La escasez de sexo y de esperma, y el exceso de abortos socavan la fertilidad en China

24/11/2015 | Patti Waldmeir (Financial Times) – Financial Times Español

Demasiados abortos, muy poco sexo y muy pocos espermatozoides: ni siquiera Beijing puede producir una explosión de natalidad hasta que no comprenda los hechos básicos.

Los gobiernos autoritarios pueden lograr muchas cosas por decreto, pero “hacer bebés” no es una de ellas. Parece que China sufre de una escasez de ese ingrediente biológico esencial para alimentar la siguiente fase del milagro económico de China continental: los espermatozoides para fertilizar los embriones de los futuros trabajadores.

Existe también una escasez de sexo: una reciente encuesta reveló que los trabajadores de cuello blanco chinos trabajan como esclavos durante tantas horas en la oficina que la mitad de los encuestados dijeron que tenían relaciones sexuales menos de una vez al mes. O tal vez tenga algo que ver con el hecho de que un gran porcentaje de los individuos de veintitantos años siguen viviendo con sus madres (y en muchos casos con sus abuelas) en estrechos apartamentos urbanos. Con seguridad eso funciona mejor que el mejor de los anticonceptivos.

Sin embargo, la actividad sexual entre los notoriamente agobiados estudiantes de secundaria en China parece estar en aumento, a medida que China continental se toma una década para recrear una revolución sexual que tomó medio siglo en el Occidente. Pero el resultado ha sido un aumento alarmante en la tasa de embarazos en adolescentes: los medios estatales informan de que los abortos entre las jóvenes menores de 16 años están aumentando alrededor de un 30 por ciento anual.

Las estadísticas gubernamentales muestran que China tiene 13 millones de abortos anualmente; y éstas son sólo las cifras provenientes de instalaciones oficialmente registradas. Más de la mitad de estos abortos son de mujeres menores de 25 años.

Nada de lo anteriormente mencionado va a hacer mucho en pro de la revolución de la tasa de natalidad que Beijing esperaba provocar con el anuncio el mes pasado de que todos los chinos ahora contaban con el permiso oficial para tener dos hijos (un permiso que, de todas formas, la mayoría de ellos ya tenía).

Existen escasas señales de que las mujeres en edad fértil planean seguir el nuevo decreto de fertilidad: la creciente prosperidad, urbanización y el alto coste en términos de tiempo y dinero de tener hijos hacen que muchas parejas en China continental estén reacias a tener dos hijos, e incluso uno.

Los bancos de esperma se están preparando de todos modos, pero tienen un problema: numerosos chinos no están “calificados” para lograr la reproducción, ya sea por el impacto en sus órganos ocasionado por la contaminación resultante de los milagros económicos del pasado, o por el exceso de trabajo y cuestiones como el tabaquismo.

El esperma de buena calidad es tan escaso que un hospital de Shanghái recientemente publicó un anuncio en los medios donde se ofrecía suficiente dinero para comprar el último iPhone a cambio de 17 ml del líquido seminal (los cuales, al parecer, le requieren al hombre promedio tres visitas durante tres meses para lograrlos). “Ya no es popular vender tu riñón para tener un iPhone, pero ahora puedes fácilmente obtener uno sin tener que vender tu riñón”, declaraba un anuncio publicado en la cuenta oficial de WeChat del banco de esperma del Hospital Shanghái Renji, el cual también mostraba una imagen de un iPhone en un color rosa. “El banco de esperma de Shanghái te ayudará a ser el dueño de un iPhone 6s”, continuaba declarando.

No es sólo este tipo de anuncio el que está en auge: la revolución sexual de la década pasada ha generado una explosión de anuncios controversiales que ofrecen “productos” como el aborto. El color rosa parece ser el desafortunado tono elegido para estos anuncios también: muchos de los anuncios muestran a mujeres jóvenes retozando alegremente, supuestamente encantadas con los planes de pago y descuentos para estudiantes que ofrecen algunas clínicas de aborto.

“Un pago inicial tan bajo como un 30 por ciento”, declaraba uno de los anuncios, que al igual que muchos de otros tantos, fue posteriormente retirado. Un anuncio utilizó un famoso cordero animado chino, Xi Yang Yang, el cual es popular entre los niños, en una animación para promover el aborto. Ese anuncio también fue eliminado.

En Shanghái, numerosas adolescentes embarazadas recurren al Hospital 411 del Ejército Popular de Liberación. En el quinto piso, en la clínica reproductiva del hospital, a la vuelta de la exhibición de gigantes tumores ováricos en frascos de vidrio, se encuentra un cartel con los precios de los abortos: 260-420 remimbis (40-65 dólares), dependiendo de la complejidad.

Algunas de las jóvenes que acuden a la clínica tienen sólo 13 o 14 años, y apenas han comenzado a menstruar, declararon miembros del personal que culpan a la deficiente educación sexual en las escuelas. Durante la última década, la línea de asistencia para casos de aborto del hospital ha recibido más de 50.000 llamadas.

Bienvenido al mundo moderno, China: reproducirse, como puede atestiguar el mundo occidental, es un asunto muy complejo.

 

Wanted: more people to make babies in China

11/24/2015 | Patti Waldmeir (Financial Times) – Financial Times English

Too many abortions, too little sex and too few sperm: even Beijing can’t produce a baby boom until it gets the basics right.

Authoritarian governments can achieve many things by decree, but making babies is not one of them. It seems China has a shortage of that essential biological ingredient to power the next phase of the mainland economic miracle: sperm to fertilise the embryos of future workers.

There is a sex shortage, too: one recent survey showed that Chinese white collar workers slave so long in the office that half said they had intercourse less than once a month. Or maybe it has something to do with the fact that a large proportion of 20-somethings still live with their mother (and for that matter, their grandmothers) in cramped urban flats. Surely that’s better than the best contraceptive.

Hanky-panky among China’s notoriously overworked high school students seems to be rising, though, as the mainland takes a decade to re-enact a sexual revolution that took half a century in the west. But the result has been an alarming rise in the rate of teen pregnancies: state media reports that abortions among girls under 16 are rising at about 30 per cent a year.

Government statistics show China has 13m abortions annually — and these are just the figures from officially registered facilities. Over half of those are to women under 25.

None of that will do much for the birth rate revolution that Beijing hoped to spark with its announcement last month that all Chinese now have official permission to bear two babies (permission that most of them already had anyway).

There’s precious little sign that women of childbearing age plan to listen to the new fertility decree: rising prosperity, urbanisation and the high cost in time and money of having children make many mainland couples reluctant to have two — or even one — baby.

Sperm banks are gearing up anyway, but they have a problem: many Chinese aren’t “qualified” to make babies, either because of the impact on their bodies of the pollution caused by the economic miracles of years gone by, or because of overwork and issues like smoking.

Good quality sperm are in such short supply that one Shanghai hospital recently ran an advertisement on social media offering enough money to buy the latest iPhone in exchange for 17ml of the stuff (which apparently takes the average man three visits over three months to provide). “It’s no longer popular to sell your kidney for an iPhone, but now you can easily get one without selling your kidney,” said an ad posted on the official WeChat account of the Shanghai Renji Hospital Sperm bank, which also displayed a picture of a baby-pink iPhone. “Shanghai sperm bank will help you become the owner of an iPhone 6s,” it went on.

It’s not just this type of ad that is booming: the sexual revolution of the past decade has generated an explosion in controversial adverts offering things such as abortion. Baby-pink seems to be the unfortunate colour of choice for these, too: many adverts show young women gambolling around cheerfully, presumably delighted at the instalment plans and student discounts offered by some abortion clinics.

“Downpayment as low as 30 per cent,” said one, which, like many such adverts, was subsequently taken down. One ad used a famous Chinese cartoon lamb, Xi Yang Yang, popular among children, in an animation to promote abortion. That one was also taken down.

In Shanghai, many pregnant teenagers turn to the 411 Hospital of the People’s Liberation Army. On the fifth floor, at the hospital’s reproductive clinic, around the corner from the display of giant ovarian tumours in glass jars, is a placard with abortion prices: Rmb260-Rmb420 ($40-$65), depending on complexity.

Some who come here are only 13 or 14 years old, and have just started menstruating, say staff who blame poor sex education in schools. In the past decade, the hospital’s abortion hotline has taken over 50,000 calls.

Welcome to the modern world, China: making babies, as the west can attest, is a highly complex affair.

Copyright &copy “The Financial Times Limited“.
“FT” and “Financial Times” are trade marks of “The Financial Times Limited”.
Translation for Finanzas para Mortales with the authorization of “Financial Times”.
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