La siniestra visión de Hollywood de la tecnología ya se volvió realidad

La siniestra visión de Hollywood de la tecnología ya se volvió realidad

18/05/2017 | Leslie Hook (Financial Times)

“Saber es bueno, pero saberlo todo es mejor”, dice Tom Hanks mientras se dirige a un auditorio lleno de empleados entusiastas en la nueva película “El Círculo”. Todos asienten con la cabeza a la vez que comparten sus comentarios en tiempo real en sus redes sociales. El personaje que protagoniza el Sr. Hanks, el director de una compañía de tecnología siniestra, está presentando un ejército de minúsculas cámaras que serán colocadas alrededor del mundo. La sabiduría se obtiene con un clic.

Esta escena pretende ser inquietante, pero cuando la vi en un cine en San Francisco, el público no parecía estar muy impresionado con sus temas muy familiares. Cuando aparecieron los créditos al final de la película, un amigo que trabaja en Google susurró en mi oído: “Cuando estábamos leyéndolo por primera vez, todo parecía tan increíble y ahora muchas de estas cosas ya han sucedido”.

Yo recuerdo lo futuristas que me parecieron las ideas de la película “El Círculo”, basada en la novela del mismo nombre de David Eggers que se publicó en 2013. Mi hermano me dio una copia del libro antes de que me mudara a San Francisco. Cuando llegué me di cuenta de que los lemas del libro — “Compartir es querer”, “La privacidad es un robo” — ya formaban parte del léxico de Silicon Valley.

Eggers describe un mundo en el que las vidas personales de los individuos son cada vez más públicas y donde sus personajes han aceptado la idea de que más datos pueden perfeccionar a la humanidad. Cuatro años más tarde, muchas de las prácticas que él plantea se han vuelto totalmente normales. La gente comparte miles de vídeos de sus vidas en tiempo real todos los días en los medios sociales. Los dispositivos de Apple monitorizan los latidos del corazón, los ciclos de sueño y la música favorita de sus usuarios. Gracias a Snap, en la actualidad es algo normal usar un par de gafas de sol con una cámara integrada.

Pero el problema de la película “El Círculo” es que en 2017, la vida real parece mucho más siniestra que el “futuro distópico” que nos imaginábamos hace unos años. La película destaca en el uso excesivo de los medios sociales, pero ignora el aumento de la inteligencia artificial. Los algoritmos informáticos no sólo están recopilando tus datos, también los están analizando para entender cómo te comportas y en ocasiones cómo piensas y lo que sientes.

Esta omisión le da un aire anticuado a la película. Porque más allá del problema de la privacidad, el tema más apremiante en la actualidad es cómo se administrará la inteligencia artificial y cómo se utilizarán sus increíbles poderes de predicción.

Miremos por ejemplo a Echo Look de Amazon, que combina una cámara interna con una asistente de voz inteligente llamada Alexa. Si tomas una fotografía de tu ropa con Echo Look, Alexa utilizará su inteligencia artificial para darte consejos de moda. Sus poderes de análisis e intrusión sobrepasan los de cualquier dispositivo presentado en la película.

Pero hay un aspecto en el que Eggers sí acierta: conforme los medios sociales se han vuelto más invasivos, hay un creciente grupo de personas que han decidido abandonarlos totalmente.

En el Área de la Bahía en California, este círculo se está volviendo más visible. Los ejecutivos del sector de la tecnología gastan su dinero en alojamientos apartados de la civilización que prometen enseñarles a los adultos cómo vivir sin sus teléfonos.

Al menos cuatro de mis amigos han borrado permanentemente sus perfiles de Facebook. Y las personas que aún lo usan están publicando sus actualizaciones con menos frecuencia, un problema que la compañía ha dicho que está intentando solucionar.

En un evento promocional con Jack Dorsey, el director ejecutivo de Twitter, los actores de “El Círculo” aludieron a su propio deseo de desconectarse.

“Yo te protagonicé en la película”, Hanks le dice a Dorsey, en una conversación que se transmitió en vivo en Twitter. “No me ejercité ni me alimenté tan bien como tú, pero te protagonicé”, bromea el Sr. Hanks. No, dice Dorsey, levantando una mano como para evitar la acusación.

El actor Patton Oswalt dice: “¿Qué pasaría si eso se convierte en la siguiente novedad, la tendencia de moda de “Ya no tengo presencia en las redes”?”.

“No sería increíble, Jack”, pregunta Hanks, echándole una mirada a Dorsey. “Sería increíble”, dice Dorsey, bastante nervioso antes de cambiar de tema.

La mayoría de los espectadores probablemente saldrán de esta película con vagas preocupaciones sobre su privacidad. Pero para los ejecutivos de los medios sociales, el poder de la desconexión tal vez sea aún más aterradora.

The Circle’s sinister tech vision is already a reality

18/05/2017 | Leslie Hook (Financial Times)

“Knowing is good, but knowing everything is better,” says Tom Hanks as he addresses an auditorium of enthusiastic employees in a new film, The Circle. They nod in agreement, sharing his remarks in real time on their social media feeds. Hanks’s character, the head of a sinister tech company, is introducing an army of tiny cameras that will be placed all over the world. Omniscience is just a click away.

This scene is meant to be unsettling, but when I watched it recently in a cinema in San Francisco, the audience seemed unimpressed with its now-familiar tropes. As the film credits start rolling, a friend who works at Google leaned over to whisper in my ear: “When we were first reading this it all seemed so incredible, and now a lot of these things have already happened.”

I remember how prescient the ideas in The Circle, which is based on a 2013 novel by Dave Eggers, once seemed. My brother pressed a copy into my hands just before I moved to San Francisco. When I arrived I found that the slogans in the book — “Sharing is caring”, “Privacy is theft” — had been imported into the Silicon Valley lexicon.

Eggers describes a world where people’s lives are increasingly public, and his characters buy into the idea that more data can make humankind more perfect. Four years later, many of the practices he imagines have become commonplace. People stream thousands of live videos of themselves every day on social media. Apple devices track people’s heartbeats, sleep cycles and favourite music. Thanks to Snap, it is now considered perfectly normal to wear a pair of sunglasses with a video recorder embedded in the frames.

But the problem for The Circle is that in 2017, real life already seems creepier than the “dystopian future” imagined a few years ago. The film takes aim at the overuse of social media, but it misses the rise of artificial intelligence. Computer algorithms are not just gathering your data, but also analysing it to learn how you act and, eventually, how you think and feel.

This omission makes the movie feel as if the conversation has already moved on. Beyond privacy concerns, the more pressing issue today is how AI will be governed and how these algorithms will use their awesome powers of prediction.

Take the example of Amazon’s Echo Look, which combines an in-home camera with an intelligent voice assistant called Alexa. (The device was launched on the same day that The Circle premiered.) Take a picture of your outfit with the Echo Look, and Alexa will use AI to give you fashion advice. Its powers of analysis, and intrusion, surpass anything portrayed in the film.

But there is one thing that Eggers does get right: as social media becomes more invasive, there is a growing group of people opting out entirely.

In the Bay Area, this coterie is becoming more visible. Tech executives splash out on forest retreats that promise to teach adults how to live without their phones.

At least four of my friends have permanently deleted their Facebook accounts. And even people who do use Facebook are posting personal updates less frequently than before — a problem that the company has acknowledged it is trying to solve.

At a promotional appearance with Jack Dorsey, the chief executive of Twitter, the actors in The Circle all alluded to their own desire to unplug.

“I played you,” Hanks tells Dorsey, in a chat about the film that is livestreamed on Twitter. “I didn’t exercise or eat as well as you, but I played you,” he jokes. No, Dorsey says, holding up a hand as if to stave off the accusation.

Actor Patton Oswalt says: “What if that becomes the next thing after the millennials, the cool thing to be, the “Oh I have no online presence”?”

“Wouldn’t that be great, Jack?” Hanks says, throwing Dorsey a look. “That would be amazing,” Dorsey says, shifting nervously in his seat, before changing the topic.

Most viewers are likely to come away from this film with vague worries about their privacy. But for social media executives, the power of unplugging is perhaps just as scary.

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