Los gigantes petroleros están cambiando a un futuro en la generación de energía

21/11/2018 | Anjli Raval (Financial Times)

 

Una estación de servicio en la calle de Alberto Aguilera en Madrid proporciona un vistazo al futuro. En ella, los clientes pueden recoger paquetes de Amazon y comprar productos “gourmet “, dejar su automóvil híbrido compartido o tomarse un café con leche mientras esperan que su vehículo eléctrico se cargue.

Aunque los coches que consumen mucha gasolina son bienvenidos, Repsol — la importante compañía energética española que opera esta estación — se está preparando para un cambio global en el consumo de energía conforme las personas se alejan de los combustibles más contaminantes. Esto está obligando a los gigantes de la industria energética a reimaginar sus negocios.

“La electricidad va a ser uno de los principales impulsores de los nuevos modelos de negocios bajos en carbono para todas las principales compañías de energía”, comentó Antonio Brufau, el presidente de Repsol, durante una entrevista con el Financial Times.

Repsol y sus rivales europeos, Royal Dutch Shell y Total, actualmente están llegando a acuerdos a lo largo de la cadena de suministro de electricidad — desde la generación de electricidad hasta las estaciones de carga eléctrica —reflejando el modelo existente de “plataforma de perforación a la bomba de gasolina”.

La penetración en el mercado de suministro de electricidad a los hogares, el cual antes había estado dominado por las compañías de servicios públicos, es donde ellos ven el futuro crecimiento.

“Es una cobertura para estas compañías”, dijo Tom Heggarty, de la división de electricidad y energías renovables de la consultora Wood Mackenzie. “Existe una creencia de que necesitan evolucionar con el mercado para no desaparecer”.

En su perspectiva energética a largo plazo hasta 2040, BP anticipa que casi el 70% del aumento en energía primaria sea en el sector eléctrico, con un aumento de la demanda de electricidad creciendo tres veces más rápidamente que otras fuentes de energía. Los vehículos eléctricos representan una pequeña proporción de la flota de automóviles mundial actualmente, pero el segmento está creciendo con rapidez, con los automóviles autónomos y con los vehículos compartidos también promoviendo la tendencia.

La estrategia de Repsol ha involucrado invertir en una red de estaciones de carga rápida para automóviles eléctricos; establecer una empresa conjunta con Kia Motors de Corea del Sur en Madrid llamada Wible, la cual cuenta con una flota de 500 vehículos híbridos; y realizar una adquisición de 750 millones de euros de los activos de gas y energía hidroeléctrica de la empresa española Viesgo.

Shell también expandió su negocio de gas después de la adquisición del BG Group por 50 mil millones de dólares. Adquirió First Utility, el proveedor de electricidad del Reino Unido, en febrero, lo cual proporcionó acceso directo a los consumidores minoristas de electricidad por primera vez, y también adquirió New Motion, una de las compañías de carga de vehículos eléctricos más grandes de Europa.

Para Shell, el gas no sólo desplazará al carbón y se volverá más dominante en la generación de energía, sino que también proporciona un respaldo para las energías renovables en días nublados o sin viento. A medida que la electricidad crece como una proporción del consumo de energía, la compañía tenía que “involucrarse con eso si queremos ser un gigante energético”, comentó Maarten Wetselaar, el director de gas integrado y de nuevas energías en Shell.

Los accionistas también han estado impulsando este enfoque de inversión preparándose para una transición energética, preocupados de que el gasto en proyectos petroleros a largo plazo pudiera ser poco económico en los años venideros y cada vez más por las contribuciones del sector a las emisiones de gases de efecto invernadero y al calentamiento global.

Según un estudio del grupo ambientalista sin ánimo de lucro CDP, los grupos europeos como Total, Shell, Equinor, BP y Eni hasta ahora han realizado más inversiones poco contaminantes que sus rivales de EEUU, de China y de Rusia. De 24 compañías, los gigantes energéticos europeos se clasifican como los mejores preparados para la transición a una economía baja en carbono.

Sin embargo, todavía no está claro qué forma tomará el éxito, y algunos inversores quieren que las compañías petroleras manejen el declive de sus negocios, concentrándose en generar dinero en lugar de energía.

Pero el cambio está ocurriendo. Total ha dicho que es “alérgica” al concepto de servicios públicos, aun cuando está construyendo un negocio minorista de energía en Francia mientras que elude el mercado regulado.

Total adquirió a la compañía solar estadounidense SunPower, al proveedor de energía Lampiris, al especialista en baterías Saft, y obtuvo una participación indirecta en EREN Renewable Energy antes de adquirir al minorista de energía eléctrica francés Direct Energie por 1,4 mil millones de euros este año. Esto le ha permitido desarrollar una cartera de plantas de energía impulsadas por gas y de energía renovable.

Conforme el mundo de la generación de energía cambia “rápidamente” hacia un mercado más competitivo, Total se beneficiaría, opinó Philippe Sauquet, el director del segmento de gas, renovables y energía de Total. “No tenemos activos y privilegios anticuados en este espacio. Podemos ser más eficientes. Podemos ofrecer mejores precios“, añadió.

A diferencia de los servicios públicos tradicionales con una relación unifacética con los clientes como proveedor de energía doméstica, el Sr. Sauquet cree que los gigantes energéticos quieren interacciones múltiples.

“Aunque los electrones debieran considerarse como una nueva materia prima, la forma en que se les proporciona al cliente no lo es”, señaló el Sr. Sauquet. “Nosotros podemos ganar más dinero con los contadores inteligentes para monitorizar el consumo y reducir las facturas y con la carga de vehículos eléctricos”.

Sin embargo, algunos analistas de la industria opinan que existe una diferencia entre ingresar a negocios adyacentes — como instalar estaciones de carga eléctrica en las redes minoristas de combustible existentes — e ingresar en áreas en las que no son líderes, como lo es la generación de energía, por ejemplo.

Es probable que compañías como el gigante eólico danés Orsted, o la compañía española Iberdrola, pudieran estar mucho mejor capacitadas para desarrollar proyectos de energía limpia; analizar datos acerca de cómo y cuándo los clientes usan la electricidad es más el campo de los grupos tecnológicos como Google o Microsoft.

Los gigantes petroleros también son reacios a gastar enormes sumas hasta que no puedan obtener ganancias financieras. Los típicos rendimientos de la inversión (ROI, por sus siglas en inglés) en energía eólica o solar serían del 5 al 9 por ciento en comparación con más del 20% para los proyectos tradicionales de petróleo y gas, comentó Wood Mackenzie.

El Sr. Heggarty, de Wood Mackenzie, advirtió: “Los rendimientos simplemente no estarán en absoluto cerca a lo que ven en otras partes de su negocio”.

Aunque Shell ha dicho que planea gastar el 80% de su presupuesto de 2 mil millones de dólares para “nueva energía” en el sector de energía eléctrica hasta 2020, sigue siendo una pequeña proporción del total de su gasto de inversión de capital de 25 mil millones de >dólares.

Incluso el Sr. Brufau de Repsol admitió que el dinero que se ha gastado en electricidad y en tecnologías limpias era “insignificante”.

Oil majors switch on to a future in power generation

21/11/2018 | Anjli Raval (Financial Times)

 

A fuel station on Madrid’s Calle de Alberto Aguilera offers a glimpse into the future. Customers can pick up Amazon packages and gourmet groceries, drop off their hybrid car-share or sip a café con leche as they wait for their electric vehicle to charge.

While regular petrol-guzzling cars are welcome, Repsol — the Spanish oil major that operates the station — is preparing for a global shift in energy consumption as people turn away from dirtier fuels. This is forcing the majors to reimagine their businesses.

“Power is going to be one of the main drivers of new low-carbon business models for all major energy companies,” said Antonio Brufau, Repsol’s chairman, in an interview with the Financial Times. Electricity would “account for most of the primary energy growth”, he added.

Repsol and European rivals Royal Dutch Shell and Total are now making deals along the electricity supply chain — from power generation to electric charge points — echoing the existing drilling rig-to-petrol-pump model.

Penetrating the market for household energy supply, which has previously been dominated by utilities, is where they see future growth.

“It’s a hedge for these companies. No one knows how the energy transition plays out or at what speed,” said Tom Heggarty, of consultancy Wood Mackenzie’s power and renewables division.

“There is a belief they need to evolve with the market so they do not fade away into obscurity.”

BP, in its long-term energy outlook to 2040, expects almost 70 per cent of the increase in primary energy to be the power sector, with electricity demand growing three times quicker than other energies. Electric vehicles are a small proportion of the global car fleet today but the segment is growing rapidly, with autonomous cars and ride sharing also promoting the trend.

“As oil is so linked to mobility, it is more exposed to changes in consumption,” said Mr Brufau. “We need to figure out how we manage this.”

Repsol’s strategy has seen it invest in a network of rapid charge points for electric cars; set up a joint venture called Wible in Madrid with South Korea’s Kia Motors for a fleet of 500 hybrid vehicles; and make a €750m acquisition for the gas and hydropower assets of Spain’s Viesgo.

Shell also expanded its gas business after the $50bn acquisition of BG Group. It acquired UK power supplier First utility in February, giving it direct access to retail electricity consumers for the first time, and New Motion, one of Europe’s largest electric vehicle charging companies.

Maarten Wetselaar, head of integrated gas and new energies at Shell, said electrification would “underpin” the energy transition.

For Shell, not only will gas displace coal and become more dominant in power generation, it provides a back up for renewables on overcast or windless days. As electricity grows as a proportion of energy consumption, Mr Wetselaar said Shell had “to play in that if we want to be a major”.

Shareholders have also been propelling this investment focus in preparation for an energy transition, concerned that spending on long-term oil projects could be uneconomical in years to come and increasingly over the sector’s contributions to greenhouse gas emissions and global warming.

European groups such as Total, Shell, Equinor, BP and Eni have so far made more low-carbon investments than their US, Chinese and Russian rivals, according to a study by environmental non-profit group CDP. Out of 24 companies, European majors rank as being best prepared for the transition to a low-carbon economy.

However, it is still unclear what success looks like and some investors want oil companies to manage the decline of their businesses — concentrating on generating cash rather than power.

“Finding, developing, producing and transporting hydrocarbon molecules is fundamentally a different business from generating and transmitting electrons,” said Nick Stansbury, head of commodity research at Legal & General Investment Management.

“Does the oil and gas industry need to transform itself into something that more clearly resembles a utility to future-proof its business? [The] answer is probably no.”

But the shift is happening. Total has said it is “allergic” to the word utility even as it builds a retail energy business in France while sidestepping the regulated market.

It bought US solar company SunPower, power vendor Lampiris, battery specialist Saft and took an indirect stake in EREN Renewable Energy before acquiring French electricity retailer Direct Energie for €1.4bn this year. This has enabled it to develop a portfolio of gas-fired and renewable energy power plants.

“The potential to combine gas and renewables for power generation is big,” said Philippe Sauquet, Total’s head of gas, renewables and power.

As the power generation world changes “rapidly” towards a more competitive market, he said Total would benefit. “We don’t have legacy assets and privileges in this space. We can be more efficient. We can offer better prices.”

Unlike traditional tilities with a single-facet relationship with customers as a household power supplier, Mr Sauquet believes energy majors want multiple interactions.

“While electrons should be seen as a new commodity, how you provide them to the customer is not,” Mr Sauquet said. “We can make more money from added value services, from smart-meters to monitor consumption and lower bills to electric vehicle charging.”

However, some industry analysts say there is a difference between stepping into adjacent businesses — such as installing electric charging points at existing fuel retail networks — versus areas where they are not leading players, for example, in generation.

Danish wind giant Orsted or Spain’s Iberdrola might be much better suited to develop clean power projects, while crunching data about how and when customers use electricity is more the domain of tech groups such as Google or Microsoft.

The oil majors are also reluctant to spend huge sums until they can make financial gains. Typical returns on investment for wind or solar would be 5-9 per cent versus more than 20 per cent for traditional oil and gas projects, Wood Mackenzie has said.

While Shell has said it plans to spend 80 per cent of its $2bn “new energy” budget on the power sector until 2020, it remains a small proportion of its $25bn capital expenditure total.

Even Mr Brufau at Repsol admitted the money spent on power and clean technologies was “peanuts”.

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