James Meade – Premio Nobel de Economía de 1977

El Nobel de Economía de 1977 fue compartido entre Bertil Ohlin y James Meade por la contribución a la teoría del comercio internacional. Sin embargo, a Meade también se le puede considerar importante por su vinculación con Keynes, por sus trabajos sobre las cuentas nacionales y por sus aportaciones a la moderna teoría del crecimiento económico.

El “Circus” y el comercio internacional

James Meade, apenas un veinteañero, formó parte a principios de los años 30 del reducido grupo de seguidores que se reunían en la habitación de Richard Khan en el Trinity College para discutir y asimilar las nuevas ideas de un Keynes, previo a su Teoría General. A este grupo, conocido por “El Circus” pertenecían además de Khan y Meade, los que luego fueron importantes figuras como Piero Sraffa o Dennis y Joan Robinson. De todos ellos puede decirse que Meade fue su discípulo más fiel, manteniendo su keynesianismo hasta sus últimos días y quien recopiló las lecciones de su maestro en el primer manual para estudiantes que difundieron en el ámbito académico las nuevas doctrinas económicas.

Puede que hoy, setenta años después de haberse establecido, resulte muy evidente el concepto de la balanza de pagos, pero la balanza de pagos no es un balance, donde al modo de una contabilidad empresarial se sitúan en el lado del haber las propiedades y en lado del debe las deudas contraídas. En la balanza de pagos la recepción de un préstamo no es algo a situar en el debe de esta cuenta, sino en el lado que supone una entrada de divisas y por consiguiente la posibilidad de comprar cosas en el extranjero, igual que si se tratase de una exportación. Lo mismo las remesas de emigrantes, préstamos, donaciones, inversiones extranjeras, etc.  Estos ingresos proporcionarán los recursos necesarios para poder pagar no solo un exceso de importaciones, sino la devolución de los préstamos, el pago de los intereses de las deudas contraídas, los servicios suministrados, los dividendos a percibir por los extranjeros, y en general cualquier actividad que suponga salida de divisas al exterior. 

Relacionar este equilibrio con el tipo de interés, con la política monetaria, la arancelaria o la de control de cambios, para informar al resto del mundo de las condiciones en las que se van a desenvolver los interesados, constituyen un avance teórico de primera magnitud respecto al simple intercambio de mercancías según los precios vigentes en cada zona. Insisto, todo lo anterior parece muy evidente, pero antes de que los estudiantes de primero de económicas se examinen de estos conceptos, alguien tenía que haberlos establecido.

La contabilidad nacional y el crecimiento económico

También escuchamos, como la cosa más natural del mundo, la magnitud o el aumento del PNB, el Producto Nacional Bruto. Sin embargo, no nos paramos a pensar cómo se ha calculado esa cifra y cuáles son las distintas magnitudes que la componen. Y algo todavía más importante, cómo se ha llegado a definir una metodología que sea homogénea en el espacio y en el tiempo, de tal forma que las cifras de cada país sean comparables entre ellas, y las de una misma nación informen adecuadamente sobre la evolución que están siguiendo los distintos parámetros que componen su contabilidad nacional.

A este tema le dedicó una parte importante de sus trabajos James Meade, aunque su desarrollo lo estudió en profundidad Richard Stone, premio Nobel de 1984. A título de curiosidad, recuerdo que en mi época de estudiante me impresionó el comentario del profesor, que al explicar la dificultad de definir las cuentas nacionales, hacía notar cómo la Renta Nacional podía disminuir si el jefe del departamento de teoría económica se casaba con su ama de llaves.  El hecho de que el ilustre académico se ahorrase el pago de un sueldo puede ser anecdótico, pero excluir actividades ilegales como el tráfico de drogas o la prostitución pueden ocultar cantidades significativas de la renta total de un país.

Meade dirigió también sus investigaciones al crecimiento económico. El trío formado por Robert Solow, premio Nobel de Economía de 1987, el australiano Trevor Swan y él mismo, establecieron el conocido como modelo Solow- Swan- Meade sobre las condiciones necesarias para que se produzca el crecimiento económico, en las que suponen que la innovación es el motor del crecimiento, aunque debe ir acompañado de una acumulación de capitales suficiente para explotarla y de una población de cuantía y crecimiento significativos que permita transformar las ideas en productos comercializables.

El que fuera alumno aventajado de Keynes con 23 años fallece con 88 sin dejar de trabajar. Para terminar con una anécdota se dice que después de la Segunda Guerra Mundial el gobierno inglés decidió importar directamente el tabaco, tratando de evitar la especulación y el contrabando de cigarrillos. Meade discutió con el funcionario de turno diciéndole que a su juicio sólo había tres formas de abordar el tema: Encareciendo el producto con un impuesto, racionando el suministro con las consiguientes cartillas, o las colas. No le hicieron caso, pero consiguió su revancha intelectual cuando encontró al consabido funcionario en medio de una larguísima cola, confiando en que cuando le llegase su turno quedase alguna cajetilla que comprar.

Para conocer un poco más a fondo sobre cada uno de los galardonados recuerda que puedes consultarlo todo en el libro ‘Una corona de laurel naranja’ o entrando al siguiente blog.

José Carlos Gómez Borrero

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