Lección de Historia: en el largo plazo todos estaremos muertos

17/02/2014 | James Mackintosh – Financial Times Español

El crecimiento económico importa. Pero también no importa.

Si hubieses invertido 100 libras esterlinas en 1899, ahora tendrías 2.214.856,00. Pero también estarías muerto. La semana pasada los historiadores del mercado de valores tuvieron su momento anual, con Credit Suisse y Barclays poniendo al día sus informes históricos de ganancias de inversiones. Como siempre, contenían importantes lecciones para los inversores – algunas escritas, pero otras no.

“En el largo plazo todos estaremos muertos”. Como siempre, el economista John Maynard Keynes hizo el mejor comentario. Está muy bien saber que el valor de las acciones de las empresas británicas más grandes ha superado a la inflación desde el inicio del siglo pasado, pero aun durante toda una vida, los valores pueden no dar rendimiento alguno.

Los inversores que durante los últimos 13 años apenas han logrado un 1,4 por ciento sobre la inflación con el FTSE 100– aun reinvirtiendo los dividendos – pueden haber aprendido una lección. Pero los conocimientos resumidos por el profesor de Wharton, Jeremy Siegel, en el libro “acciones para el largo plazo” todavía alienta la inversión: posea acciones, porque en un periodo de 20 años siempre ganará dinero.

Elroy Dimson, Paul Marsh y Mike Staunton de la London Business School, que realizaron el estudio CS, dan una tabla muy fácil de leer que muestra cuánto del conocimiento está basado en investigación centrada en los EE. UU. Después de la inflación y los dividendos, el periodo más largo de pérdidas de los valores en los EE. UU. fue de 16 años, contando desde 1900 (sin asumir impuestos o costes de transacción – en la vida real hubiera sido más largo). En el Reino Unido fue de 22 años. Hasta ahora, y para el bien de la tesis: compre acciones y guárdelas en el fondo de un cajón.

Los inversores de Austria pueden disentir: gracias a la pérdida del imperio, los inversores que pusieron su dinero en valores austriacos en el momento equivocado hubieran tardado 97 años en apenas recuperar lo invertido. En Bélgica el periodo más largo de pérdidas fue de 58 años, en España 57 y en Alemania 55.

Por supuesto que todos fueron destrozados por guerras o guerras civiles, algo que los inversionistas pudieron evitar en los EE. UU o el Reino Unido (también probablemente hubieran querido evitar lo que fue “la guerra que terminaría con todas las guerras”, la primera guerra mundial). Pero consideremos a la neutral Suecia y sus 34 años de pérdidas reales en los valores, o los 36 años de Portugal. No existe algo que se sea un periodo seguro.

El crecimiento económico importa. Pero, a la vez, no importa. Invertir cada año desde 1972 en las cinco economías con mejor despeño nos hubiera dado ganancias del 35 por ciento, comparado con un 4 por ciento si la inversión hubiese sido en las cinco peores. Es así, por supuesto, porque nadie sabe de antemano cuáles serán las economías con mejor desempeño.

Utilizar la información disponible tiene el efecto contrario. Invertir en las de mejor desempeño de los años anteriores hubiese dado un 17 por ciento, comparado con un 23 por ciento de las de peor desempeño (con un gran diferencial si se mira el crecimiento económico durante un largo periodo). Esto es una variante de la siguiente lección.

Compra barato, vende caro. Casi siempre. Dicho de otro modo, compra “valor”: a la larga los valores que en parámetros como precio por acción o rendimiento sean eficientes serán los que den beneficios. Esto debería ser obvio, pero es difícil mantenerlos durante años cuando los valores baratos continúan siendo baratos. Los administradores de fondos de inversión no pueden darse el lujo de tener pérdidas por más de un año consecutivo a la vez. Aquellos que invierten, mas que hacer trading, deben asegurarse de tener cierta inclinación hacia el valor en su portafolio – mientras que diversifican para evitar casos como las confiscaciones habidas en la China o Rusia comunistas.

Hay una razón para usar la palabra “riesgo” en “bonus por riesgo”. Regresemos atrás lo suficiente y veremos que los riesgos se cumplieron: los valores rusos y chinos cayeron a cero después de las revoluciones comunistas. Argentina y Chile habrían sido considerados como mercados emergentes hasta 1975 y 1953 respectivamente – y Grecia ha sido reclasificada como emergente. El avance de la civilización no es tan inevitable como sugiere la experiencia de Occidente en el último medio siglo.

Los mercados emergentes (ME) pueden ser a la vez mejores y peores de lo que la percepción popular sugiere. Los años 2000 fueron con diferencia los de mejor desempeño relativo de los ME, mientras que los mercados desarrollados (MD) enfrentaron los retrocesos gemelos de la burbuja dotcom y Lehman Brothers. Si contabilizamos desde que los valores chinos cayeron a cero, los ME han superado a los mercados desarrollados, pero solo por 1,5 puntos porcentuales anuales. La idea común de que los países emergentes deberían dar mucho mejores ganancias no es la norma.

Por otro lado, el temor actual acerca de que la crisis de los ME puede afectar al mundo desarrollado puede también ser exagerada. Las décadas de 1980 y 1990 fueron relativamente inusuales por tener tantos desastres en los ME, resaltando la crisis de México, la del este de Asia de 1997, y la suspensión de pagos rusa de 1998. Desde 1990 tanto los países emergentes como los desarrollados han tenido un número similar de crisis en la mayoría de las décadas.

Aún durante el periodo reciente esas crisis de los ME han tendido a ser menos contagiosas de lo que uno pudiera esperar. En promedio las seis crisis notables de los ME durante el último cuarto de siglo desataron una alta volatilidad en otros ME, pero tuvieron poco efecto en los mercados desarrollados. Por otro lado, los ME no fueron un buen lugar para protegerse de las crisis de los MD.

Lo que la historia financiera no puede enseñar a los inversionistas es cómo resistir la tentación de caer en pánico y despedir a su administrador de fondos de inversiones, cómo detectar los hechos puntuales cuando hacer eso es lo correcto (como en la Rusia de 1917 o la China de 1949) o cómo ser lo suficientemente afortunado para invertir en economías que crecen rápido.

History lesson: in the long run, we are all dead

02/17/2014 | James Mackintosh – Financial Times English

Economic growth matters. Also, it doesn’t.

If you invested £100 in shares in 1899, you would now have £2,214,856. You would also be dead. Last week stock market historians were given their annual outing, with both Credit Suisse and Barclays updating long-running reports on asset returns. As always, they contained important lessons for investors – some written, and some not.

“In the long run, we are all dead.” As usual, economist John Maynard Keynes provided the best summary. It is all very well knowing that the value of large-cap UK shares far outpaced inflation since the start of the last century, but even over a lifetime, equities may not make any money.

Investors who made just 1.4 per cent above inflation from the FTSE 100 over the past 13 years – even after reinvesting dividends – may have learnt the lesson. But the culture summed up by Wharton professor Jeremy Siegel’s book “stocks for the Long Run” still permeates investing: own shares, because over a 20-year period you will always make money.

Elroy Dimson, Paul Marsh and Mike Staunton of London Business School, who produce the CS study, provide a handy table that shows just how much the culture is based on US-centric research. After inflation and dividends, the longest period since 1900 when US stocks lost money was 16 years (assuming no tax or trading costs – in real life it would be longer). In the UK it was 22 years. So far, so good for the thesis; just buy shares and put them in the bottom drawer.

Investors in Austria might disagree: thanks to the loss of empire, investors who put money in Austrian shares at the wrong time would have taken 97 years to make their money back. In Belgium the longest period of loss was 58 years, in Spain 57 and in Germany 55.

All of course were ravaged by war or civil war, something investors might be willing to rule out in the US or UK (although they probably would have ruled it out after the “war to end all wars”, too – the first world war). So consider neutral Sweden’s 34 years of real terms losses from equities, or Portugal’s 36. There is just no such thing as a safe holding period.

Economic growth matters. Also, it doesn’t. Investing each year in the top fifth of best-performing economies would have returned 35 per cent from 1972, against 4 per cent for the bottom fifth. This is, of course, because no one knows which will be the best-performing economies in advance.

Using available information has the opposite effect. Investing in the top performers over the previous year would have returned 17 per cent, against 23 per cent for the worst performers (with a bigger gap if you look back at economic growth over a longer period). This is a variant of the next lesson.

Buy cheap, sell high. Mostly. Put another way, buy “value”: over time shares that are cheap on measures such as price to book or dividend yield will outperform. This should be obvious, but is hard to stick to during years when cheap stocks just keep getting cheaper. Fund managers mostly cannot afford to take the career risk of underperforming for a year or two at a time. Those who are investing rather than trading should ensure they have a bias towards value in their portfolio – while diversifying to avoid cases like China or Russia’s communist confiscation.

There is a reason for the word “risk” in “risk premium”. Go back far enough and the risks were realised: Russian and Chinese stocks went to zero after communist revolutions. Argentina and Chile would have counted as developed markets up to 1975 and 1953 respectively – and Greece has just been reclassified as emerging. The advance of civilisation may not be as inevitable as the experience of westerners over the past half-century suggests.

Emerging markets may be both better and worse than popular perceptions suggest. The 2000s saw by far the best relative performance by EM, as developed markets faced the twin setbacks of the dotcom bubble and Lehman Brothers. Start from after Chinese stocks went to zero, and EMs have beaten developed markets, but only by 1.5 percentage points a year. The standard view that emerging countries should provide far better returns is not the norm.

On the other hand, the fear this year about an EM crisis hammering the developed world might be overdone, too. The 1980s and 1990s were relatively unusual in having so many EM disasters, notably Mexico’s tequila crisis, the 1997 east Asian crisis, and the 1998 Russian default. Since 1900, developed and emerging countries have had quite similar numbers of crises in most decades.

Even during the recent period those EM crises tend to be less contagious than one might expect. The average of six notable EM crises in the past quarter-century prompted higher volatility in other EMs, but had little effect on developed markets. On the other hand, EMs were not a good place to hide from DM crises.

What financial history cannot teach investors is how to resist the urge to panic and to fire their fund manager, how to spot the rare times when that is the right thing to do (as in Russia 1917 or China 1949) or how to be lucky enough to invest in economies that grow fast.

Copyright &copy “The Financial Times Limited“.
“FT” and “Financial Times” are trade marks of “The Financial Times Limited”.
Translation for Finanzas para Mortales with the authorization of “Financial Times”.
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