La austeridad llega a la Tomatina

27/08/2013 | Tobias Buck – Financial Times Español

Este miércoles Buñol se prepara para una fresca erupción de suave y húmeda anarquía, cuando miles de juerguistas se agolpen en las calles de este pequeño pueblo español para unirse al famoso ritual anual del lanzamiento de tomates conocido como la Tomatina.

Pero este año, por vez primera, los bulliciosos participantes tendrán que pagar 10 euros por entrar, lo que se ve como un gran reflejo de la crisis económica española y del estancamiento financiero que padecen muchas de las ciudades y pueblos.

Celebrándose el último miércoles del mes de agosto, esta festividad atrae a grandes masas de vecinos y turistas que pasan una desenfrenada hora arrojándose cargas de tomates demasiado maduros. La Tomatina es conocida como una de las fiestas españolas más populares, junto con los encierros de toros en Pamplona, y se ha copiado tanto en los EE. UU., Colombia e incluso China.

Sin embargo, este año la festividad roja viene con un precio. Por primera vez desde que se inició la Tomatina, hace casi seis décadas, la ciudad ha decidido cobrar por asistir. Los pocos privilegiados que vayan montados en los camiones de los tomates (y sean los primeros en lanzar los misiles a las multitudes indefensas) tendrán que desembolsar no menos de 750 euros.

Los dirigentes locales dicen que este movimiento refleja la necesidad de limitar el número de visitantes y garantizar su seguridad, pero admiten que también hay más presión que en el pasado para equilibrar las cuentas municipales.

Rafael Pérez, el concejal encargado de las fiestas, dice que: “La Tomatina nos cuesta alrededor de 150 mil euros, así que con la venta de entradas más o menos cubriremos los costes. La ciudad ha vendido por adelantado 15 mil entradas, reservando 5 mil entradas gratis para los vecinos.

El Sr. Pérez agrega que el nuevo modelo se pone en práctica debido a la experiencia del año pasado, cuando cerca de 50 mil visitantes se apiñaron en las estrechas calles de Buñol, muchos de ellos tristemente lejos de la acción. Y añade que la seguridad es la razón principal para limitar el número de asistentes y cobrar por entrar, y reconoce que el financiar fiestas locales como la Tomatina era más fácil durante los años de la burbuja inmobiliaria, cuando los ayuntamientos estaban nadando en impuestos inmobiliarios.

“Ahora todo mundo lo está pasando mal”, añade el Sr. Pérez. “Tenemos deudas por un millón de euros solamente y un presupuesto anual de 8 millones de euros. Estamos mucho mejor que los pueblos vecinos. Todavía podríamos financiar la Tomatina sin la venta de entradas”.

A pesar de lo que asegura, esto no ha sido un inconveniente para que los medios de comunicación españoles alerten de que el paso que ha dado Buñol marcan un primer paso hacia la “privatización” de las amadas fiestas locales. El periódico El País describió el nuevo régimen como “una gran metáfora de la crisis económica que está lastrando a España”, señalando el paralelismo entre el estallido de un tomate maduro con la explosión de las burbujas inmobiliaria y de deuda españolas.

De acuerdo con los datos oficiales, a finales de 2012 los ayuntamientos acumularon una deuda total de 42 mil millones de dólareshaciendo más profunda la crisis de fondos que ha forzado a los pueblos y ciudades más afectados a recortar aún en servicios básicos.

Sin embargo, en el caso de Buñol la recaudación por entradas no se utilizará para pagar deudas, sino para asegurar que esta Tomatina sea una fiesta más espectacular que la anterior. Agrega el Sr. Pérez que: “Cuanto más dinero se recabe, más tomates podremos comprar”.

Spanish austerity comes to tomato-throwing festival

27/08/2013 | Tobias Buck – Financial Times English

Buñol is bracing itself for a fresh eruption of squishy anarchy on Wednesday, when thousands of revellers will cram into the streets of the small Spanish town to join the famous annual tomato-throwing festival known as the Tomatina.

But this year, for the first time, the boisterous participants will be charged an entry fee of €10 in a shift that is being seen as a potent symbol of Spain’s economic crisis and the financial malaise that has gripped so many of the country’s cities and villages.

Held every last Wednesday in August, the feast attracts huge crowds of locals and tourists who spend a frenzied hour chucking truckloads of over-ripe tomatoes at each other. It ranks as one of Spain’s most popular local festivals, along with the running of the bulls in Pamplona, and has spawned similar tomato-throwing parties in the US, Colombia and even China.

This year, however, the red-tinted festival comes at a price. For the first time since the Tomatina was launched almost six decades ago, the city has decided to demand an entry fee. The privileged few who ride into the mayhem on the back of one of the tomato trucks (and get to throw the first missiles at the defenceless crowds below) will have to stump up no less than €750.

City officials say the move reflects the need to limit the number of visitors and ensure safety, but they admit that there is also more pressure than in the past to balance the municipal books.

“The Tomatina costs us about €150,000, so with the new entrance tickets we will more or less cover our costs,” says Rafael Pérez, the local councillor in charge of the festivities. The city has sold all 15,000 available tickets in advance, with another 5,000 free slots reserved for locals.

Mr Pérez says the new regime was brought in not least after the experience of last year, when almost 50,000 visitors packed into Buñol’s narrow streets, many of them disappointingly far from the action. Safety, he adds, is the main reason for limiting the numbers and charging a fee, but concedes that financing local feasts like the Tomatina was easier during the years of Spain’s building boom, when local councils were awash in property taxes.

“Everyone is doing badly at the moment,” says Mr Pérez. “But we have debts of only €1m compared with an annual budget of €8m. That is much better than most of the surrounding villages. We could still finance the Tomatina even without the entry tickets.”

His assurances, however, have not stopped the Spanish media from warning that Buñol’s new entrance limits mark a first step towards the “privatisation” of the country’s beloved local feasts. El País, the daily newspaper, described the new regime as “a great metaphor for the economic crisis that is crippling Spain”, drawing an arresting parallel between the bursting of ripe tomatoes and the bursting of the country’s real estate and debt bubbles.

According to official data, local councils had amassed total debts of €42bn at the end of last yearsparking a funding crisis that has forced the worst-affected towns and cities to slash even basic services.

In the case of Buñol, however, the new entrance fee will not be used to pay off debts, but to ensure that the Tomatina produces an even more spectacular mess than in the past. “The more money we raise, the more tomatoes we can buy,” says Mr Pérez.

Copyright &copy “The Financial Times Limited“.
“FT” and “Financial Times” are trade marks of “The Financial Times Limited”.
Translation for Finanzas para Mortales with the authorization of “Financial Times”.
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