Los taxistas son culpables de la Uber – protesta

14/06/2014 | Financial Times – Financial Times Español

En muchas ciudades occidentales los taxistas son vistos desde hace tiempo como los operadores de uno de los cárteles más poderosos. Defensores feroces de su privilegio histórico de proveer licencias de taxi al público. Esta semana su defensa de este mercado cerrado alcanzó sus mayores niveles cuando miles de taxistas furiosos se fueron a la huelga a lo largo de Europa.

Manifestaciones en Londres, París, Madrid y Berlín causaron el caos mientras los conductores protestaban contra Uber, una pequeña empresa tecnológica con sede en San Francisco que se ha convertido en el elemento disruptor de la comunidad del volante.

Uber quiere ser para el negocio de taxis lo que Amazon y eBay fueron para las ventas de libros y las subastas, respectivamente. Su ventaja está en su tecnología. La aplicación de Uber permite a los usuarios de los teléfonos inteligentes llamar a vehículos de alquiler privados desde cualquier lugar. Los inversores creen que esto tendrá éxito. Con solo cuatro años ya está valorada en cerca de 18 mil millones de dólares.

Los conductores de diferentes países tienen quejas específicas acerca del comportamiento de Uber. Los taxistas londinenses se quejan de que los conductores de Uber utilizan el software como taxímetro, lo que es ilegal de acuerdo a las actuales leyes para vehículos de alquiler privados.

En otros lugares hay quejas de que la tecnología de Uber permite a los rivales romper los cárteles legales que algunas ciudades han conferido a los taxistas; porque permite a los pasajeros encontrar un transporte más rápido, de hecho están llamando a un transporte desde la acera. Esto es un derecho, dicen los taxistas, por el que solo ellos han pagado.

En muchas ciudades europeas las licencias de taxi se conceden a aquellos que están apuntados en largas listas de espera. Las cantidades son limitadas y una sola licencia puede comprarse por cientos de miles de euros.

Londres es la excepción. En la capital de Gran Bretaña cualquiera puede conducir un coche Hackney siempre que apruebe “el conocimiento”. Este test requiere que los candidatos conozcan de memoria el trazado de las calles londinenses – una habilidad en la era de la navegación satelital similar a navegar guiándose por las estrellas.

Estas restricciones tienen valor para los taxistas. Su derecho para trabajar en las calles hasta ahora estaba asegurado y a menudo se transmitía por generaciones de (ocasionalmente) insolentes taxistas provenientes del este de Londres y más allá. Pero para los consumidores sus beneficios son cuestionables. Los reglamentos que hacen que los taxis estén ocupados y los taxistas sean bien remunerados implican largos tiempos de espera y altos costes para los consumidores. El excesivo precio de los permisos muestra cuanto ha caído la oferta – impuesta por los gobiernos – detrás de la demanda.

La regulación de los taxis es importante para mantener la seguridad y evitar los embotellamientos. No debería ser una tapadera de restricciones anti-competitivas. Sin embargo en muchas ciudades europeas así es como la reglamentación de los taxis ha evolucionadogracias a la influencia política de conductores bien organizados. En Bruselas, por ejemplo, los vehículos de alquiler llamados minicabs están prohibidos a menos que sean utilizados por más de tres horas. En Milán tienen que regresar a la base después de cada servicio.

Pero el “e-taxi” está ganando terreno y los cárteles no tienen otra opción que responder. Los taxistas son vistos por algunos como proveedores de un servicio seguro y regulado. Algo que podrían hacer es aprender algunas lecciones del negocio de la aplicación digital para taxis. Hailo, una empresa de aplicación digital con base en Londres, ahora cuenta entre sus usuarios al 60 por ciento de los taxis negros de la ciudad. Esta es una empresa que limpiamente ha fusionado la nueva tecnología con los taxis con licencia.

Asegurar una competencia limpia beneficia a todos. Uber y otros deberían ser investigados para asegurar que sus salarios son justos y que no hay ventajas derivadas de exóticos arreglos fiscales. No tendría sentido cambiar una forma de monopolio por otra.

Los taxis deberían regularse para el interés de los pasajeros, no de los conductores. Evitar que los consumidores se beneficien de los ahorros que permite la nueva tecnología no beneficia a nadie. La disrupción nunca es fácil pero puede ser controlada. Los gobiernos deberían pensar más acerca de la manera de aumentar las opciones de transporte público mientras se conserva la seguridad y la calidad.

Cabbies are guilty of Uber-reaction

06/14/2014 | Financial Times – Financial Times English

In many western cities, taxi drivers have long been seen as operating one of the most redoubtable cartels. They ferociously defend their historic privileges to provide licensed cabs to the public. This week their defence of the closed shop reached new heights when thousands of outraged cabbies staged strikes across Europe.

Demonstrations in London, Paris, Madrid and Berlin caused chaos as drivers protested against Uber, a hitherto little-known San Fransisco-based tech company that has become the arch disrupter of the driving community.

Uber aims to do for the taxi business what Amazon and eBay did to book sales and auctions respectively. Its advantage lies in its technology. Uber’s app allows smartphone users to hail private-hire cars from any location. Investors seem to think this will succeed. Only four years old, it is already valued at a hefty $18bn.

Drivers in different countries have specific grievances about Uber’s behaviour. London’s cabbies complain that Uber’s drivers use the software as a meter, which under current law is illegal for private hire vehicles.

Elsewhere there are complaints that Uber’s technology allows rivals to breach the legal cartels that some cities have conferred on taxi drivers. Because it enables passengers to find a ride so quickly, they are in effect hailing drivers from the kerb. This is a right, claim the incumbents, which only they have paid for.

In many European cities, taxi licences are issued to those on long waiting lists. Numbers are capped and a single licence can trade for hundreds of thousands of euros.

London is the exception. In Britain’s capital, anyone can drive a Hackney carriage so long as they pass “the knowledge”. This test requires candidates to know by heart the layout of London’s streets – a skill in the satnav age akin to navigating by the stars.

These restrictions have value for incumbents. Their right to work the streets has until now been assured and often passed down through generations of (occasionally) cheeky cabbies hailing from east London and beyond. But they are of questionable benefit to consumers. Rules that keep drivers busy and well remunerated impose long waiting times and high costs on customers. The sky-high value of permits shows just how far supply – set by city governments – has fallen behind demand.

Regulation of taxis is important to ensure safety and avoid gridlock. It should not be a cloak for anti-competitive restrictions. In many European cities, however, this is how the taxi rules have evolvedthanks to the political influence of well organised drivers. In Brussels, for instance, minicabs are banned unless a customer uses them for more than three hours. In Milan, they have to return to base before each job.

But “e-hailing” is taking hold and the cartels have no choice other than to respond. Licensed drivers appeal to some as a reliable service that is safer and regulated. One thing they could do is learn some lessons from the taxi-app business. Hailo, a London-based app company, now has 60 per cent of the city’s black cab drivers on its books. This is a business that has neatly fused licensed taxis with new technology.

Ensuring a level playing field works both ways. Uber and others should be scrutinised to ensure wages are fair and there is no advantage from exotic tax arrangements. There is no point swapping one form of monopoly for another.

Taxis should be regulated in the interests of passengers, not drivers. Stopping customers from benefiting from the savings that new technology can deliver helps nobody. While disruption is never easy, it can be managed. Governments should think harder about expanding choice to the travelling public while ensuring safety and quality are maintained.

Copyright &copy “The Financial Times Limited“.
“FT” and “Financial Times” are trade marks of “The Financial Times Limited”.
Translation for Finanzas para Mortales with the authorization of “Financial Times”.
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