Fintech: hacia una banca más eficaz, rápida y barata

El término “fintech” proviene de la contracción de las palabras inglesas finance y technology y define tanto a los productos y servicios financieros tecnológicamente avanzados como a las empresas financieras que los ofrecen. Al hablar de “tecnológicamente avanzados” nos referimos a innovaciones TIC (Tecnologías de la Información y la Comunicación) que permiten mayor eficacia y menos costes.

Las empresas fintech utilizan la tecnología para hacer que el sector financiero sea más eficiente ofreciendo servicios innovadores a través de nuevos canales de distribución, especialmente dirigidos a los segmentos de mercado más sacudidos por la crisis: las pymes y los autónomos, los pequeños ahorradores y los millenials.

Los objetivos fundamentales de las iniciativas fintech pasan por ofrecer nuevos servicios financieros con el apoyo de la tecnología, añadir valor a los servicios financieros actuales, ofrecer productos y servicios exclusivamente online y reducir eficientemente los costes tradicionales. Estos objetivos ofrecen unas ventajas que han encumbrado al sector: gestiones más eficientes, ahorro de tiempo e inmediatez. Aunque aún tiene que superar algunas trabas como el problema de la seguridad, el uso generalizado y la poca o escasa penetración de internet en zonas rurales.

Las empresas fintech suelen ser startups expertas en nuevas tecnologías que crean productos específicos para que el sector financiero se suba al carro de la innovación y pueda ofrecer a sus clientes servicios online, es decir, más rápidos y más eficaces, con el consiguiente abaratamiento para las entidades a largo plazo. Las startups fintech se focalizan en cuatro grandes áreas de negocio: pagos y transacciones, gestión de finanzas personales, plataformas de consultoría y comercialización para inversiones, y nuevos planteamientos de financiación y concesión de créditos.

Gracias al fintech han cambiado y mejorado las relaciones entre las entidades financieras y sus clientes. Hoy es posible, no sólo consultar nuestras cuentas o hacer transferencias a través del móvil, sino que también podemos solicitar un crédito o comprar acciones. Sin salir de casa, sin firmar un contrato en papel. Todo ello ha traído, sin duda, una serie de ventajas que son las que han permitido encumbrar a las fintech: comodidad y ahorro. Comodidad física y horaria (desde cualquier sitio, con acceso a internet, eso sí, y a cualquier hora) y ahorro (de tiempo y de costes).

La banca electrónica, y más tarde la banca por internet o en línea (online), está en el origen de los servicios fintech. Se desarrolló completamente en Estados Unidos a mediados de la década de los 90, época en la que llegó a España. Desde las primeras tarjetas de crédito que nos permitieron comprar en comercios o sacar dinero en los primeros cajeros, pasando por la banca electrónica, que nos permite hacer operaciones a través de nuestro smartphone, hasta la creación de entidades bancarias exclusivamente virtuales tan en boga actualmente. Todo eso es fintech: servicios financieros que facilitan nuestra vida cotidiana gracias a las nuevas tecnologías.

Originalmente, el sector fintech se desarrolló en Silicon Valley y en Londres, pero su expansión internacional ha sido espectacular. En España, por ejemplo, ya hay más de un centenar de empresas dedicadas a ello. La inversión mundial en fintech se ha multiplicado por 20 entre 2008 y 2015. Si en 2014 fue de 12.200 millones de dólares, en 2015 alcanzó los 22.000. Durante este año de 2016, la cifra ha seguido creciendo espectacularmente (un 67% sólo en el primer trimestre) y es que el sector fintech va más allá de la banca móvil: abarca el big data, el crowdfunding, el mercado de divisas, la gestión del riesgo, los servicios de asesoramiento financiero y el trading, entre otros servicios. Y ya no sólo en Estados Unidos, país donde se desarrolló el sector: según un estudio de la empresa Accenture, Europa se ha convertido ya en el mercado donde más crece la inversión, con un aumento del 215% en 2014 respecto al año anterior (1,480 millones de dólares).

Pero no todo el sector financiero ve parabienes en las fintech. Los grandes bancos ya se han sumado al reto, pero aún quedan algunos que las ven como una amenaza, sobre todo en relación a la reducción de oficinas y, por tanto, de empleos. La Asociación Española de Fintech e Insurtech (AEFI) quiere elaborar un libro blanco regulatorio que permita a las distintas autoridades entender las necesidades del sector y promover una adaptación regulatoria a las fintech que desarrollan actividad en España. Entre los objetivos se han propuesto la coordinación entre supervisores y reguladores; la unificación y mejora de las herramientas de supervisión; el facilitar el emprendimiento agilizando los trámites y plazos necesarios para crear una empresa; potenciar que se aligere la carga fiscal en los primeros meses de actividad; y la protección al consumidor. La Asociación considera que la falta de una regulación es una barrera de entrada de nuevos competidores en el sector financiero.

Ahora que ya sabemos más sobre el sector fintech, creo que solo queda ver su rápida expansión gracias a la unión de dos potentes sectores: el financiero y el tecnológico.

Autora: Elvira Calvo (1 diciembre 2016)

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