Los nuevos impuestos con los que se pretende recaudar más de 2.000 millones de euros

De las grandes reformas fiscales que se plantean para este año, dos de ellas se han alzado como protagonistas debido al desacuerdo que han generado. Estas son, la Tasa Google y la Tasa Tobin. Pero, ¿qué son y en qué medida afectarán al devenir económico?

A principios de año, el Consejo de Ministros aprobó el proyecto de Ley de dos nuevos impuestos. Uno sobre transacciones financieras (Tasa Tobin) y otro sobre determinados servicios digitales (Tasa Google). Por lo tanto, han sido enviados a las Cortes Generales y solo falta una aprobación expresa del Congreso y el Senado para que empiecen a funcionar. Con ello se pretende recaudar cerca de 2.050 millones de euros que irán a financiar las pensiones y la Seguridad Social.

Las tasas y sus consecuencias

En primer lugar, la Tasa Google o Impuesto sobre Determinados Servicios Digitales pretende gravar con un 3% los ingresos brutos de las empresas tecnológicas por determinadas actividades que no están claras en el perímetro fiscal. En concreto por los servicios de publicidad segmentada que se ofrece en función de los gustos de los usuarios, servicios de intermediación y los de venta de datos de usuarios.

Este impuesto busca limitar las prácticas de ingeniería fiscal de las multinacionales tecnológicas. Estas empresas pagan los impuestos, por los beneficios obtenidos en España, en países que tienen una tributación más baja como ocurre en Irlanda.

La Tasa Google tiene su génesis en la Comisión Europea. Sus cálculos señalan que estas empresas pagan de media un 9% de impuesto de sociedades frente al 23% que deberían.

Las empresas que mayormente se verían afectadas son Google AdWords, Facebook, Twitter o Instagram. Éstas obtienen grandes beneficios de la explotación de los datos que aportan los usuarios. Por otro lado, empresas como Apple no estarían tan sometidas al tributo ya que el mayor volumen de su negocio lo genera con la venta de productos, lo cual no está gravado por el impuesto. Asimismo, quedará excluida la venta de bienes y servicios entre usuarios como sucede en las páginas de eBay o Wallapop.

La otra pata impositiva, para incrementar los ingresos fiscales, es el impuesto sobre transacciones Financieras, coloquialmente conocido como la Tasa Tobin. Este tributo pretende gravar con un 0,2% la compra de acciones españolas realizadas por operadores financieros. Las acciones deben ser de empresas que cotizan en bolsa y que, además, tengan una capitalización bursátil (número de acciones por precio de cotización) superior a los 1.000 millones de euros.

Fuera de este impuesto estarían las acciones de empresas que no cotizan, de pymes, las salidas a bolsa, los títulos de deuda y los derivados financieros. Por lo tanto, los inversores que apuesten por empresas del Ibex35 y que diariamente lleven a cabo varias operaciones de compra y venta, verán minado su beneficio anual respecto a otros periodos.

La Tasa Tobin ya tiene antecedentes. En Francia empezó su andadura en el año 2012. El año que más consiguió recaudar fue en el 2015 con 1.058 millones de euros. Sin embargo, el volumen de negocio de la bolsa francesa ha bajado un 20% desde que se implantó, ya que lo inversores sacaron parte de su capital para ir a mercados más rentables. También ha aplicado impuestos similares Italia (2013) y Bélgica (2017).

Sin embargo, la Tasa Google no tiene antecedentes. La Unión Europea ha retrasado su entrada hasta el 2021, momento en el que se cree que habrá un consenso entre los estados miembros. Por lo tanto, es España quien se aventura en solitario. Expertos del sector señalan que este impuesto acabará afectando a los usuarios al aumentar el precio de los productos.

Una vez aclarado el contenido de ambos tributos habrá que conocer cuándo se harán efectivos y cómo acabarán repercutiendo en la economía familiar.

Autor: Daniel Moreno (13 febrero 2019)

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