El precio de una medalla

En plena resaca de Río 2016, es hora de hacer balance y, por qué no, de traducir en dinero las medallas y el esfuerzo realizado. Los Juegos Olímpicos tienen la paradoja de ver reunidos a todos los deportistas de élite, ya sean de reconocido prestigio mundial y millonarios, como Rafa Nadal o Pau Gasol, o personas que, habiendo dedicado toda su vida a un deporte, apenas son conocidas fuera de su ámbito deportivo o social y que llevan una vida, digamos, menos acomodada. La natación, el atletismo y la gimnasia son los deportes olímpicos por excelencia, sin embargo, apenas conocemos a sus protagonistas. Pocos amantes del deporte y del espectáculo olímpico sabrán que Mireia Belmonte, nuestra flamante oro en 200 mariposa, tuvo problemas económicos cuando, en plena crisis, el club en el que entrenaba, el CN Sabadell, decidió que no podía mantener el coste de su fichaje. Afortunadamente, la Universidad Católica de Murcia, y más concretamente su presidente, salió en su ayuda al ponerse en contacto con el Comité Olímpico Español y convertirse en su mecenas. Probablemente, sin este gesto, Mireia no sería hoy el mascarón de proa del deporte español.

La afición a un deporte empieza en la edad escolar. Padres entregados invierten tiempo y dinero en traer, llevar y pagar clases a sus hijos con la esperanza de que algún día alcancen la gloria. Muy pocos son los elegidos. La constancia y la superación son virtudes difíciles de mantener. Los deportistas que forman la élite, aquéllos que acuden a las Olimpiadas cada cuatro años en representación de su país, dedican más tiempo a entrenar que cualquier otra persona a trabajar. ¿De qué viven? ¿Cómo se mantienen?

España cuenta, desde 1988, con el Programa ADO (Asociación de Deportes Olímpicos), un plan que apoya y promociona a deportistas de alto rendimiento a nivel olímpico, brindándoles los medios y recursos necesarios para llegar a lo más alto sin tener que “ganarse el pan” mediante un empleo. Antes de 1988, España sólo había obtenido 27 medallas, de las cuales 6 eran de oro. Desde que existe el Programa ADO, nuestro país ha triplicado el número de medallas olímpicas además de otros premios en campeonatos mundiales y europeos.

El deporte español ha pasado a la gloria tras Río 2016: 7 medallas de oro, 4 de plata y 6 de bronce. En total, 17 medallas que suponen un récord de superación. Y si para obtener los mejores resultados, se necesita constancia, esfuerzo y sacrificio en los entrenamientos, no menos importante es la ayuda económica, la aportación de material deportivo y el apoyo técnico. La ADO está compuesta por el Comité Olímpico Español (COE), el Consejo Superior de Deportes y RTVE, organismos que hasta la fecha han conseguido una aportación de 336 millones de euros para que los deportistas de élite españoles puedan participar en los Juegos de Barcelona, Atlanta, Sydney, Atenas, Pekín, Londres y, recientemente, Río.

¿Y de dónde sale todo ese dinero? Pues de trece socios y empresas patrocinadores como Coca Cola, Estrella Damm, Danone, Cola Cao, Pascual, El Corte Inglés, Repsol o Telefónica, entre otras, que proporcionan la aportación financiera. ADO concede a cada uno de los deportistas seleccionados en las diversas disciplinas olímpicas una beca que se traduce en una ayuda económica mensual de diferente cuantía, basada en los resultados obtenidos. Además, la asociación garantiza una serie de contribuciones de vital importancia para los deportistas españoles en el camino a los Juegos Olímpicos como la contratación de los mejores entrenadores, las concentraciones de los deportistas y la participación en distintas competiciones. A cambio, los deportistas becados deben guardar una serie de normas y obligaciones con las marcas patrocinadoras, como ceder su imagen o exhibir la marca ADO en su vestuario deportivo. En las últimas Olimpiadas, las de Río, han participado 306 deportistas españoles, más de la mitad forman parte del Programa ADO.

Y es que, si como espectadores, se nos pone la piel de gallina cuando uno de nuestros deportistas se sube al podio, resulta difícil saber qué sienten los deportistas ganadores cuando se saben con el premio. El espectáculo de ver llorar, gritar o saltar de alegría a un atleta que acaba de conseguir medalla, nos contagia. Años de esfuerzo, sacrificios, lesiones, dietas y entrenamientos no consiguen reprimir las lágrimas que brotan de nuevo en lo alto del podio, cuando el deportista recibe la medalla, escucha el himno de su país y recuerda los sacrificios realizados, pero también a las personas que apostaron por él o a los seres queridos que ya no están.

La medalla olímpica es el sello de los elegidos, la que les sitúa en la gloria olímpica y en la historia del deporte nacional e internacional. Años de vida concentrados en el tiempo, a veces minutos, que dura la prueba. ¿Realmente, un metal compensa tanto esfuerzo? Probablemente, no, pero han luchado, y soñado, tanto por ese minuto de gloria…

Después vienen otras compensaciones: el prestigio, las felicitaciones, la bienvenida y la recompensa económica, que ayudan y mucho. Los ingresos que perciben nuestros olímpicos vienen determinados por el premio estipulado en los Juegos Olímpicos (congelado desde 2008 por la crisis) y por las propias federaciones. En Rio, los ganadores de una medalla de oro reciben 94.000 euros, 48.000 por la de plata y 30.000 por la de bronce. En las disciplinas por parejas, esas cantidades se reducen hasta los 75.000, 37.000 y 25.000 euros por cada oro, plata y bronce; y cuando se trata de equipos, cada miembro recibe 50.000, 29.000 y 18.000 euros.

Aparte, reciben otra cantidad por parte de sus federaciones. En España, lo máximo son 60.000 euros, lejos de la cantidad que pagan otros países como Singapur (675 mil euros por el oro), Indonesia (343 mil), Azerbaiyán (228 mil) Kazajistán (206 mil) o Italia (165 mil). Entre los países que pagan menos que España están Francia (59 mil), Rusia (54 mil) o Estados Unidos o Canadá (entre 13 mil y 22 mil euros). Cuántas más posibilidades de ganar medallas, menos es la cantidad destinada a los deportistas ganadores. Como curiosidad, hay que señalar que algunos países no pagan nada a sus flamantes deportistas.

Autora: Elvira Calvo (22 de agosto de 2016)

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