Hay que resistir el chantaje de Rusia en relación con Ucrania

Hay que resistir el chantaje de Rusia en relación con Ucrania

21/10/2015 | Martin Wolf (Financial Times) – Financial Times Español

Un hombre asesina a sus padres y luego pide misericordia ante la corte por ser un pobre huérfano. Ésta es la definición de un evidente descaro. Pero ahora tenemos una nueva. Con un endeble pretexto, un país se apodera de partes del territorio de un país vecino y fomenta una guerra civil en el resto de él. Pero también insiste en que, si no se le paga en su totalidad una deuda contraída por su arruinada víctima, vetará la ayuda internacional que sus acciones han convertido en una necesidad vital. Así es como Rusia se está comportando con respecto a Ucrania. Eso, también, es un flagrante descaro. Y también es un chantaje. Tal comportamiento no es de extrañar. No debe tener éxito.

La historia es incluso todavía peor. El préstamo en cuestión — un bono con un valor nominal de 3 mil millones de dólares emitido en diciembre de 2013 — tenía como propósito ‘facilitar’ la decisión de Viktor Yanukovich, el presidente derrocado posteriormente, de rechazar un acuerdo de asociación con la UE. Hoy en día, Rusia aparentemente quiere que la comunidad internacional financie el reembolso total del dinero que le adelantó a Ucrania para persuadirlo a tomar una decisión innecesaria de escoger a Rusia en vez de Europa. En realidad, sin embargo, Rusia quiere vetar un préstamo planificado de 17,5 mil millones de dólares del Fondo Monetario Internacional (FMI) dirigido a ayudar al país que ha buscado arruinar. Legalmente, el FMI puede no prestar a un país si se encuentra en mora en relación con un préstamo oficial. Rusia argumenta que el bono, que adquirió con términos que favorecían a Ucrania, fue un préstamo concesional. De hecho, Rusia desea utilizar este préstamo para evitar que su víctima reciba ayuda.

Entonces, ¿qué debe hacerse?
Un punto de partida es rechazar las justificaciones que Rusia dice y las razones que promueve en cuanto a su hostilidad hacia el actual gobierno de Ucrania.

Vladimir Putin, el presidente de Rusia, parece pensar que los gánsteres pueden permanecer en el poder durante todo el tiempo que deseen y usar cualquier método que les apetezca. Nosotros no tenemos ninguna razón para estar de acuerdo. La propaganda rusa insinúa que el gobierno de Kiev está formado por un grupo de fascistas. Pero al conocer a Petro Poroshenko, el presidente de Ucrania, queda claro que se trata de otra ‘gran mentira’.

Rusia argumenta que, si Ucrania estableciera una relación más estrecha con el Occidente, su propia seguridad se vería amenazada. Pero el Occidente no representa ningún peligro militar contra este país con armas nucleares, mientras que Rusia sí representa una amenaza para sus propios vecinos. Un sinnúmero de rusos parecen creer que la historia les otorga la propiedad de Ucrania. Nosotros no podemos aceptar tal argumentación. El gobierno ruso considera que tiene derecho a apoderarse de territorios por la fuerza. El Occidente debe rechazar esta doctrina. El actual gobierno ruso desprecia las creencias occidentales que aseguran que los individuos tienen derechos políticos y que los gobiernos existen para servir y obedecer al pueblo. El Occidente no debe estar de acuerdo con el gobierno ruso.

Al rechazar este tipo de actitudes rusas, el Occidente debe buscar un “modus vivendi” con Rusia que incluya todos los grandes asuntos, entre ellos, y no menos importante, Ucrania. Pero debería hacerlo sin sacrificar a Ucrania.

El actual gobierno de Ucrania heredó un terrible legado de más de dos décadas de total corrupción e incompetencia. Ucrania había sido como un cadáver al cual se podía robar más que un país. En la actualidad ha sufrido tanto una invasión como una guerra civil. Sin embargo, a pesar de una devastadora crisis económica, ha progresado ligeramente. La tasa de cambio liberada se ha estabilizado. El déficit exterior se ha reducido. Y una reforma significativa está ya en marcha.

Sin embargo, un importante asunto que contribuiría a la continuación del progreso es el alivio de la deuda. En agosto, después de arduas negociaciones, Ucrania llegó a un acuerdo con sus acreedores privados en relación a los 19 mil millones de dólares de deuda privada. Los rendimientos se reducirán drásticamente, los vencimientos se prolongarán, y el valor nominal de los bonos se reducirá en un 20 por ciento. Según el FMI, este acuerdo ha reducido las necesidades de financiación de Ucrania durante los próximos cuatro años en un monto de 15 mil millones de dólares.

Ucrania sostiene que el bono de Rusia debería ser considerado como una deuda comercial, y tratarse de la misma manera que otras deudas. Rusia insiste en que su bono debe pagarse en su totalidad en diciembre de 2015, a su vencimiento, como una deuda oficial. Adam Lerrick, del American Enterprise Institute, ha sugerido lo que parece ser un mutuo acuerdo inteligente. En esencia, el plan es compensar a Rusia por las condiciones favorables que ofreció en el préstamo original (una tasa del 5 por ciento frente a un rendimiento de mercado del 12 por ciento de los bonos a dos años en aquel momento) y luego tratar el préstamo de la misma manera que las otras deudas comerciales.

Para Ucrania, este acuerdo tendría un impacto mínimo sobre la sostenibilidad de la deuda. Para Rusia, esto no significaría una reducción alguna en el importe nominal del préstamo, como asegura, y un aumento en la tasa de interés que recibe de un 5 por ciento a un 6,5 por ciento, sino una extensión de la madurez de 4 a 12 años. Si Rusia quisiera un acuerdo razonable, aceptaría esta propuesta, la cual cumple con sus ostensibles exigencias, en particular la negativa a aceptar una reducción de su valor nominal. Es casi seguro que Rusia no tiene interés en ningún acuerdo y, por lo tanto, lo rechazará. Eso por lo menos aclararía sus verdaderos objetivos que son, casi con toda seguridad, parar los préstamos del FMI y así frustrar la recuperación de Ucrania.

Si es así, el Occidente no debe permitir que Rusia tenga éxito. Se debe encontrar una manera de prestarle el dinero a Ucrania que lo necesita tan desesperadamente. No se le puede permitir a Rusia que lleve a Ucrania a la ruina, y que también ejerza un veto sobre los esfuerzos para rescatarlo. Debería quedar claro que este tipo de comportamiento no cooperativo merece un mayor endurecimiento de las sanciones.

El presidente de Rusia puede ser desafiante. Pero él es racional. No hay duda de que preferiría que Ucrania fuera un dócil satélite ruso y no un país independiente; y que Ucrania estuviera arruinado y que no fuera un próspero país democrático. Pero el Occidente debería dejar claro que hay un precio que Rusia debe pagar por los obstáculos que ha presentado ante los esfuerzos para la creación de una Ucrania funcional. Y, sobre todo, debe estar decidido a proporcionar ayuda.

 

Resist Russia’s blackmail over Ukraine’s debt

10/21/2015 | Martin Wolf (Financial Times) – Financial Times English

A man murders his parents and then begs for the mercy of the court as a poor orphan. This is a definition of barefaced cheek. We have a new one. On a flimsy pretext, a country seizes some of a neighbour’s territory and foments a civil war in the rest. But it also insists that if a debt incurred by its ruined victim is not paid in full, it will veto the international assistance its actions have made vital. This is how Russia is behaving towards Ukraine. That, too, is barefaced cheek. It is also blackmail. Such behaviour is hardly surprising. It must not succeed.

The story is worse even than this. The loan in question — a bond with a face value of $3bn issued in December 2013 — was intended to sweeten the decision by Viktor Yanukovich, the subsequently ousted president, to reject an association agreement with the EU. Today, Russia apparently wants the international community to fund repayment in full of money advanced to cajole Ukraine into making an unnecessary choice of Russia over Europe. In reality, however, Russia wants to veto a planned $17.5bn loan from the International Monetary Fund aimed at helping the country it has sought to ruin. Legally, the IMF may not lend to a country if it is in arrears on an official loan. Russia is arguing that the bond, which it bought on terms favourable to Ukraine, was such a concessional loan. In effect, it wishes to use the leverage of this loan, to prevent its victim from being helped.

So what is to be done?
A starting point is to reject the justifications Russia feels and the reasons it advances for its hostility towards the current government of Ukraine.

Vladimir Putin, the Russian president, seems to think that gangsters may stay in power for as long as they wish and use whatever methods they desire. We have no reason to agree. Russian propaganda suggests that the government in Kiev is a bunch of fascists. But meeting Petro Poroshenko, Ukraine’s president, makes clear that this is another “big lie”.

Russia argues that, if Ukraine became closer to the west, its own security would be threatened. But the west poses no military danger to this nuclear-armed country, while Russia is such a threat to its own neighbours. Many Russians seem to believe that history gives them ownership of Ukraine. We cannot accept such a claim. The Russian government believes it is entitled to seize territory by force. The west must reject this doctrine. The current Russian government despises western beliefs that individuals have political rights and that governments exist to serve and obey the people. The west must not concur.

While rejecting such Russian attitudes, the west should seek a modus vivendi with it on all big issues, including, not least, Ukraine. But it should do so without sacrificing Ukraine itself.

The current government of Ukraine inherited a dreadful legacy of more than two decades of gross corruption and incompetence. Ukraine had been more a carcass to be plundered than a country. Now it has suffered both invasion and civil war. Nevertheless, despite a devastating economic shock, it has made some progress. The freed-up exchange rate has stabilised. The external deficit has shrunk. And significant reform is now under way.

However, an important contributor to further progress is debt relief. In August, after tough negotiations, Ukraine reached a deal with its private creditors on $18bn of debt to private parties. The face value of the bonds is to be reduced by 20 per cent and maturities are to be extended significantly. This agreement should, when implemented, postpone Ukraine’s cash outflows by $11.5bn of principal payments between 2015 and 2018.

Ukraine argues that Russia’s bond should be regarded as a commercial debt, to be treated in the same way as other such debts. Russia insists its bond must be paid in full in December 2015, when due, as an official debt. Adam Lerrick of the American Enterprise Institute has suggested what seems an intelligent compromise. In essence, the plan is to compensate Russia for the favourable terms offered in the original loan (a rate of 5 per cent against a market yield of 12 per cent on two-year bonds at that time) and then treat the loan in the same way as other commercial debts.

For Ukraine, this compromise would have a minimal impact on debt sustainability. For Russia, this need mean no writedown in the nominal amount of the loan, as it insists, and an increase in the interest rate it receives from 5 per cent to 6.5 per cent — but a maturity extension of four to 12 years.

If Russia wanted a reasonable deal, it would accept this proposal, which meets its ostensible demands, notably a refusal to accept a writedown of face value. Almost certainly, it has no interest in any deal and so will reject it. That would at least clarify its true objectives, which are, almost certainly, to halt IMF loans and so foil Ukraine’s recovery.

If so, the west must not let Russia succeed. A way needs to be found to lend the money Ukraine desperately needs. Russia cannot be allowed both to ruin Ukraine and hold a veto over efforts to rescue it. It should be made clear that such unco-operative behaviour merits further tightening of sanctions.

The Russian president may be difficult. But he is rational. No doubt he would prefer a docile Russian satellite to an independent Ukraine, and a ruined Ukraine to a prosperous democratic and pre-western one. But the west should make clear that a price is to be paid for Russia’s obstacles to efforts at creating a functioning Ukraine. Above all, it must be determined to provide help.

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«FT» and «Financial Times» are trade marks of «The Financial Times Limited».
Translation for Finanzas para Mortales with the authorization of «Financial Times».
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