Lawrence Klein – Premio Nobel de Economía de 1980

hombre en traje sonriendo

Los tres grandes modelos econométricos de Klein

El prestigio de Klein llegó a ser inmenso hacia la mitad del siglo XX, pues fue prácticamente el único economista que se atrevió a predecir el boom de postguerra, cuando la cátedra esperaba una nueva depresión económica tan pronto como se acabasen los estímulos gubernamentales para financiar el esfuerzo de guerra. Todo el mundo suponía que la desmovilización de los combatientes y la reducción del gasto público daría lugar a una nueva época de recesión y desempleo.

Sin embargo, las fórmulas de Klein y su ambicioso modelo econométrico auguraban el despertar de un consumo retenido por la austeridad que imponía el conflicto bélico y que iba a sustituir con creces a los gastos del Estado; un factor adicional con el que al parecer nadie había contado. La capacidad de endeudamiento de la población no solo estaba intacta, sino que durante toda la guerra la gente había conseguido ahorrar cantidades muy considerables. Este ahorro se destinó a comprar un coche, cambiar de casa y disfrutar de una nueva era que anunciaba el porvenir hegemónico de Estados Unidos.

La bonanza prevista por Klein duró más de veinte años y se vio finalmente truncada por las dos crisis petroleras de los años setenta.

Los modelos

A Klein se le asocia con los grandes modelos econométricos que, manejando miles de datos sobre decisiones políticas en los entornos más variados y que pretenden predecir las consecuencias de cualquier programa empresarial o de gobierno. Sin embargo, antes de continuar, y dado el diferente significado con que se maneja el término “modelo”, vamos a precisar las distintas clases de modelos que maneja la teoría económica y que si no los distinguimos pueden dar lugar a posibles confusiones.

En general, un modelo es una simplificación de la realidad, que dada su complejidad no podemos abarcar en toda su riqueza de matices. Los modelos pueden ayudarnos a acercarnos a esa realidad, a sabiendas de que no nos descubren toda la verdad, pero por lo menos puede interpretarnos una parte de ella.

Cabe distinguir tres tipos de modelos económicos, con estructura y objetivos diferentes: los contables, los teóricos y los econométricos.

Los modelos contables más universales son los que se refieren al balance y la cuenta de resultados de una empresa, o a nivel nacional, el Producto Interior Bruto. En estos modelos se recoge la información de forma ordenada y siguiendo criterios aceptados universalmente. El hecho de que todo el mundo sitúe lo que tiene y lo que debe de la misma manera, o el saber que todos los países contabilizan sus riquezas y sus deudas con los mismos criterios, supone la utilización de un mismo lenguaje y evita una interminable discusión de palabrería en una Babel económica caótica e ininteligible.

El segundo tipo de modelo es el que pretende relacionar unos efectos con sus causas. El más famoso de estos modelos es el que relaciona la cantidad que se compra de un producto según sea el precio que se pida por él. La curva de demanda solo tiene como competidora en popularidad a la curva de oferta. Los esfuerzos por buscar razones que justifiquen determinadas interdependencias han llevado a la formulación de numerosos modelos teóricos. La relación de los movimientos de los tipos de interés con los precios de los títulos bursátiles, la curva de Laffer, que pretende relacionar la presión fiscal con la recaudación tributaria, o la fallida curva de Philips, que pensaba haber encontrado la solución del paro modificando la inflación, son ejemplos de este tipo de modelos.

Finalmente nos encontramos con los modelos econométricos, cuya pretensión fundamental es tratar de predecir el futuro. Este es el ambicioso proyecto de los económetras, en general, y de Lawrence Klein en particular.

El proyecto Link

El proyecto Link es de un ambicioso programa –alguien llegó a calificarlo de megalómano- en el que Klein introdujo más de mil ecuaciones que relacionaban decisiones políticas y resultados, supuestamente relacionados con ellas, de numerosos países y de diferentes épocas. Aplicando métodos estadísticos y buscando correlaciones, se pretendía pasar del análisis del pasado a la predicción del futuro. Después de su éxito espectacular al descartar el temido pesimismo de postguerra, sus posteriores pronósticos no fueron tan acertados. Es verdad, confesaba el propio Klein, que del futuro no tenemos datos para procesar, pero, aunque no se acierte todas las veces, no cabe duda que por el camino podemos aprender muchísimas cosas.
Para conocer un poco más a fondo sobre cada uno de los galardonados recuerda que puedes consultarlo todo en el libro ‘Una corona de laurel naranja’ o entrando al siguiente blog.

José Carlos Gómez Borrero

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