En defensa del 1 por ciento

En defensa del 1 por ciento

26/06/2013 | FxM – Hugo Vázquez

¿Debe haber algún límite para la acumulación de la riqueza personal? ¿Acaso no es justo que un empresario o un emprendedor hagan crecer su empresa “hasta el infinito y más allá…”? ¿Es injusto que el uno por ciento de la población mundial posea el 40 por ciento de la riqueza global?

En la naturaleza el dominio del individuo sobre el conjunto se da como resultado de sus características superiores para sobrevivir en el ambiente en el que se desempeña, por ello no debería sorprendernos que exista desigualdad dentro de un conjunto de individuos, pero la capacidad de raciocinio del ser humano nos lleva a cuestionarnos cuando esa desigualdad es extrema. La acumulación de la riqueza (y el poder) en pocas manos es una constante en la historia de la humanidad, prácticamente todas las civilizaciones han tenido que enfrentarse a este problema y la mayoría ha sucumbido antes de poder resolverlo.

Gregory Mankiw, profesor de economía en la Universidad de Harvard, ha escrito un ensayo, a publicarse en el Journal of Economic Perspectives, donde justifica la concentración de la riqueza en los EE. UU. en el uno por ciento de su población porque “la mayor parte de la riqueza de ese 1 por ciento se obtiene debido a sus sustanciales aportaciones económicas, no engañando al sistema o aprovechando las fallas del sistema económico o político.” Y lo justifica diciendo que: 1. El sistema fiscal de los EE. UU. es “muy progresivo”; 2. En el mercado laboral, de manera general, los ingresos económicos se corresponden con el valor de la productividad del trabajador; 3. El uso de las infraestructuras por parte de ese uno por ciento es similar al del resto de la población, a pesar de pagar más impuestos.

Dentro de los que integran ese uno por ciento a nivel mundial quizás haya que diferenciar a los emprendedores de los especuladores, porque no es lo mismo generar riqueza innovando en la producción y distribución (desde Henry Ford hasta Amancio Ortega), que generarla mediante especulación financiera o aprovechando las fallas del sistema (desde George Soros hasta Carlos Slim).

En el siglo XX fue cuando se empezó a establecer una distribución del ingreso más justa, no a través de la repartición directa de la riqueza pero sí mediante su redistribución a través de las infraestructuras, las comunicaciones, los servicios de salud y educación puestos a disposición de amplios sectores de la población y mantenidos mediante la recaudación de impuestos, lo que ha favorecido la movilidad social ampliando las clases medias.

¿Podemos darnos por satisfechos con esa ampliación del bienestar hacia sectores cada vez mayores de la sociedad y no sentirnos ofendidos por esa riqueza acumulada por el uno por ciento?

Paul Krugman sugiere que en el siglo XXI el aumento de la concentración de la riqueza se debe a la creciente importancia de los ingresos por dominio del mercado y no por el retorno de la inversión, o sea que se está acumulando la riqueza no por ser el mejor sino por limitar el acceso de los competidores al mercado (como en el caso de la actual guerra de patentes o como la Venecia del siglo XIV). Para ejemplificarlo compara a General Motors en los años 50 y 60 con la actual Apple, la primera tenía entonces un gran poder sobre su mercado y sus ingresos provenían de su capacidad de producción (empleando alrededor del 1 por ciento de la mano de obra no agrícola de los EE. UU.), mientras que en la actualidad Apple solo emplea alrededor del 0,05 por ciento de esa mano de obra pero es una de las dos empresas con mayor valor de mercado de los EE. UU., y ha acumulado una gran cantidad de dinero por sus ventas globales (que no utiliza o reinvierte) y tiene abierto un frente de batalla en el campo de las patentes.

Dani Rodrik, profesor de economía de la Universidad de Harvard, vaticina la ralentización del desarrollo económico de los países del tercer mundo debido a que “la era de la industrialización” como motor de crecimiento ha quedado atrás, debido al avance de la tecnología que hace que la fabricación de productos sea mucho más basada en conocimiento y capital que en mano de obra, dando como resultado que la capacidad de transformación de un país agrario en uno urbano e industrial sea más complicada. Si a esto sumamos el aumento de la robotización (que facilitará que la producción se mantenga en los países desarrollados) y la existencia de una cadena de suministros global (dada la rapidez y facilidad del transporte), se complicará más el crecimiento económico de los países pobres.

La nota optimista la pone Tyler Cowen, de la Universidad George Mason y de la Universidad (en línea) Marginal Revolution, que dice que el panorama actual no debe hacernos creer que el crecimiento de estos países no se dará; si bien el modelo del crecimiento económico ha cambiado, todavía hay caminos de desarrollo como el que sigue la India en el sector de servicios (informático y atención telefónica). La innovación lograda en las naciones del primer mundo eventualmente llega a las del tercer mundo y es utilizada de manera también innovadora (cómo los móviles en algunos países de África).

Como respuesta a la concentración de la riqueza a través de prácticas especulativas, y el estancamiento de la movilidad hacia arriba en la escala de distribución de la riqueza, están surgiendo movimientos populares que reclaman mejoras en la educación, en el funcionamiento de las instituciones (especialmente en las financieras) y el gobierno, ya que ven los fallos en el sistema como obstáculos para el bienestar de la sociedad en su conjunto y la posibilidad de ser partícipes de la riqueza nacional o gl
obal. Ejemplo de esto son “La primavera árabe”, el movimiento mexicano “#Yosoy132”, el “OccupyWallStreet” en los EE. UU., los “Indignados” en España, y recientemente los turcos y brasileños.

Si bien no hay que poner un límite a la acumulación de la riqueza, por el bien de todos sí debería haberlo para la existencia de la desigualdad excesiva, ya que ésta implica fallos en la redistribución de la riqueza que lastran el progreso de la sociedad en su conjunto y favorecen la generación de conflictos que pueden poner en peligro a toda una nación, o varias.

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