Las decepciones y sorpresas de la educación financiera

24/11/2014 | Sophia Grener – Financial Times Español

¿Recuerdas cuando aprendiste a calcular el interés compuesto? Ese fue uno de los pocos momentos “sorprendentes” que puedo recordar de mis días en la escuela, y sin embargo no me convirtió en una buena ahorradora. Como muchos londinenses pudientes, mis posesiones están muy ligadas a lo inmobiliario. El conocimiento está ahí, pero ha pasado a un segundo plano después de mi deseo por tener mi propia casa.

Se asume que la Educación Financiera es la panacea para todos los males financieros. Las empresas de servicios financieros quieren aparecer como (o mejor aún ser) mejores ciudadanos y frecuentemente ofrecen fondos o implementan programas de educación financiera y los gobiernos buscan denodadamente cómo mejorar el conocimiento financiero de la población.

Pero ¿Cuánto beneficio público logran estas actividades bien intencionadas? Resulta que no lo sabemos a ciencia cierta, debido a que no se ha investigado lo suficiente sus resultados. Y de manera alarmante, muchas investigaciones que se ha realizado señala que muchas de estas actividades carecen de utilidad.

Un artículo* recientemente publicado por el National Bureau for Economic Research, una organización investigadora en los EE. UU., explica la realización de un experimento para ver si el enseñar a la gente a calcular el interés compuesto los haría tomar mejores decisiones en cuanto al ahorro. Su planteamiento era realmente inteligente porque mediría si el resultado se acercaba a lo que el individuo hubiera deseado, más que a lo que el investigador pensaba que habrían deseado.

“Muchos programas son reconocidos como exitosos si la gente ahorra más, pero ¿Debería la gente ahorrar más?” esto se lo pregunta Annamaria Lusardi, catedrática de economía y contabilidad en la escuela de negocios de la George Washington University, coautora del artículo y directora académica de GW Global Financial Literacy Excellence Center. Y añade que si alguien tiene una deuda, generalmente mejoraría su situación si disminuyera esa deuda en lugar de ahorrar más.

Al contrario de lo que se esperaba, el estudio muestra que mientras cierta gente es capaz de poner en uso su conocimiento recién adquirido, lo que bajo cualquier medida contaría como un éxito, solo significaba que ellos tendían a sobrestimar el valor del ahorro en lugar de subestimarlo, lo que significa que en general no había un beneficio neto.

La OCDE se ha tomado en serio este tema, estableciendo la International Network on Financial Education (INFE). Reconociendo que los bajos niveles de educación financiera en el mundo desarrollado son un problema, la INFE promueve la educación financiera y, a la vez, apoya la evaluación de sus programas.

“El conocimiento financiero es solo una parte de las competencias requeridas para que los individuos tomen decisiones financieras que mejoren su bienestar financiero”, dice Flore-Anne Messy, secretaria ejecutiva de la INFE y delegada en jefe de la división de asuntos financieros de la OCDE. “Actitudes, motivación y habilidades prácticas son por lo menos tan importantes si no son más importantes que el simple conocimiento y cálculo financiero en la toma de decisiones financieras”.

Así que ¿Cómo inculcar las actitudes y habilidades prácticas correctas? De acuerdo con la profesora Lusardi, el Reino Unido está en la dirección correcta, al introducir la educación financiera en las escuelas.

“Las encuestas muestran que el inculcar educación financiera es más efectivo en los jóvenes (incluso en los muy jóvenes) que en los adultos cuyos hábitos y procesos de toma de decisiones son más difíciles de modificar”, concluye la Sra. Messy. Como resultado, agrega ella, la OCDE está promoviendo intervenciones que van “más allá del desarrollo del conocimiento financiero y buscan proveer experiencias concretas de aprendizaje así como la comprensión y el reconocimiento de los propios sesgos y preferencias”.

Si las actitudes son importantes, es posible que la educación financiera más formativa que yo he recibido no haya sido aprender el interés compuesto, sino el momento cuando el orientador profesional le dijo a mi clase de adolescentes que confiaba en que si nos daba un billete de cinco (libras) a cada uno, seríamos capaces de regresar una semana más tarde con uno de diez. Esto inició una viva discusión acerca de las diferentes maneras en que podríamos lograrlo, seguros en la creencia de nuestra capacidad de lograrlo.

The woes and wows of financial education

11/24/2014 | Sophia Grener – Financial Times English

Do you remember learning about compound interest? It is one of the few “wow” moments I can remember from my school days, but it has not made me a particularly good saver. Like most well-off Londoners, my assets are largely tied up in property. The knowledge is there, but it has taken second place to my desire to own my own home.

Financial education is assumed to be the panacea for all financial woes. Financial services companies wanting to look like (or even be) better citizens frequently offer to fund or implement financial education programmes and governments are looking hard at how to improve financial literacy across populations.

But how much good does this well-intentioned activity do? It turns out we do not really know, because not enough research has been done on the outcomes. And worryingly, much of the research that has been done points to many interventions being pretty much useless.

A recent paper* published by the National Bureau for Economic Research, a US research organisation, set up an experiment to see if teaching people about compound interest means they become better at making decisions about saving. It was particularly smart because it was set up to measure whether the outcome was closer to what the individual would have liked, rather than what the researcher thought they ought to have liked.

“Many programmes are judged a success if people save more, but should people indeed save more?” asks Annamaria Lusardi, chair of economics and accountancy at the George Washington University school of business, co-author of the paper and academic director of the GW Global Financial Literacy Excellence Center. She says that if someone carries debt, they would typically be better off decreasing this debt rather than saving more.

Contrary to expectations, the study shows that while some people were able to put their new-found knowledge into use, which by most standards would count as a win, it just meant they tended to overestimate the value of saving instead of underestimating it, meaning there was no net benefit overall.

The OECD is taking this issue seriously, setting up the International Network on Financial Education. Recognising the low levels of financial literacy across the developed world as a problem, INFE promotes financial education but also supports evaluation of its programmes.

“Financial knowledge is only a component of the competencies required for individuals to make financial decisions to improve their financial wellbeing,” says Flore-Anne Messy, executive secretary of INFE and deputy head of the OECD’s financial affairs division. “Attitudes, motivation and practical skills are at least as important if not more important than mere knowledge and financial numeracy in the financial decision-making.”

So how to inculcate the right attitudes and practical skills? According to Prof Lusardi, the UK is going about it the right way, with the introduction of financial literacy in schools.

“Surveys show that financial education intervention may be more effective on young [and even very young] people than adults whose habits and decision-making processes are more difficult to modify,” agrees Ms Messy. As a result, she says, the OECD is promoting interventions that go “far beyond developing financial knowledge and seek to provide concrete learning experience as well as an understanding and awareness of one’s own biases and preferences”.

If attitudes are important, it is possible the most formative financial education I received was not learning about compound interest, but the moment when a careers teacher told my class of 17-year-olds she was confident that if she gave us each a fiver, we would be able to come back a week later with a tenner. This sparked a lively discussion of the various ways we might achieve this, secure in the belief we were competent to do so.

Copyright &copy “The Financial Times Limited“.
“FT” and “Financial Times” are trade marks of “The Financial Times Limited”.
Translation for Finanzas para Mortales with the authorization of “Financial Times”.
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