Los estadounidenses se equivocan: Washington no es tan malo

Los estadounidenses se equivocan: Washington no es tan malo

05/08/2013 | Edward Luce – Financial Times Español

Agosto es el mes en que tradicionalmente los líderes europeos se escapan hacia el Mediterráneo, y los de los EE. UU. se reúnen con sus votantes en tensas juntas en sus distritos electorales. Ahí pasan el tiempo evitando ser ofendidos, agredidos con huevos podridos y disculpándose por vivir en Washington. A juzgar por el creciente desdén que el resto de los EE. UU. siente por su capital, este agosto puede no ser la excepción. This Town – como llama a Washington Mark Leibovich en su nuevo y divertido libro – pocas veces ha sido tenido tan en poca consideración.

Pero cualquiera que recientemente haya visitado Bruselas o Delhi o Londres, incluso Springfield, Illinois, puede dar fe de que las cosas podrían ser mucho peor de lo que son. Parafraseando a Winston Churchill, Washington es la peor capital del mundo sin contar a la mayoría de las otras. Estas son cinco ideas para meditar antes de volver a condenar de manera ritual a la capital de los EE. UU.

Primera, la disfuncionalidad crónica de Washington puede ser sorprendentemente funcional. Los EE. UU. se desempeñaron mejor que la mayoría de otros países occidentales al enfrentarse a la crisis de 2008 y en controlar sus consecuencias. Cierto es que este listón está bastante bajo. El Reino Unido se metió a sí misma en un programa de austeridad inoportuno. La mayoría de Europa está lidiando con las consecuencias de una moneda única que no acaba de cuajar. Entre las naciones ricas solo Canadá y Australia se han desempeñado mejor que los EE. UU. ¡Bien por ellos! – aunque si se quiere morir de aburrimiento pruebe mudarse a Ottawa o Canberra.

Entre las economías grandes con moneda propia destacan los EE. UU. por haber promovido las ayudas fiscales y monetarias correctas como respuesta a la crisis. No era un lindo panorama – y el programa de flexibilización cuantitativa de la Reserva Federal continúa enriqueciendo a la clase capitalista de rentistas que no se lo merecen. Pero es una solución menos mala que las otras alternativas – basta con mirar hacia Madrid, Atenas, Roma y Lisboa. En breve, el sistema de los EE. UU. funcionó cuando más importaba, aunque falle el resto del tiempo. Un pequeño aviso, Washington también fue el principal autor de la crisis financiera. Pero… nadie es perfecto.

Segunda, a diferencia de Nueva York o San Francisco, que son infinitamente auto-indulgentes, Washington por lo menos tiene la decencia de disculparse por sus actos. Sin lugar a dudas, los líderes políticos de los EE. UU. constantemente se congratulan a sí mismos y a sus compatriotas por haber nacido en los EE. UU. Y Washington está a reventar de gente que se describe como “líderes de opinión” que nunca en su vida han tenido una idea original. Todo esto puede ser muy molesto. Pero los washingtonianos están felices de hacer menos a la ciudad de la que obtienen sus ingresos. Si la hipocresía es la reverencia que el vicio hace a la virtud, entonces Washington es muy reverente.

Contrastemos al dubitativo Washington con la seguridad es sí mismo que hay en Wall Street y Silicon Valley. Incluso el legislador menos cuerdo se lo pensaría dos veces antes de asegurar que está “haciendo el trabajo de Dios”, como dijo en 2009 Lloyd Blankfein, el presidente ejecutivo de Goldman Sachs. Tampoco he oído a alguien en Washington hacerse eco del logo, pasado de moda, de Google “No hagas el mal”. Hay peores lemas que el no-oficial de Washington: “De verdad ofrezco disculpas por estar aquí”.

Tercera, Washington puede estar aliándose con oportunistas, pero también es hogar de algunas de las personas más brillantes de los EE. UU. La mayoría de ellos jamás verá una opción de acciones en su vida. El Sr. Leibovich correctamente se enfoca en la puerta giratoria que frenéticamente une a la Colina del Capitolio y a la calle K – donde están los influyentes grupos de presión o lobbies. Y dirige la atención al libro regulatorio This Town – concretamente un código federal de impuestos que fue redactado para y, en su mayoría, por los ricos. Pero Washington es también hogar de la colección más impresionante de think-tanks del mundo. En su mayoría están integrados por gente que verdaderamente está interesada en las políticas públicas. Pocos de ellos acabarán siendo ricos. Muchos son expertos en su campo.

Cuarta, Washington es sorprendentemente progresivo. En algún momento durante las próximas semanas, el presidente Barack Obama, un afro-americano, elegirá al próximo presidente de la Reserva Federal entre una probable breve lista de tres, formada por una mujer, Janet Yellen; un judío, Lawrence Summers; y un afro-americano, Roger Ferguson. Sin mencionar al noveno miembro de la Suprema Corte, la cual ahora incluye tres mujeres y ningún protestante. El actual favorito para ser el próximo presidente también es una mujer. Hay muchas cosas malas en Washington – yo paso mucho de mi tiempo escribiendo sobre ello. Pero también hace cosas buenas.

Finalmente, Washington no es ni peor ni mejor que el país que representa. Entre los libertarios de la derecha, representa todo lo que está mal en los EE. UU. – una ciudad que trafica con información privilegiada para auto enriquecerse. Entre los liberales, Washington es visto como una subsidiaria perteneciente en su totalidad a los grandes financieros/petroleros/informáticos y demás. Ambos captan un elemento verdadero. Pero también son caricaturas. Y pasan por alto el hecho de que el estancamiento del gobierno refleja (la red de intereses del electorado) el país que lo elige.

La mayoría de los votantes de los EE. UU. dicen que quieren reducir los presupuestos federales en general. Pero hacen excepciones para todos los temas específicos que los benefician. La mayoría de los votantes quieren reducir el calentamiento global. Pero no quieren pagar facturas de electricidad más altas. Y la mayoría de los votantes de los EE. UU. dicen que quieren que el gobierno no se meta en sus vidas, pero ¡ay de aquel presidente que permita algún acto terrorista durante su mandato! En breve, como la mayoría de nosotros, el electorado de los EE. UU. es un amasijo de contradicciones. (y) Washington es su reflejo. “Todos odian el Congreso, todos odian a los medios, todos odian a Washington”, dice Barney Frank, el recientemente jubilado legislador por Massachusetts. “Pero déjame decirte algo, los votantes tampoco son cosa fácil”.

Americans have it wrong: Washington ain’t that bad

08/05/2013 | Edward Luce – Financial Times English

August is the month where Europe’s leaders traditionally vanish to the Mediterranean, and America’s head off to angry town hall meetings in their districts. There they idle their time avoiding abuse, rotten eggs and apologising for living in Washington. Judging by the ascending contempt the rest of the US has for its capital, this August may be no exception. This Town – as Mark Leibovich’s entertaining new book dubs Washington – has rarely been held in lower regard.

Yet, as anyone who has recently paid a visit to Brussels or Delhi or London or indeed Springfield, Illinois, could attest, things could be much worse than they are. To paraphrase Winston Churchill, Washington is the worst capital in the world apart from most of the others. Here are five reasons to pause before making your next ritual condemnation of the US capital.

First, Washington’s chronic dysfunction can be surprisingly functional. The US performed better than most other western countries in staving off the 2008 meltdown and handling its aftermath. Admittedly, this is a pretty low bar. The UK plunged itself into an ill-timed programme of austerity. Most of Europe is grappling with the consequences of an unworkable single currency. Among wealthy countries, only Canada and Australia have fared better than the US. Good for them – although if you want to lose your appetite for life, try moving to Ottawa or Canberra.

Among the large economies with a sovereign currency, the US stands alone in having pulled the right fiscal and monetary levers after the meltdown. It was not a pretty sight – and the US Federal Reserve’s programme of quantitative easing continues to enrich the undeserving class of rentier capitalists. But it is a great deal less ugly than the alternatives – for which, see Madrid, Athens, Rome and Lisbon. In short, the US system worked when it mattered even if it fails the rest of the time. A small caveat: Washington was also a principal author of the financial crisis. But, hey, nobody’s perfect.

Second, unlike New York or San Francisco, which are endlessly self-regarding, Washington at least has the decency to apologise for itself. To be sure, America’s political leaders are constantly congratulating themselves and their fellow citizens for having been born American. And Washington is chock-a-block with self-described “thought leaders” who never had an original idea in their life. All of this can be very annoying. But Washingtonians are happy to talk down the city where they make their living. If hypocrisy is the compliment that vice pays to virtue, Washington is highly complimentary.

Contrast Washington’s self-doubt with the self-belief found on Wall Street and in Silicon Valley. Even the most deluded US lawmaker would think twice before claiming to be doing “God’s work”, as Lloyd Blankfein, the chief executive of Goldman Sachs, said in 2009. Nor have I heard anyone in Washington echo Google’s outdated “Don’t be Evil” logo. There are worse mottos than Washington’s unofficial one: “I seriously apologise for being here.”

Third, Washington may be teeming with carpetbaggers, but it is also home to some of the brightest people in the US. Most of them will never see a stock option in their life. Mr Leibovich rightly focuses on the frenetic revolving door between Capitol Hill and K Street – home to the city’s plush lobby groups. And he calls attention to the regulatory capture This Town epitomises – namely a federal tax code that is written for, and often by, the rich. But Washington is also home to the most impressive collection of think-tanks in the world. For the most part, they are staffed by people who are genuinely interested in public policy. Few of them will get rich. Many are experts in their fields.

Fourth, Washington is surprisingly progressive. Sometime in the next few weeks, President Barack Obama, an African-American, will select the next head of the Fed from a probable short list of three that comprises a woman, Janet Yellen; a Jew, Lawrence Summers; and an African-American, Roger Ferguson. Not to mention the nine-member Supreme Court, which now includes three women and no Protestants. The current frontrunner to be the next president is also a woman. There is a lot wrong with Washington – I spend a lot of my time writing about it. But it gets some things right, too.

Finally, Washington is no worse or better than the country it represents. Among libertarians on the right, it stands for everything that is wrong with the US – a town that trades inside knowledge for self-enrichment. Among liberals, Washington is seen as a wholly-owned subsidiary of big finance/oil/data and so on. Both capture an element of truth. But they are also caricatures. And they overlook the fact that DC’s gridlock reflects the country that elects it.

Most US voters say they want to cut federal budgets in general. But they make exceptions for all the specific items that benefit them. Most voters want to curb global warming. But they will not pay higher electricity bills. And most US voters say they want government to get out of their lives. But woe betide any president who allows terrorism on his watch. In short, like most of the rest of us, the US electorate is a bundle of contradictions. Washington is its mirror. “Everyone hates Congress, everyone hates the media, everyone hates Washington,” said Barney Frank, the recently retired lawmaker from Massachusetts. “But let me tell you something, the voters are no picnic either.”

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«FT» and «Financial Times» are trade marks of «The Financial Times Limited».
Translation for Finanzas para Mortales with the authorization of «Financial Times».
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