Rafael del Pino y Moreno y su legado

Adaptación constante a una sociedad en evolución y la vista puesta siempre en el futuro.

¿Conoces a Rafael del Pino?

Al acabar la carrera, en una España con escasez de ingenieros, a Rafael le ofrecieron trabajo en Vías y Construcciones, cuyo propietario, Rafael González Iglesias, era buen amigo de su padre que, a la sazón, era subdirector adjunto a la Dirección de RENFE. Vías y Construcciones, a pesar de ser de talla mediana, tenía dos importantes ventajas. En primer lugar, estaba muy especializada, se constituyó con la finalidad expresa de dedicarse al tendido, renovación y conservación de vías férreas y más importante, la Sociedad tenía la exclusiva representación en España de la más moderna maquinaria para la renovación de vías, es decir, estaba a la vanguardia de la tecnología en esta especialidad.

En apenas dos años, Rafael ascendió al puesto de subdirector. Así, desde 1949, del Pino se ocupó de la gestión y modernización de la empresa en un momento en el que el sector del ferrocarril parecía presentar signos de recuperación tras el paso de las nefastas políticas económicas del primer Franquismo.

En esta época, viajó por Europa y América Latina para comprar maquinaria, y para aprender de las más punteras empresas. De esos viajes, volvería con dos innovaciones que sellarían su éxito en un futuro próximo: una nueva manera de preparar las traviesas de madera con un creosotado previo que evitara que se pudrieran y la soldadura aluminotérmica de los raíles. A pesar de ser ascendido a Director Ingeniero en 1951, la muerte González Iglesias en 1952 le hizo emprender la aventura en solitario.

Su proyecto personal


La creación de una empresa propia no sería inmediata, aunque no tardaría mucho firmó con MZOV, la empresa aportaba su infraestructura empresarial mientras que Rafael del Pino se encargaba de todo lo relacionado con las vías. Con dicho trabajo, se sintió preparado para iniciar la aventura en solitario. Vio que había una posibilidad de mercado en el que una empresa innovadora, joven y pujante tendría su sitio. Gracias a contactos, Ferrovial consiguió su primer contrato con RENFE a finales de 1952, aún en el proceso fundacional de la empresa. Nacida de la nada, Ferrovial necesitaba un socio con experiencia y cierto tamaño para afrontar las necesidades de un cliente como RENFE. Para ello, Ferrovial firmó un convenio de colaboración con MZOV que duró cinco años y del que Rafael del Pino fue gerente. El convenio proporcionó experiencia y, una vez acabado, también una importante cartera de obras con la que seguir creciendo.

El contrato de RENFE fue renovado anualmente durante 16 años. Durante esta primera etapa dedicada al negocio ferroviario, se pusieron las bases de lo que, en los mentideros de la empresa, se denominaría el “estilo Ferrovial”. Según los empleados más antiguos de la empresa, la “guarda pretoriana” que acompañó a Rafael durante décadas, no todo el mundo estaba preparado para trabajar en Ferrovial. Es cierto que la empresa pagaba más que sus competidores, pero la presión por los resultados era muy alta. De hecho, cada obra, cada tramo, era tratado como una empresa independiente que tenía que presentar sus resultados ante el propio del Pino quien delegaba poco la supervisión. En la casa se denominó a este tipo de gestión como la “conciencia del balance”. El concepto arraigó fuertemente en el ADN de la empresa y lo cierto es que tuvo bastante éxito, puesto que la empresa se asentó en el sector y tuvo importantes logros.

En 1955, Rafael se casó con Ana Calvo Sotelo y Bustelo, hija de Leopoldo Calvo Sotelo y Mercedes. A partir de entonces, la empresa no paró de crecer. Del Pino supo aprovechar asimismo el cambio de dinámica de la economía española que abrazaba “su” milagro.

El auge empresarial

El verdadero cambio fue la concesión para la “Construcción, conservación y explotación de la autopista de peaje Bilbao-Behobia”, junto con otras dos empresas de capital extranjero. Para ello, se crearía una sociedad concesionaria, Europistas Concesionaria Española, S.A, que abarcaría no solo el diseño de la carretera sino también de la explotación de los peajes. Este “todo en uno” supuso una importante novedad en el mundo de las infraestructuras de carretera en España. Supuso asimismo un ascenso fulgurante en el sector para Ferrovial que llegó a los 5.000 empleados.

El cambio de tamaño tuvo también otras consecuencias en términos de profesionalización y de internacionalización. Se configuró una nueva empresa multi-divisional que alejaba a Ferrovial de la idea original de “familia” pero que era un paso obligado en los nuevos tiempos. Por otro lado, con una posición consolidada en el mercado interior, se buscaron nuevos retos en el extranjero. Y el reto en sí, se le apareció a Rafael, cuando se le planteó ser presidente de la empresa Nacional del Gas, S.A (ENAGAS). No abandonaría Ferrovial a pesar de sus nuevas responsabilidades y solo aceptó con la condición de no tener retribución alguna. Durante dos años, Rafael tuvo que lidiar con Durán Farell, el antiguo compañero de promoción, y su Gas Natural, pero sobre todo con el hecho de tener que poner una empresa en marcha de la nada.
Durante la Transición, Rafael del Pino fue presidente -no ejecutivo- de la empresa holandesa Philips Ibérica, sin que haya sido posible saber exactamente por qué. Todo ello tuvo una consecuencia algo frugal y no deseada: su mayor presencia en los medios y sus relaciones le hicieron aparecer en el círculo cercano a la famosa beautiful people de los años ochenta, extremo que él odiaba.

Con todo, la verdadera transformación del país llegó con la entrada en la Comunidad Económica Europea. Se abría un mundo de oportunidades, desafíos y… de miedos ante la competencia europea. Rafael del Pino optó por blindar a Ferrovial por dos vías.
Por un lado, él que había sido reacio a tratar con los bancos, entró en el accionariado del Banco Hispano- Americano (BHA), del que también fue consejero, desde 1985. Por otro lado, trató de crecer mediante fusiones y adquisiciones.

El descanso llamó a su puerta


Con 75 años comenzó a disfrutar un poco más de la vida. Su empresa tenía antiguos y nuevos negocios sólidos. A la construcción del AVE Madrid- Sevilla y concesiones de autopistas en Cataluña, en Málaga y en Toronto (Ontario) en Canadá. De hecho, Rafael empezó a plantearse quién sería su sucesor. Todo indicaba que sería su hijo Rafael del Pino Calvo Sotelo aunque él tuvo sus dudas. Una vez estas disipadas, su hijo mayor llegó a la vicepresidencia ejecutiva de la empresa como símbolo de su delfinato.

Con la llegada del Mercado Único Europeo y sus cuatro libertades (libre circulación de mercancías, personas, servicios y capitales), Rafael decidió retirarse. Antes de hacerlo, se convirtió en un hombre inmensamente rico con la salida a bolsa de Ferrovial. El 35% de la empresa se valoró en 600 millones de euros. Con esa inyección de dinero, se podrían afrontar los nuevos retos que llegarían en forma de incursiones en Gran Bretaña y Australia, sobre todo. Incursiones que, aunque pendiente, Rafael ya no llevaría de primera mano. Tenía otras ocupaciones más “importantes” en esos momentos.

Tras su despedida, se dedicó en cuerpo y alma a la fundación que llevaría su nombre y que él vería casi como un hijo más. Con el objetivo “de contribuir a la mejora de los conocimientos de los dirigentes de la España del futuro”, la Fundación Rafael del Pino se presentó en sociedad, en 2001, con una conferencia del ex presidente Bill Clinton titulada “Un futuro común: la globalización en el siglo XXI”. Otro de los invitados celebres fue, entre otros, el secretario general de la ONU, Kofi Annan con motivo de la firma del Pacto Mundial en 2002 . Ese mismo año, fue nombrado Doctor Honoris Causa por la Universidad de Castilla- La Mancha.

En 2004 tuvo un accidente en medio del océano Índico que le dejó postrado a una cama para el resto de sus días. A pesar de ser consciente de su situación, nunca se despegó de sus familias -la real y la creada con sus ímprobos esfuerzos-. Luchó cuatro años en busca de una recuperación que no llegó. Se apagaba así un empresario al que, a pesar de haber concitado un buen número de filias y de fobias, no se le puede negar su impronta en el panorama empresarial del siglo XX.

Bibliografía.
– Cabrera, Mercedes: “Rafael del Pino Moreno (1920)”, en TORRES, E. (dir.), Los 100 empresarios españoles del Siglo XX, Madrid, LID, 2000, páginas 482-487.
– Duplá del Moral, Ana: Rafael del Pino y Moreno: historia de un empresario, Madrid, Marcial Pons, 2017.
– Galán García, Mercedes: Ferrovial: innovación y gestión del talento. Madrid, Claves de Gestión, 2007.
– González Urbaneja, Fernando: Ferrovial. Un viaje sin fronteras. Barcelona, Planeta, 2013.
Rafael Castro Balaguer. Universidad Autónoma de Madrid.