Los banqueros franceses me hacen reír

Los banqueros franceses me hacen reír

10/07/2014 | Gary Silverman – Financial Times Español

Algunos prefieren las payasadas. Otros prefieren el doble sentido. Pero cuando yo quiero una buena risa escucho a la gente hablar acerca del declive de Nueva York como centro financiero.

Podría suceder, por supuesto. Los Dodgers dejaron Brooklyn, y el Deli de la Segunda Avenida terminó en la calle 33, así que es posible que nuestra gente del compra-barato-y-vende-caro pueda ir tras las fragantes brisas de Beijing o Shanghai, los altos bonos de Londres o el lujoso laisser faire de la UE.

Encuentro entretenido ver a esos tíos que vienen a avisar que Nueva York está a punto de caer en el abismo. Difícilmente son ellos autoridades religiosas, jóvenes tecnólogos u otro tipo de gente que se supone sabe acerca de lo que sucederá.

No, es nuestro destino ser regañados por esa rara especie de corruptos que son incapaces de cumplir los ya bajos estándares de nuestra turbulenta metrópoli. La muestra de cinismo resultante – chutzpah, para usar un término local – es tan divertida como la vieja broma acerca del chico que mata a sus padres y luego pide clemencia ante el juez porque es un huérfano.

Hasta hace poco, mi ejemplo favorito de este tipo ocurrió en el 2007 World Economic Forum de Davos. Thomas Russo, vicepresidente de Lehman Brothers, advirtió que si las autoridades de Nueva York no se tranquilizaban, la actividad financiera podría mudarse a lugares donde “uno no sería demandado por cualquier cosa… y los reguladores hablan contigo y solucionan problemas, y tú no estás en los periódicos todo el tiempo”.

Él dijo que estas “opciones hacen de alguna manera más confortable en ciertas circunstancias hacer negocios en otros lugares”. En particular le gustaba el toque ligero de Londres, donde él decía que la Autoridad de servicios financieros “realmente ha hecho un gran trabajo regulando sin sobre regular”.

“Siempre tendrás problemas en cualquier mercado”, reconocía el Sr. Russo, “así que el equilibrio que han logrado es destacable, y creo que es por eso que muchos de los hedge funds están ahí… Esto llevará a crear más empleos, y es un buen sitio”.

“El broche de oro vino unos meses después cuando Lehman quebró y los mercados globales dieron un tropezón digno de los policías de las películas mudas, llevándome a un ataque de risa histérica, según recuerdo (para ser parejo con el Sr. Russo, una vez lo entrevisté acerca de su labor caritativa y había hecho también algunas cosas buenas).

Sin embargo, para la gran comedia, es difícil superar la charla proveniente de Paris cuando el BNP Paribas, el banco francés, acordó hace unos días pagar 8,9 mil millones de dólares por violar las sanciones de los EE. UU. que prohibían hacer negocios con Sudán, Irán y Cuba.

BNP Paribas se declaró culpable de usar subterfugios para dirigir miles de millones de dólares a través del sistema financiero de los EE. UU. hacia esos países – siendo el mayor beneficiario Sudán, un estado descrito por un gerente del banco francés como una “catástrofe humanitaria” en la correspondencia revelada por la fiscalía de los EE. UU.

Sin embargo el arrepentimiento es escaso en la tierra de Edith Piaf. Mucha de la gente más importante de Francia se imagina un futuro post-Nueva York en el cual sus financieros en busca de diversión puedan evitar las transacciones en dólares estadounidenses – y la carga regulatoria que estos generan.

Los franceses están actuando dentro de sus derechos pero su sueño es muy parecido al del Sr. Russo, y refleja la idea de que las reglas del juego de Nueva York son a largo plazo una debilidad que eventualmente llevará a los inversores, traders y emisores de títulos hacía lugares más liberales.

Ahora todos sabemos por qué los franceses están enojados. Hay un elemento de hipocresía en las decisiones de los EE. UU. acerca de quién es malo y quién bueno en el mundo cuando sus manos no están precisamente limpias e inmaculadas. Yo crecí durante la guerra de Vietnam y, a mi manera de ver, Henry Kissinger no debería haber sido capaz de obtener una tarjeta de crédito.

También puedo ver cómo los cargos del BNP Paribas deben sentirse elegidos. Ellos saben lo fácil que es para un banco el operar en los EE. UU. sin respetar sus leyes. Ellos lo hicieron durante años. No necesitan pensar mucho para sospechar que sus competidores también lo hicieron.

Sin embargo no puedo contenerme cuando la gente en Francia sugiere que es un buen negocio colaborar con los chicos malos. Este sentimiento solo crece cuando pienso acerca de cómo sería estar más envuelto con, por decir algo, Sudán.

Consideremos, si te parece, la naturaleza de los servicios que proveyó el BNP Paribas en este caso. En una entrevista con el FT, Peter Hahn, catedrático de la London Cass Business School, dijo: “Este es un banco que estaba realmente cooperando con esta masacre”.

Qué gracioso es eso, ¿no?

French bankers make me laugh

07/10/2014 | Gary Silverman – Financial Times English


Some people like slapstick. Others prefer a double entendre. But when I want a good laugh, I listen to the people talking about New York’s decline as global financial centre.

It could happen, of course. The Dodgers left Brooklyn, and the Second Avenue Deli wound up on 33rd Street, so it’s possible our local buy-low-and-sell-high crowd could decamp for the fragrant breezes of Beijing and Shanghai, the lavish bonuses of London or the luxuriant laisser faire of the EU.

I just find it entertaining to see the kind of folks who come forward to warn New York about its impending doom. They are hardly ever religious authorities, young technologists or other people who are supposed to know about what comes next.

No, it is our fate to be lectured by that rare breed of wheeler and dealer who is unable to meet the all-too-low standards of our rough-and-tumble metropolis. The resulting displays of chutzpah – to use a local technical term – are as amusing as the old joke about the kid who kills his parents and then asks the court for mercy because he is an orphan.

Until recently, my favourite example of the genre came at the 2007 World Economic Forum in Davos. Thomas Russo, a Lehman Brothers vice-chairman, warned that if the New York authorities didn’t chill out, financial activity could shift to places where «you’re not going to get sued for everything… and regulators tend to talk with you and solve problems, and you’re not in the newspapers all the time».

He said these «options make it somewhat more comfortable in certain circumstances to do business elsewhere». In particular, he liked the light touch of London, where he said the Financial Services Authority «has really done a great job of regulating without over-regulating».

«You’re always going to have problems in any market,» Mr Russo acknowledged, «so the balance that they’ve managed to achieve is remarkable, and I think that’s why a lot of hedge funds are there… That’s going to lead to more jobs, and it’s just a good place.»

The punchline came a few months later when Lehman collapsed and global markets took a tumble worthy of the Keystone Cops, reducing me to side-splitting hysterics, as I recall (to be fair to Mr Russo, I interviewed him once about his charity work and he has done some good things, too).

However, for big-time comedy, it’s hard to beat the talk coming out of Paris since BNP Paribas, the French bank, agreed a few days ago to pay $8.9bn for violating US sanctions against doing business with Sudan, Iran and Cuba.

BNP Paribas pleaded guilty to using subterfuge to route billions of dollars through the US financial system for these countries – with the biggest beneficiary being Sudan, a state described by one manager of the French bank as a «humanitarian catastrophe» in correspondence disclosed by US prosecutors.

Yet regrets are in short supply in the land of Edith Piaf. Many of France’s most important people have taken to imagining a post-New York future in which their financial fun-seekers could avoid US dollar transactions – and the considerable regulatory heat they generate.

The French are acting within their rights but theirs is a dream much like Mr Russo’s, reflecting the notion that the rules of the New York game are a long-term weakness that will eventually drive investors, traders and issuers of securities to even more freewheeling locales.

Now we all know why the French are upset. There is an element of hypocrisy in the US deciding who is naughty and nice in the world when its hands aren’t exactly spick and span. I grew up here during the Vietnam war and, to my way of thinking, Henry Kissinger shouldn’t be able to get a credit card.

I can also see how officials at BNP Paribas might feel they have been singled out. They know how easy it is for a bank to operate in the US without respecting the country’s laws. They did it for years. It’s not a big leap for them to suspect that their competitors fooled around, too.

Nevertheless, I can’t contain myself when people in France suggest it is good business to collaborate with bad guys. The feeling only grows when I think about what it would be like to be more involved with, say, a Sudan.

Consider, if you will, the nature of the services provided by BNP Paribas in this case. In an FT interview, Peter Hahn, a senior fellow at London’s Cass Business School, observed: «This is a bank that was really aiding in murder.»

How funny is that?

Copyright &copy «The Financial Times Limited«.
«FT» and «Financial Times» are trade marks of «The Financial Times Limited».
Translation for Finanzas para Mortales with the authorization of «Financial Times».
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