La nueva Economía

13/11/2013 | Financial Times – Financial Times Español

El estudio de la Economía, decía JK Galbraith, incluye la mezcla de “esperanza y fe” con una buena cantidad de “pretensión científica”. El famoso economista por supuesto estaba hablando en broma. Para algunos, sin embargo, su sorprendente observación se ha acercado incómodamente a la realidad.

El fracaso de la ciencia funesta para predecir y explicar la peor crisis financiera desde la Depresión ha hecho surgir comprensiblemente algunas reflexiones entre los más sesudos rangos académicos. Un nuevo grupo de reflexión ha surgido, el Instituto para el nuevo pensamiento económico, encargado de restaurarle a la economía académica su posición.

La necesidad de un nuevo enfoque es fuerte. La enseñanza de la Economía – incluso a los alumnos recién llegados a la universidad – se había convertido antes de la crisis en algo pretenciosamente científico. Se ponía demasiada fe en modelos matemáticos abstractos, mientras que se hacía poco para ligarlos a la experiencia de la vida real. La ausencia de referencias reales no solo quitaba al tema interés y entusiasmo, sino que hacía que el estudiante careciera de herramientas y habilidades para enfrentarse a los problemas del día a día.

La serie de leyes y rituales de genuflexión hacia modelos matemáticos podría darle al tema cierta respetabilidad intelectual, siendo dudosa en gran parte. Las matemáticas deberían, por supuesto, no ser desdeñadas, pero el énfasis en teorías abstractas debería disminuirse a favor de una dieta intelectual más equilibrada. Ésta debería incluir la relativamente olvidada disciplina de historia económica.

Hay movimiento en el mundo académico. El fracaso en la predicción de la crisis no solo incomodó a la Reina Isabel II – que en una reunión con economistas les preguntó por qué no la habían previsto. También los académicos han meditado sobre este asunto.

El mercado para los economistas teóricos puede no haber seguido el camino de las obligaciones de deuda “subprime” respaldada con colaterales pero ya no es la que era. Se reconoce que hay disciplinas tales como Psicología, Historia y Finanzas que necesitan ser incluidas siempre en la enseñanza de la Economía. La ruta hacia la publicación en las revistas más relevantes debería incluir investigación empírica, y no solo el mostrar una hoja de Excel.

La Economía no es cosa de esperanza y fe como Galbraith la describía. A menudo los modelos tienen algo que decirnos de la realidad. Pero, como demostró la crisis, deberíamos ser humildes y reconocer los límites de nuestro saber. Sustituir lo pretencioso con un poco de humildad sería un avance bienvenido.

The new economics

11/13/2013 | Financial Times – Financial Times English

The study of economics, JK Galbraith once observed, involves the co-mingling of “hope and faith” with a good deal of “scientific pretension”. The famous economist was of course speaking with his tongue in his cheek. To some, however, his flippant observation has come to seem uncomfortably close to the truth.

The failure of the dismal science to predict and explain the worst financial crash since the Depression has understandably prompted some reflection among the most thoughtful ranks of academics. A new think-tank, the Institute for New Economic Thinking, has sprung up, charged with the task of restoring to academic economics its standing.

The case for new thinking is strong. Economics teaching – even to first-year undergraduates – had before the crisis become too wedded to scientific pretension. Excessive faith was invested in abstract mathematical models, while insufficient effort was made to link these to real-life experience. The absence of topicality not only robbed the subject of interest and excitement, it risked not equipping the student with the skills to grapple with everyday problems.

The recital of laws and ritual genuflection towards mathematical models may lend the subject a certain intellectual respectability, but much of this is spurious. Mathematics should, of course, not be neglected, but the emphasis on abstract theory should be downgraded in favour of a more balanced intellectual diet. This should include the relatively neglected discipline of economic history.

There are stirrings in the academic gloaming. The failure to predict the crash not only unsettled Queen Elizabeth II – who famously gathered some economists together to ask them how they had missed it. There has been some soul-searching among academics too.

The market for economic theorists may not have gone the way of the subprime collateralised debt obligation but it is not what it was. This is a recognition that disciplines such as psychology, history and finance need to be more firmly embedded in economics teaching. The route to publication in top journals should involve empirical research, not just the firing up of an Excel spreadsheet.

Economics is not quite the matter of hope and faith that Galbraith painted it. Often the models do have something to tell us about reality. But, as the crisis showed, we should be humble about the limits of our knowledge. Substituting a little humility for pretension would be a welcome step.

Copyright &copy “The Financial Times Limited“.
“FT” and “Financial Times” are trade marks of “The Financial Times Limited”.
Translation for Finanzas para Mortales with the authorization of “Financial Times”.
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