Impulsando la innovación financiera

02/12/2014 | Stumbling and Mumbling

Leyendo el argumento de Luis Garicano y Lucrezia Reichlin para la creación de un eurobono sintético seguro a través del cual el BCE puede llevar a cabo una flexibilización cuantitativa (QE), me surge una antigua duda: ¿Por qué vemos tanta innovación financiera mala, y tan poca buena?

Y digo que es una antigua cuestión porque hace ya 20 años que Robert Shiller escribió Mercados Macro, en el que propone la creación de productos financieros para gestionar los riesgos macroeconómicos, y todavía ahora vemos pocos avances en este frente. Lo que hemos visto, sin embargo, es la creación de derivados hipotecarios que contribuyeron a la crisis.

Esto ilustra el punto señalado por Thorsten Beck y sus colegas – que hay un lado “brillante” y un lado “oscuro” de la innovación financiera:

La innovación financiera parece animar a que los bancos tomen más riesgos, lo que ayuda a proveer servicios diversificados de créditos y riesgos a empresas y hogares, lo que provoca que aumente la eficiencia en la colocación de capital y en el crecimiento de la economía. El lado “oscuro”, por su parte, es que tomar más riesgo significa incrementar la volatilidad de los beneficios de la banca y sus pérdidas durante una crisis bancaria.

Así que ¿Cuál es la causa de que tengamos mucha innovación “oscura” y poca “brillante”? Los bancos no son sólo culpables de pecados por acción – vender mal y amañar los mercados – sino por pecados por omisión al no desarrollar de manera suficiente buenos productos.

La respuesta está en los fundamentos económicos de la innovación – que los beneficios sociales (¡o costes!) a menudo difieren de los beneficios privados. (Por supuesto que no hay nada inusual en la innovación financiera es este aspecto). El tipo de innovación que haya dependerá no de su utilidad social, sino de si sus resultados pueden ser privatizados. Y esto incentiva la innovación oscura. Las obligaciones de deuda garantizada (CDO) “basura” y “desperdicio” que pueden ser vendidas a tontos – en ocasiones en una división diferente del mismo banco – serán producidas, mientras que productos de gran beneficio social al exterior no lo serán. No será un accidente que una gran parte de la innovación buena que hemos visto en las décadas recientes – como los fondos indexados o los fondos de Capital Riesgo (VCT) – hayan recibido descuentos fiscales favorables.

Sospecho que aquí yace un argumento infravalorado para el control estatal inteligente (o incluso para la posesión) de los bancos*. Este tipo de control pudiera ser necesario para orientar los incentivos hacia la innovación brillante y alejarla de la oscura. El argumento de Mariana Mazzucato de que el Estado puede ser emprendedor debiera ser especialmente válido para el sector financiero.

Hay un argumento en contra que es completamente erróneo – que el Estado usualmente es malo en dar con buenas ideas. Esto es irrelevante porque en finanzas ya tenemos ideas para productos que “pudiéramos” necesitar, gracias al trabajo de Shiller y la teoría de los mercados contingentes completos. El reto es implementarlos.

Y el beneficio de hacerlo podría ser grande. La economía es un proceso emergente complejo en el cual las recesiones son impredecibles; no necesitábamos la crisis de 2008 para aprender esto porque, como demostró Prakash Loungani, las recesiones anteriores tampoco fueron predichas. Esto implica que las recesiones pudieran no ser prevenidas por las políticas macroeconómicas. En su lugar, lo mejor que podemos hacer es desarrollar maneras de asegurarnos contra ellas. Y esto requiere innovación financiera del tipo que el sector privado ha demostrado ser incapaz de proporcionar.

* Posesión pasiva simple, del tipo que tuvimos con Lloyds y RBS, no es suficiente.

Este editorial tiene como origen el blog “Stumbling and Mumbling“. Ha sido traducido por el equipo de FxM.

¿Te ha resultado interesante? ¡Compártelo!