así lo han sido a lo largo de la historia de la educación (a distancia) puesto que el porcentaje de los estudiantes que tienen el interés, la capacidad y el empeño suficiente para terminar un curso o carrera universitaria (no presencial) ha sido siempre bajo. Finalmente, la monetización de un producto fácilmente transferible por estar digitalizado es un problema en busca de solución, todavía la buscan la industria de la música y la editorial, ahora le toca buscarla a las instituciones de educación superior. La ventaja de éstas últimas es que para que el estudiante pueda obtener una certificación de sus conocimientos adquiridos en línea, pueden cobrar para expedir un certificado.

Otra forma de monetizar los cursos en línea será establecer convenios de colaboración con universidades locales para utilizar los cursos como parte de su programa académico, o con gobiernos y empresas para impartir cursos específicos a sus empleados.

No habrá que dejarse sorprender por los casos puntuales de estudiantes súper-inteligentes que surjan en los países menos desarrollados. Lo importante será el porcentaje de la población de un país que puede aprovechar este tipo de educación, quizás unos miles en un país centroamericano y seguramente millones en la India o China.

Otra cuestión a tener en cuenta es el valor (no tangible) que se obtiene al pasar cierto número de años conviviendo con personas del mismo rango de edad y con intereses profesionales similares. Al ser humano le es indispensable la interacción con sus similares y superiores para aprender, madurar y progresar en todos los aspectos de la vida, y esto no lo proporciona la educación a distancia de una carrera universitaria.

La educación en línea es, en cierto modo, algo nuevo y todavía no hay resultados, pues la “primera generación de alumnos” todavía no ha egresado. Sólo nos queda suponer el resultado que tendrá Internet en la educación a distancia.

¿Será posible que los que no habrían cursado una asignatura a distancia lo hagan ahora motivados por poder hacerlo en una institución líder e instalados en la comodidad de su casa?

Disfruta de más contenido