Lo que la FIFA nos dice sobre el poder global

Lo que la FIFA nos dice sobre el poder global

02/06/2015 | Gideon Rachman – Financial Times Español

Es el descanso en el partido entre el Sistema judicial de los EE. UU. y la FIFA. En la primera parte los estadounidenses tomaron muy pronto una sorprendente ventaja, con el inesperado arresto de varios de los principales jugadores de la FIFA. Pero el consejo de gobierno del fútbol mundial contratacó con una desafiante igualada – la reelección de su desacreditado presidente, Sepp Blatter.

El resultado final de este partido será de interés para todo el mundo, no sólo para los fanáticos del fútbol. El presidente ruso Vladimir Putin denunció los arrestos como otro ejemplo del abuso de poder de los EE. UU. Su reacción ilustra que el problema de la FIFA se ha convertido en un muy visible estudio de caso de una de las cuestiones centrales de la política mundial – ¿Son los EE. UU. todavía lo suficientemente poderosos para ejercer su autoridad en las organizaciones globales? ¿O el control de la única superpotencia sobre las instituciones globales está decayendo?

La FIFA es, por supuesto, una organización nicho. Pero las mismas preguntas sobre si el poder de decisión todavía radica en Occidente se aplican a instituciones globales de importancia realmente sistémica como el Fondo Monetario Internacional, las Naciones Unidas y sus sub-organizaciones incluyendo el Consejo de Derechos Humanos. Es una cuestión que gana importancia en la red de organizaciones no gubernamentales que proveen el andamiaje del sistema económico mundial; desde el Swift, la organización que maneja las transferencias internacionales entre los bancos, hasta el Icann que regula internet.

Hasta la semana pasada, la FIFA parecía el arquetipo de organización internacional que se escapaba del control de Occidente. Las propuestas para ser sede de las Copas del Mundo de 2018 y 2022 por parte de Inglaterra, España, Holanda, Estados Unidos y Australia fueron rechazadas en favor de Rusia y Catar. La prensa occidental se llenó de acusaciones de corrupción en la FIFA. Pero el Sr. Blatter y sus acólitos las ignoraron.

Los dramáticos arrestos en Suiza cambiaron esta imagen de debilidad occidental. Esto era algo que sólo los EE. UU. podrían o querrían hacer. Suiza había iniciado su propia investigación pero era poco probable que hubiese actuado sola, sin interferencia del FBI en Washington.

¿Pero qué permitió a EE. UU. actuar de esta manera? ¿Es transferible el poder de los EE. UU. a otros territorios? ¿Y, se está debilitando?

Un factor central es la importancia del sistema financiero estadounidense para la economía mundial – algo que descansa en la importancia de los bancos ubicados en los EE. UU. y el papel del dólar como la principal divisa utilizada como reserva global. Los EE. UU. tienen bases en el caso de la FIFA porque se supone que las transacciones corruptas fueron realizadas a través de bancos ubicados en los EE. UU.

En ot
ras ocasiones, no sólo el uso directo del sistema financiero de los EE. UU. es lo que ha atrapado a algunos extranjeros en la red de los EE. UU.
Algunas de las reglas sancionadoras de los EE. UU. obligan a los extranjeros a obedecer la ley estadounidense, incluso fuera de los EE. UU., o estar sujetos a las sanciones ellos mismos. Swift, por ejemplo, está ubicado en Bélgica. Pero si los directivos de Swift hubiesen rehuido obedecer la ley de los EE. UU. que imponía sanciones a Irán, habrían estado en riesgo de negárseles la entrada a los EE. UU. Así que prefirieron cooperar.

Este es el tipo de poder que ningún otro país puede ejercer. China, por ejemplo, es un inmenso mercado que no rehúye a utilizar su poder de mercado para amenazar a países que hacen algo que no gusta a Beijing, como recibir al Dalai Lama o reconocer a Taiwán. Sin embargo el renminbi no es una divisa global y el acceso al sistema financiero chino todavía no es crítico para los negocios globales. Tampoco una amenaza de veto a un individuo para viajar a China tiene el efecto aterrador de una potencial prohibición a hacerlo a los EE. UU. (Con respecto a las prohibiciones de viajar a Rusia, emitidas la semana pasada a 89 ciudadanos de la UE, pocos lo tomarán como una imposición insoportable).

¿Podrá cambiar esto? Posiblemente. Pero probablemente requeriría que la divisa china se convirtiera en una divisa global que rivalizara con el dólar. Es por eso que la decisión que el FMI tomará a finales de este año acerca de si incluye a China en la canasta de divisas con las cuales elabora sus Derechos especiales de giro (DEG) se observará cuidadosamente. Eso, en su momento, podría amenazar finalmente la posición única que tiene el dólar en el sistema global – y el poder que confiere a los EE. UU.

Los EE. UU. pudieran oponerse a cualquier movimiento del FMI que aumentara el estatus del renminbi. Sin embargo tendrá que actuar con sumo cuidado. Una oposición basada en el hecho de que la divisa china aún no es completamente convertible pudiera verse como legítima. Una oposición que se pareciera más a un injustificado esfuerzo para conservar una posición privilegiada podría terminar debilitando a los EE. UU.

Para la lección final sobre el caso FIFA tenemos que el poder de los EE. UU. no sólo se basa en el tamaño de su mercado o de su poderío militar. Su sistema judicial también posee autoridad moral que surge de las raíces de una sociedad abierta, democrática y gobernada por la ley.

La justicia dispensada por el Sistema judicial de los EE. UU. puede parecer dura, especialmente por el uso de amenazas y acuerdos con los fiscales. Pero si el Departamento de Justicia de los EE. UU. dice que hay un caso serio al cual responder, esto implica credibilidad global. El mismo beneficio de la duda no podría extenderse a un fiscal en Moscú o Beijing.

China ciertamente está cerrando la brecha patrimonial que la separa de los EE. UU., así como Asia está cerrando la brecha con Occidente. Pero la reputación de integridad de las instituciones estadounidenses continúa siendo un vital activo intangible. Es esta reputación la que ha permitido a los EE. UU. intervenir en la FIFA.

 

What FIFA tells us about global power

06/02/2015 | Gideon Rachman – Financial Times English

It is half-time in the match between the US justice system and FIFA. In the first half, the Americans took a shock early lead, with the unexpected arrest of several of FIFA’s leading players. But world football’s governing body struck back with a defiant equaliser – re-electing its discredited president, Sepp Blatter.

The ultimate outcome of this match will be of interest all around the world, and not just to football fans. President Vladimir Putin of Russia has denounced the FIFA arrests as yet another example of the abuse of American power. His reaction illustrates that the FIFA struggle has become a highly visible test-case of one of the central questions in world politics – is the US still powerful enough to call the shots in global organisations? Or is the sole superpower’s grip on global institutions slipping?

FIFA, of course, is a niche organisation. But the same questions of whether ultimate power still lies in the west applies to much more systemically important global institutions such as the International Monetary Fund, the UN and its sub-organisations including the UN Human Rights Council. It is also increasingly a question in the network of non-governmental organisations that provide the wiring for the world economic system; from Swift, the organisation that handles international financial transfers between banks, to Icann which regulates the internet.

Until last week, FIFA looked like the archetype of an international organisation that was slipping out of the control of the west. Bids to stage the 2018 and 2022 World cups from England, Spain, the Netherlands, the US and Australia had been rejected in favour of Russia and Qatar. The western press was full of accusations of corruption at FIFA. But Mr Blatter and his acolytes brushed them aside.

The dramatic arrests in Zurich changed this picture of western powerlessness. This was something that only the US could or would do. Switzerland has launched its own investigation but is unlikely to have acted alone, without prompting from the FBI in Washington.

But what allowed America to act in this way? Is that US power transferable to other domains? And is it slipping?

 

One key fact is the centrality of the American financial system to the world economy – something that in turn rests on the importance of US-based banks and the role of the dollar as the pre-eminent global reserve currency. The US has standing in the FIFA cases because allegedly corrupt transactions were made through banks based in America.

On other occasions, it is not just the direct use of the US financial system that drags outsiders into America’s net. Some US sanctions regimes force foreigners to obey American law, even outside the US, or to be subjected to sanctions themselves. Swift, for example, is based in Belgium. But had swift’s directors refused to obey US law imposing sanctions on Iran, they risked being refused entry to America. So they chose to co-operate.

This is the kind of power that no other country can yet wield. China, for instance, is a huge market and is not averse to using its market-power to threaten countries that do things Beijing dislikes, such as meet the Dalai Lama or recognise Taiwan. The renminbi is not a global currency however and access to the Chinese financial system is not yet critical to a global business. Nor does a threat to bar an individual from travelling to China have the chilling effect of a potential travel ban to the US. (As for the Russian travel bans, issued last week on 89 EU citizens, few would regard these as an unbearable imposition.)

Could this change? Possibly. But it would probably require the Chinese currency to become a global reserve currency to rival the dollar. That is why the imf’s decision later this year about whether to include China in the basket of currencies from which it makes up its special-drawing-rights will be keenly watched. Such a move would be a visible step along the road to turning the renminbi into a global reserve currency. That, in turn, might ultimately threaten the dollar’s unique position in the global system – and the power that it confers on the US.

The US may oppose any imf move to elevate the status of the renminbi. It will have to tread carefully, however. Opposition that was based on the fact that China’s currency is not yet fully convertible could well be seen as legitimate. Opposition that looked like little more than an unjustified effort to hang on to a privileged position could end up weakening the US.

For the final lesson of the FIFA affair is that America’s power does not just rest on the size of its market or the power of its military. Its justice system also still possesses a moral authority that stems from its roots in an open, democratic and law-governed society.

The justice dispensed by the US system can seem rough, particularly given its use of threats and plea bargains. But if the US Department of Justice says there is a serious case to answer, it still carries global credibility. The same benefit of the doubt would not be extended to a prosecutor in Moscow or Beijing.

China is certainly closing the wealth gap with America, just as Asia is closing the gap with the west. But the reputation of American institutions for integrity remains a vital intangible asset. It is that reputation that allowed the US to tackle FIFA.

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«FT» and «Financial Times» are trade marks of «The Financial Times Limited».
Translation for Finanzas para Mortales with the authorization of «Financial Times».
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