Hacienda le hace una entrada a Messi

Hacienda le hace una entrada a Messi

15/06/2013 | Simon Kuper – Financial Times Español

Cuando Lionel Messi tenía 13 años, él y su familia dejaron Rosario, su ciudad natal en la provincia argentina de Santa Fe, y volaron hacia Barcelona llorando sin consuelo. Era el primer viaje en avión del adolescente. Cuando llegaron a Barcelona, los Messi se sorprendieron al descubrir que la ciudad estaba junto al mar.

Messi había emigrado porque era un prodigio controlando el balón a pesar de su 1,40 metros de estatura, o 4 pies y siete pulgadas. Para hacerlo crecer hasta una estatura normal requería un tratamiento hormonal que tenía un coste mensual de 900 dólares. Su padre, obrero metalúrgico, no podía pagar el tratamiento, y ningún club argentino lo quiso pagar. Pero uno de sus primos, que vivía en Cataluña, dio aviso al FC Barcelona y en un partido de prueba con el Barça Messi anotó cinco goles. Su padre firmó entonces un contrato en una servilleta. El Barça pagó por el tratamiento hormonal y, cada noche, el adolescente se lo inyectaba en los pies. Logró crecer hasta los 1,69 metros. Hoy, a los 25 años, es el mejor jugador de futbol del mundo – quizás el mejor de todos los tiempos.

Esta semana apareció una mancha en su CV. La Fiscalía inició un procedimiento acusando a Messi y su padre de cometer fraude fiscal por una cantidad de más de 4 millones de euros. Lo cual niega su familia. ¿Es Messi la marca global más reciente– después de Apple, Starbucks, Google, Amazon y el presidente del Bayern Munich (Uli Hoeness) – que ha sufrido mella en su reputación por demandas sobre evasión fiscal?

Hay grandes futbolistas de nacimiento y grandes futbolistas por formación. Messi es de ambos tipos. Es un genio individual en la tradición argentina del “pibe”, o “chico”, el chico que regatea espontáneamente. Pero el Barcelona, en su reconocida academia canterana, la Masía, le enseñó las virtudes del pase y el juego en equipo.

Hoy en día casi todos los grandes atletas crecen protegidos del mundo normal. Son alentados a concentrarse en el deporte, mientras su entorno – una mezcla de familiares y confidentes de toda la vida – se encarga de lo demás. Su entorno busca consejeros para administrar el dinero. Estos consejeros a menudo son elegidos más por su carisma y cercanía que por sus conocimientos. El padre de Messi dice en las alegaciones: “Todo esto es un error. Tienen que hablar de esto con expertos en impuestos y abogados para aclararlo todo. No entiendo lo que está pasando. Yo no controlo estos asuntos, soy un residente de Argentina”.

La demanda dice que Messi escondió “una cantidad considerable de ingresos” provenientes de sus derechos de imagen a través de paraísos fiscales como Uruguay y Belice. Dice que el jugador y su padre mostraron “opacidad total” hacia las autoridades españolas.

Sea cual sea la verdad, una dif
erencia sobresale entre Messi y alguien como Hoeness, un inteligente hombre de negocios que entiende los beneficios de una cuenta en un banco suizo.
Messi es solo un jugador de futbol. Poco parece pasar bajo ese peinado de niño. Nunca se le ha escuchado decir una frase interesante. Siendo un introvertido sin carisma, le falta esa salvaje poesía de su antecesor argentino, Diego Maradona. Su vida familiar junto a su novia y su bebé aburren al público. Messi interesa solo como futbolista.

Su visión del campo es más completa incluso que la de los espectadores de la parte más alta de las gradas. Regateando con pasos de tres cuartos puede cambiar de dirección más rápido que cualquier oponente. Al ser bajito, tiene un equilibrio superior. Y, al contrario que algunos grandes regateadores, se enfoca en el gol. En 2012 marcó el récord (casi inconcebible) de 91 goles en 69 partidos. Ha sido votado el mejor jugador europeo por cuarto año consecutivo, lo que marca otro récord. Ha ganado dos Champions League Europeas y cinco títulos españoles con el Barcelona. Cuando en abril se reunió con Francisco, el nuevo papa argentino amante del futbol, era incierto quien estaba más sorprendido de quien.

Más que eso, Messi hace al mundo más feliz. En el campo, parece un niño jugando. Cuando recibe un balón y echa a correr, llevándolo al lado, parece un chico llevando a su perro. Mientras Cristiano Ronaldo, el segundo mejor futbolista del mundo, frunce el seño continuamente, el argentino mira al vacío o sonríe. No hay cinismo en su juego. Pocas veces comete faltas; se niega a ser sustituido, aún en partidos sin importancia; y continúa buscando el gol aún cuando la victoria está asegurada – lo que lo ha llevado a acumular 91 goles. Vivimos en la era Messi, y quizás la mejor manera de vivirla es viéndolo jugar cada partido.

Cada semana Messi demuestra su calidad en público. Eso lo coloca dentro de la élite global. Una constante durante estos años de crisis ha sido la caída de reputaciones. Gente en la cima resulta ser un fraude: traders que contabilizaron grandes “beneficios” terminaron hundiendo sus bancos; altos ejecutivos que un día aparecían en las portadas de las revistas, a la mañana siguiente estaban en el banquillo de los acusados; atletas célebres han sido defenestrados por dopaje (ninguna droga podría ayudar a alguien a jugar como Messi). David Cameron quizás no habría llegado a ser primer ministro del Reino Unido si sus acaudalados padres no lo hubieran enviado a Eton. Messi es uno de los raros miembros del uno por ciento que han llegado ahí por sus propios méritos. Otros tienen pies de barro; él tiene pies de oro. Consecuentemente pocos se quejan de sus ingresos, los cuales la revista Forbes calcula en 41,3 millones de dólares en 2013. Su patrimonio generalmente se considera bien ganado.

Pero Messi tiene todavía que probar más cosas este año. El Barcelona – el equipo europeo líder durante la era de Messi – fue humillado en la semifinal de la Champions League por el Bayern de Munich. El reto de este jugador es regresar al Barça a la cima.

Sin embargo, él tiene todavía que probar su valía en su propio país. Aunque mantiene el acento argentino de Rosario su ciudad natal, no es querido por los argentinos, que a menudo dicen que su espíritu es español. Se le ha acusado de no cantar el himno nacional argentino. A pesar de sus 91 goles, quedó en tercer lugar en la votación del atleta argentino del año en 2012. Con la selección argentina de futbol no ha ganado nada (a pesar de haber ganado el oro olímpico en 2008). Hay quien dice que deslumbra en el Barcelona gracias a la excelencia de sus compañeros de equipo – la mayoría de ellos, cuando han jugado en la selección española, han sido campeones europeos y mundiales sin tenerlo al lado.

Se entiende que los grandes futbolistas demuestran su valía en los Mundiales. Si Messi lleva a Argentina a la gloria en Brasil 2014 la mayoría coincidirá en que es el mejor futbolista de la historia. Y ningún escándalo sobre impuestos podrá tapar eso.

Lionel Messi, The wizard of Barcelona gets tackled by the taxman

06/15/2013 | Simon Kuper – Financial Times English

When Lionel Messi was 13 years old, his family left the provincial Argentine town of Rosario and flew weeping to Barcelona. It was the boy’s first flight. Arriving in the Catalan capital, the Messis were surprised to discover that the city was on the sea.

Messi had migrated because he was a footballing prodigy who was just 1.40 metres tall, or 4ft 7in. To grow to a normal height, he needed hormone treatment costing $900 a month. His steelworker father could not afford it. No Argentine club would fund it. But a cousin in Catalonia had alerted FC Barcelona. In a trial match for Barça, Messi scored five goals. His father signed a contract on a napkin. Barça paid for hormones and, every night in Catalonia, the boy injected them into his feet. He grew to 1.69 metres. Today, at 25, he is the best footballer on earth – perhaps the best ever.

Yet this week a blot appeared on his CV. A Spanish financial crimes prosecutor lodged a legal filing accusing Messi and his father of committing tax fraud worth more than €4m. The family denies it. Is Messi the latest global brand – after Apple, Starbucks, Google, Amazon and Bayern Munich’s president Uli Hoeness – to have his reputation sullied by alleged tax-dodging?

There are great born footballers, and great made footballers. Messi is both. He is an individual genius in the tradition of the Argentine pibe, or “boy”, the spontaneous child dribbler. But Barcelona’s celebrated youth academy, the Masía, taught him the European virtues of passing and collective play.

Almost all great athletes nowadays grow up shielded from normal life. They are encouraged to concentrate on sport, while the entourage – a mix of family and longtime confidants – runs everything else. The entourage finds advisers to handle money. These advisers are often chosen more for their charm and proximity than their expertise. Messi’s father said of the allegations: “It is all a mistake. You have to speak about this to the tax experts and lawyers who need to clear it up. I don’t understand what is going on. I don’t
manage these matters, I am resident in Argentina.”

The court filing says the Messis hid “significant income” from image rights by channelling earnings through tax havens such as Uruguay and Belize. It says the player and his father displayed “total opaqueness” towards the Spanish authorities.

Whatever the truth, one difference stands out between Messi and someone such as Hoeness, a savvy businessman who understood the benefits of a Swiss bank account. Messi is a footballer only. Not much seems to go on beneath that little boy’s haircut. He has never been heard to say an interesting sentence. An uncharismatic introvert, he lacks the wild poetry of his great Argentine forebear, Diego Maradona. His home life with girlfriend and baby son bores the public. Messi is interesting only as a footballer.

He sees the field more clearly than even spectators high in the stands. Dribbling with three-quarter steps, he can change direction faster than any opponent. Being tiny, he has superior balance. And, unlike some great dribblers, he is focused on goal. In 2012 he scored a record (and almost inconceivable) 91 goals in 69 games. He has been voted European footballer of the year four times running, another record. He has won two European Champions Leagues and five Spanish titles with Barcelona. When he met Francis, the new football-loving Argentine Pope in April, it was unclear who was more in awe of whom.

More than that, Messi makes the world happier. On the field, he resembles a child at play. When he receives a ball and sets off running, letting it trot alongside him, he looks like a boy out with his pet dog. Where Cristiano Ronaldo, the world’s second-best player, scowls perennially, the Argentine looks blank or smiles. There is nothing cynical about his play. He seldom fouls; refuses to be substituted, even in pettifogging games; and continues chasing around long after victory is sealed – which is how he got to 91 goals. We live in the age of Messi, and perhaps the best way to spend it is to watch his every match.

Messi proves his quality in public every week. That sets him apart within the global elite. One constant during these years of crisis has been the tumbling of reputations. People at the top turn out to be frauds: traders book huge “profits” that end up destroying their banks; chief executives appear on magazine covers one moment and in the dock the next; celebrated athletes are busted for drugs (no drug could help anyone dribble like Messi). David Cameron might not have become UK prime minister had his rich parents not sent him to Eton. Messi is a rare member of the one per cent who indisputably got there on merit. Others have feet of clay; he has feet of gold. Consequently, few complain about his earnings, which Forbes magazine estimates at $41.3m this year. His wealth is generally considered deserved.

Still, even Messi has things to prove this year. Barcelona – Europe’s pre-eminent team in the Messi era – were humiliated by Bayern Munich in the Champions League semifinal. The player’s challenge is to return Barça to the top.

He has most to prove in his own country, however. Though he has hung on to his Rosario accent, he is not beloved by Argentines, who often dismiss him as spiritually Spanish. He has been accused of not singing the national anthem. Despite those 91 goals, he finished third in the vote for Argentine sportsman of 2012. He has won nothing with Argentina’s full national team (though he led a youth side to Olympic gold in 2008). Some say he shines for Barcelona thanks chiefly to brilliant teammates – most of whom, playing for Spain, became European and world champions without him.

By convention, great footballers prove themselves at world cups. If Messi leads Argentina to glory in Brazil next year, most people would agree he is the best ever. No tax scandal would diminish that.

Copyright &copy «The Financial Times Limited«.
«FT» and «Financial Times» are trade marks of «The Financial Times Limited».
Translation for Finanzas para Mortales with the authorization of «Financial Times».
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