La regulación financiera global se encuentra en un callejón sin salida

22/04/2015 | John Plender – Financial Times Español

¿Quién lo habría pensado? Si le creemos al Departamento de Justicia de los EE. UU., un contribuyente importante al notable “flash crash” de los mercados en mayo de 2010 resulta haber sido Navinder Singh Sarao, de 36 años, un trader que trabajaba en una empresa montada en la casa adosada de sus padres, ubicada en el chabacano suburbio londinense de Hounslow. El flash crash, podrás recordar, puso en duda si el trading de alto octanaje estaba haciendo demasiado volátiles a los mercados como para ser una amenaza a la estabilidad financiera global.

 

Cinco años después tenemos un extraño epílogo. Mientras que desde la crisis financiera políticos y reguladores han dedicado inmensos esfuerzos para contener el trading que realizan los gigantes bancarios que son demasiado grandes para dejar caer, el Departamento de Justicia ha acusado a un particular de los mercados que no es demasiado grande para dejarlo caer, ni tan grande como para encarcelarlo, pero parece ser una amenaza humana a la integridad de uno de los mayores mercados del mundo.

 

El Sr. Sarao está acusado de utilizar un programa de trading automatizado para manipular el mercado de contratos a futuro del S&P en el Chicago Mercantile Exchange, aumentando la presión para vender de manera significativa, lo que causó que el Dow Jones Industrial Average se hundiera hasta los mil puntos en un solo día para inmediatamente después recuperar su nivel previo en el mismo día. Se le acusa de numerosos crímenes de fraude y manipulación de mercado.

 

Como telón de fondo de esta poca creíble historia, está la liberalización de los mercados, surgida de la regulación del Sistema Nacional de mercado de los EE. UU. y de la Directiva de Instrumentos Financieros de los mercados de la UE, ambas introducidas en la década pasada. Junto con la informatización, estos cambios facilitaron el acceso de nuevos elementos en la forma de nuevas plataformas de trading – tales como las llamadas “dark pools”, en las cuales los valores son comerciados fuera de los mercados – junto con los traders de alta frecuencia que utilizan algoritmos para comerciar en milisegundos. Fue de hecho el fin de la noción de los mercados como vibrantes lugares de encuentro, como en las cafeterías del siglo 17 de la City o en los mercados formales del siglo 20, donde las relaciones y la confianza importaban. En su lugar llegó una selva electrónica poco confiable, bucaneros fantasmas y similares al Sr. Sarao.

 

Todo esto pone al riesgo sistémico bajo una nueva luz. Antes de la crisis los banqueros centrales y los reguladores pensaban que si supervisaban rigurosamente de manera individual a los bancos, el riesgo sistémico cuidaría de sí mismo. En ese periodo de Fundamentalismo de mercado, cuando los economistas hablaban de la Gran Moderación, había complacencia acerca de la capacidad desestabilizadora de los mercados. La élite financiera mundial creía firmemente que en unos mercados globales cada vez más integrados y con más instrumentos financieros sofisticados, el riesgo estaría distribuido más ampliamente en el sistema. También había la convicción de que en una crisis los mercados actuarían como amortiguadores del shock.

 

En 2008 se demostró que estas creencias eran erróneas. Se probó que los mercados integrados globalmente eran tan buenos para transmitir el riesgo como para extenderlo. Los mercados resultaron ser a la vez frágiles y fuente de contagio. Y ciertamente el enfoque de supervisión pre-crisis habría sido poco efectivo para identificar que un trader fuera una amenaza seria. Desde entonces, la supervisión amplia del sistema, conocida como regulación macro prudencial, se ha puesto de moda. Aquí también debe haber cuestiones acerca de si los vigilantes deberían identificar a un trader individual como una amenaza, dado que su objetivo primordial son los balances bancarios y los ciclos de crédito.

 

En cuanto a los no-bancos, o la banca en la sombra, gran parte del enfoque regulatorio ha sido puesto en los gigantes administradores de valores y otros peces gordos. La noción de un único súper trader con enorme poder para desequilibrar los mercados no estaba entre las prioridades de la agenda regulatoria.

 

Por supuesto es posible que las acciones del Departamento de Justicia contra el Sr. Sarao puedan exagerar su importancia e influencia en los mercados. ¿Puede un solo hombre en Hounslow, de un sitio tan poco habitual, ser realmente peligroso? También es curioso que el Departamento de Justicia no haya identificado más infractores del tipo de manipulación de la que el Sr. Sarao ha sido acusado. Pero si el sistema judicial encuentra que el Sr. Sarao ha sido un verídico trader farol, sería único en su tipo.

 

Antes de la crisis los traders faroles no ganaban dinero. Lo perdían a nombre de otros. Jerôme Kerviel le costó a Société Générale 4,9 mil millones de euros; Kweku Adoboli perdió 2,3 mil millones de UBS; Nick Leeson se cargó a Baring Brothers. Sus compraventas no autorizadas fueron un intento desesperado para encontrar una salida a sus pérdidas anteriores. El Sr. Sarao, por contra, se calcula que obtuvo un beneficio de 879 mil dólares el día del flash crash y consiguió un total de 40 millones, que puso en paraísos fiscales. Éste es un tipo de capitalismo muy del siglo 21 – individual, peculiar y preocupante.

 

Global financial regulation meets a cul-de-sac

04/22/2015 | John Plender – Financial Times English

Who would have thought it? If the US Department of Justice is to be believed, an important contributor to the notorious “flash crash” in the markets back in May 2010 turns out to have been 36-year-old Navinder Singh Sarao, a day trader working through a company based at his parents´ semi-detached house in the tawdry London suburb of Hounslow. The flash crash, you may recall, raised questions about whether high-octane trading was making markets so volatile as to present a threat to global financial stability.

 

Five years later we have a bizarre postscript. While politicians and regulators have devoted huge efforts since the financial crisis to curbing trading by banking behemoths that are too big to fail, the DoJ has alighted on a market amateur who is neither too big to fail, nor too big to jail, but seems to be a one-man threat to the integrity of one of the biggest markets in the world.

 

Mr Sarao stands accused of using an automated trading programme to manipulate the market for s&p 500 futures contracts on the Chicago Mercantile Exchange, adding significantly to wider selling pressure that caused the dow jones Industrial Average to plunge to 1,000 points in a day before immediately bouncing back on the same day. He is charged on numerous counts of fraud and market manipulation.

 

The background to this scarcely credible tale is the liberalisation of markets arising from the US National market System regulation and the EU´s markets in Financial Instruments Directive, both introduced in the past decade. Together with computerisation, these changes ushered in new entrants, in the shape of novel trading platforms – such as so-called “dark pools”, where securities are traded off exchanges – along with high-frequency traders who use algorithms to trade in milliseconds. It was, in effect, the end of the notion of markets as vibrant meeting places, as in 17th-century City coffee houses or 20th-century formal exchanges, where relationships mattered and trust counted. In their place came a low-trust electronic jungle, disembodied buccaneering and the likes of Mr Sarao.

 

This all casts systemic risk in a new light. Before the crisis central bankers and regulators thought that if they supervised individual banks rigorously, systemic risk would look after itself. In that period of market fundamentalism, when economists talked of The Great Moderation, there was complacency about the destabilising capability of markets. The world´s financial elite firmly believed that in increasingly integrated global markets with more sophisticated financial instruments, risk would be more widely distributed around the system. There was also a conviction that in a crisis markets would act as shock absorbers.

 

These assumptions were shown in 2008 to be wrong. Globally integrated markets proved to be as good at transmitting risk as spreading it. markets turned out to be both fragile and contagious. And certainly the pre-crisis approach to supervision would have been highly unlikely to identify a day trader as a serious threat. Since then, system-wide monitoring, known as macroprudential regulation, has become the vogue. Here too, there must be questions about whether watchdogs would identify an individual trader as a threat given that their focus is primarily on bank balance sheets and the credit cycle.

 

In looking at non-banks, or “shadow” banks, much of the regulatory focus has been on asset management giants and other big fish. The notion of a single super-trader with huge power to disrupt markets has not been high on the regulatory agenda.

 

Of course, it is possible that the DoJ´s action may cause Mr Sarao´s importance and influence on markets to be exaggerated. Can one man in Hounslow, of all places, really be so dangerous? It is curious, too, that the DoJ has not identified more perpetrators of the kind of manipulation of which Mr Sarao has been accused. But if Mr Sarao is found by the justice system to have been a genuine rogue trader, he will one of a new kind.

 

Before the crisis rogue traders did not make money. They lost it on others´ behalf. Jérôme Kerviel cost Société Générale €4.9bn ; Kweku Adoboli lost UBS $2.3bn; Nick Leeson killed off Baring Brothers. Their unauthorised trades were a desperate attempt to gamble their way out of the losses they incurred earlier. Mr Sarao, by contrast, is estimated to have made a profit of $879,000 on the day of the flash crash and notched up $40m in total, which he put in tax havens. This is a very 21st-century kind of capitalism – detached, quirky and worrying.

Copyright &copy “The Financial Times Limited“.
“FT” and “Financial Times” are trade marks of “The Financial Times Limited”.
Translation for Finanzas para Mortales with the authorization of “Financial Times”.
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