Gunnar Myrdal – Premio Nobel de Economía de 1974

Solo se conoce el caso de un Nobel de Economía que se haya arrepentido por haberlo aceptado. Fue en 1974 y casualmente un sueco, Gunnar Myrdal, la excepción que confirma la regla de la gran satisfacción que expresan los laureados en sus discursos de recepción del premio. Y es que hay que distinguir dos Myrdal, el economista teórico de sus primeros años y el activista político comprometido y beligerante de la segunda parte de su vida.

El Myrdal economista  

Los primeros trabajos de Myrdal, por los que le concedieron el premio Nobel, tienen que ver con la teoría monetaria y las fluctuaciones cíclicas de la actividad económica. Él es el que introduce por primera vez elementos dinámicos en el análisis macroeconómico, como el de los conceptos ex-ante y ex-post para discutir la pretendida igualdad clásica entre el ahorro y la inversión. Myrdal dice que ambas variables no son simultáneas, que primero se ha de constituir el ahorro para luego transformarlo en inversión y, aunque al final ambas magnitudes coincidan, lo mismo que en el diccionario, primero va el ahorro y después vendrá la inversión.

El problema de su rechazo del premio se puede explicar en parte porque se lo concedieron con cincuenta años de retraso, después de que hubiese evolucionado desde su época académica hasta su activismo político dentro del ámbito socialdemócrata. En los años 70 se mostraba muy crítico con los profesores universitarios y con sus colegas de profesión, a los que acusaba de incompetentes por ocuparse de “pequeñas cosas” y no de combatir las desigualdades y las injusticias sociales del mundo que les rodeaba.

Además, la Academia Sueca de las Ciencias hizo un curioso guiño, posiblemente intencionado, para demostrar su imparcialidad, concediendo el premio de 1974 a dos intelectuales que podríamos calificar de antagónicos. La sorpresa que causó su decisión fue mayúscula, pues los planteamientos de ambos laureados podrían neutralizarse mutuamente. Al político comprometido con la izquierda, que era Myrdal, se le emparejaba con Hayek, el máximo representante del liberalismo militante. Una jugarreta que puede explicar el enfado del primero y su rechazo inicial del premio, aunque luego terminase por reconciliarse con una Institución que, como veremos, se portaba tan bien con la familia.

Los Myrdal

El cambio de la decisión del Nobel sueco es muy posible que estuviese motivado por la influencia de Alva Reiner, una mujer de una personalidad extraordinaria, a la que conoció cuando ella tenía 17 años y él 21, con la que se casó y de la que no se separó en sus 64 años de matrimonio. Únicamente la muerte acabó con aquella unión y aún así Myrdal sólo  sobrevivió un año más sin la presencia de su esposa.

Alva Myrdal ejerció indudablemente una gran influencia sobre su marido, que siempre reconoció la fascinación y la admiración que sentía por ella. Alva también recibió el premio Nobel, en su caso el de la Paz de 1982 y como su marido también fue embajadora en la India, directora de una Comisión de las Naciones Unidas, senadora y ministra del gobierno sueco. La diferencia en este caso es que mientras Gunnar desempeñó el cargo de ministro de Comercio, Alva fue puesta al frente del Ministerio del Desarme y de la Iglesia (¡¡¡ sic !!!).

La economía interdisciplinar

En sus escritos reivindicativos y especialmente en su obra “El drama asiático”, traducido a nuestro idioma con el sugestivo título de “La pobreza de las naciones”, Myrdal afirma que el problema del subdesarrollo no es tanto una cuestión económica, sino de una serie de factores interrelacionados que impiden que las recetas del primer mundo sean efectivas en el tercero.  Es más, añade que incluso las ayudas que reciben los países pobres en forma de préstamos y donaciones son contraproducentes y deberían eliminarse. Algo que años más tarde también propone el Nobel de Economía de 2015, Angus Deaton.

Manifiesta con rotundidad que el problema no es ni de riqueza ni de recursos, sino de instituciones, como la educación, la sanidad, la justicia, la política, las costumbres y en general todo lo relativo a la organización del entorno social de cada país. De alguna manera es como si redescubriese el viejo proverbio chino que propone no regalar un pez al pobre, sino enseñarle a pescar.

Myrdal dice, por ejemplo, que las donaciones de leche en polvo de la ayuda americana puede que resuelvan casos puntuales, pero impedirán la consolidación de una ganadería autóctona, es decir, apunta decididamente a que cada nación busque su propia vía para el desarrollo, sin que se le pretendan imponer fórmulas ajenas a sus culturas y a sus tradiciones.

Para conocer un poco más a fondo sobre cada uno de los galardonados recuerda que puedes consultarlo todo en el libro ‘Una corona de laurel naranja’ o entrando al siguiente blog.

José Carlos Gómez Borrero

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