Mariano Rajoy persigue el “pez” a través de aguas infestadas de tiburones

14/10/2014 | Tobias Buck – Financial Times Español

Hay una pequeña y simple gráfica que se está volviendo muy popular en La Moncloa, el complejo gubernamental en las afueras de Madrid. Los funcionarios la llaman el ‘pez’.

El nombre proviene de la forma creada por las líneas rojas y azules que trazan los altibajos de la economía española entre 2011 y 2015. Dichas líneas cuentan una historia agradablemente optimista: después de una devastadora sacudida hacia arriba, el desempleo desciende bruscamente desde ahora hasta el final del próximo año. La producción nacional se desploma durante gran parte de la gráfica – pero luego se dispara hacia arriba este año y el próximo. A medida que avanzan hacia noviembre de 2015, la fecha de las próximas elecciones generales, las dos líneas se separan cada vez más, hasta terminar en una aleta nítida.

Los funcionarios creen que la gráfica capta un hecho crucial. Los ciclos políticos y económicos de España, dicen, están extraordinariamente alineados. Si todo sale como se espera, Mariano Rajoy pedirá un segundo mandato como presidente en el preciso momento en que la recuperación del país esté en pleno apogeo y se estén produciendo beneficios obvios para los votantes, incluyendo más empleos y menos impuestos.

Queda por ver si el pez puede mantener su forma en los próximos meses. Algunos temen que la desaceleración más amplia en Europa obligará al gobierno a revisar a la baja sus previsiones económicas y a moderar sus expectativas para la creación de empleos. En el ínterin, sin embargo, los mayores problemas del Sr. Rajoy están claramente ubicados en el campo de la política, no de la economía. En las últimas semanas se han producido una serie de reveses que tienen el potencial de debilitar la posición del Presidente, incluso si la recuperación continúa como esperaba Madrid.

El último golpe, pequeño pero amenazante, llegó en la forma del mortal virus del Ébola. Este mes, funcionarios de salud revelaron que España se había convertido en el primer país fuera de África Occidental en registrar una infección del Ébola, después de que una enfermera en Madrid contrajera el virus de un paciente llevado a España desde Sierra Leona para ser tratado.

No está claro quién exactamente es el culpable de la infección (que los expertos dicen que no debería haber ocurrido en un sofisticado hospital occidental). Pero la respuesta del gobierno al brote estuvo lejos de ser firme, y los críticos se ensañaron especialmente en la impopular ministra de Sanidad, Ana Mato. El caso fue noticia en todo el mundo, y atrajo la clase de atención que la industria turística de España – y el país en general – seguramente no necesitan.

En el frente interno, el gobierno de Rajoy también se ha visto sacudido por su primera renuncia. Alberto Ruiz-Gallardón, el ministro de Justicia y un peso pesado del partido, se retiró el mes pasado después de que su jefe decidiera desechar una polémica ley para hacer más riguroso el régimen del aborto del país.

La decisión de eliminar la ley fue claramente tardía: era impopular incluso en las filas del Partido Popular (PP) de centro-derecha del Sr. Rajoy, y extensamente odiada por los votantes liberales. Pero el cambio de dirección del gobierno conllevó un precio político de todos modos. Enojó a los conservadores y a los grupos anti-aborto, que juegan un papel importante durante las campañas del PP. Al mismo tiempo, el retroceso llegó demasiado tarde para recuperar a los votantes moderados horrorizados por la propuesta inicial.

Sin embargo, el mayor desafío político para el Sr. Rajoy aún se encuentra en Cataluña, la región española sacudida por el sentimiento separatista. Los líderes políticos en Barcelona dicen que quieren llevar a cabo un referéndum sobre la independencia el próximo mes. Si ese plan falla, el resultado más probable es una pronta elección regional que serviría como barómetro del apoyo catalán a una ruptura con España. De una forma u otra, el conflicto se cierne sobre la campaña de las elecciones generales españolas el próximo año.

Por supuesto, por el momento no hay evidencia para sugerir que la línea dura madrileña contra el independentismo catalán esté alejando a los votantes a nivel nacional. El PP puede haberse convertido en un partido escindido en la propia región, pero sabe que tiene mucho más que perder en el resto del país – donde su mensaje está acorde a la opinión popular – que lo que tiene que ganar en Cataluña.

Es un equilibrio delicado, y que podría no durar mucho tiempo. Es difícil ignorar la amenaza de una escalada. Entre los analistas se habla una vez más del riesgo político y la amenaza de inestabilidad.

El Sr. Rajoy y sus asesores están apostando claramente por la recuperación económica de España para asegurar un segundo mandato. En igualdad de condiciones, parece una apuesta razonable. El problema, como lo han demostrado las últimas semanas, es que en la política española las cosas rara vez permanecen iguales durante mucho tiempo.

Spain’s Rajoy follows the “fish” through shark-infested waters

10/14/2014 | Tobias Buck – Financial Times English

There is a simple little chart that is doing the rounds in Moncloa, the government compound outside Madrid. Officials call it the fish.

The name derives from the shape created by the red and blue lines that trace the ups and downs of the Spanish economy between 2011 and 2015. They tell a pleasingly upbeat story: after a devastating lurch upwards, unemployment drops sharply between now and the end of next year. National output slumps for much of the chart – but then races upwards this year and next. As they move towards November 2015, the date of the next general election, the two lines grow ever further apart, ending up in a neat fin.

Officials believe the chart captures a crucial fact. Spain’s political and economic cycles, they say, are remarkably aligned. If all goes as expected, Mariano Rajoy will ask for a second mandate as prime minister at precisely the moment when the country’s recovery is not just in full swing, but producing obvious benefits for voters, including more jobs and lower taxes.

It remains to be seen whether the fish can keep its shape in the months ahead. Some fear the broader slowdown in Europe will force the government to revise downward its economic forecasts and moderate its expectations for job creation. In the meantime, however, Mr Rajoy’s biggest problems are clearly located in the realm of politics, not the economy. The past few weeks have delivered a series of setbacks that have the potential to weaken the prime minister’s standing even if the recovery continues as hoped by Madrid.

The latest blow came in the tiny but menacing form of the deadly Ebola virus. This month, health officials revealed that Spain had become the first country outside West Africa to record an Ebola infection, after a nurse in Madrid contracted the virus from a patient flown in for treatment from Sierra Leone.

It remains unclear who exactly is to blame for the infection (which experts say should not have occurred in a sophisticated western hospital). But the government response to the outbreak was far from sure-footed, with critics rounding on the unpopular health minister, Ana Mato, in particular. The case made headlines around the world, drawing the kind of attention that Spain’s tourism industry – and the country at large – can surely do without.

On the domestic front, the Rajoy government has also been shaken by its first resignation. Alberto Ruiz-Gallardón, the justice minister and a party heavyweight, stood down last month after his boss decided to bin a controversial law to tighten the country’s abortion regime.

The decision to scrap the law was clearly overdue: it was unpopular even in the ranks of Mr Rajoy’s centre-right Popular Party, and widely loathed by liberal voters. But the government’s U-turn came at a political price all the same. It angered conservatives and anti-abortion groups, who play an important role during PP campaigns. At the same time, the climb-down came too late to win back moderate voters appalled by the initial proposal.

By far the biggest political challenge for Mr Rajoy, however, is still in Catalonia, the Spanish region rocked by separatist sentiment. Political leaders in Barcelona say they want to hold an independence referendum next month. If that plan fails, the most likely outcome is an early regional election that would serve as a barometer of Catalan support for a break with Spain. One way or the other, the conflict will loom large over Spain’s general election campaign next year.

For the moment, of course, there is no evidence to suggest that Madrid’s hard line against Catalan independence is turning away voters at the national level. The PP may have become a splinter party in the region itself, but it knows it has far more to lose in the rest of the country – where its message is in tune with popular opinion – than it has to win in Catalonia

It is a delicate equilibrium, and one that may not last for long. The threat of escalation is hard to ignore. The talk among analysts is, once again, of political risk and the threat of instability.

Mr Rajoy and his advisers are clearly banking on Spain’s economic recovery to secure a second term. All things being equal, it seems a reasonable bet. The problem, as the past weeks have shown, is that in Spanish politics things rarely stay equal for long.

Copyright &copy “The Financial Times Limited“.
“FT” and “Financial Times” are trade marks of “The Financial Times Limited”.
Translation for Finanzas para Mortales with the authorization of “Financial Times”.
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