Merkel y Lagarde serían las mejores líderes para la UE

30/10/2013 | Tony Barber – Financial Times Español

Imagínate la UE dentro de doce meses liderada por Angela Merkel y Christine Lagarde. Eso captaría la atención de todo el mundo. Por fin, pensarían los estadounidenses y asiáticos, Europa se ha puesto las pilas.

Desgraciadamente, eso no va a pasar. Según el método de la UE de nombrar los puestos más altos, no puede pasar. Y con las nociones contradictorias del papel internacional de Europa, se puede apostar que los líderes de los UE-28 ni siquiera lo querrían.

Vaya, una oportunidad perdida. Justo después de su victoria en las elecciones parlamentarias alemanas, y encantada con sus responsabilidades como la piedra angular en la toma de decisiones durante la crisis de la eurozona, la Sra. Merkel es una candidata muy cualificada para remplazar a Herman Van Rompuy, el presidente del Consejo Europeo que agrupa a los líderes de los Estados miembros en la UE.

La Sra. Lagarde, directora gerente del Fondo Monetario Internacional y ex ministra de finanzas de Francia, sería una aspirante excelente para sustituir a José Manuel Barroso, el presidente de la Comisión Europea y el brazo ejecutivo de la UE.

Entregar las riendas a este dúo sería un golpe maestro. Daría el poder a dos de los más respetados diseñadores de políticas. El hecho diría algo sobre la actitud europea frente a las mujeres en la vida pública. Por último, constituiría un símbolo de la alianza franco-alemana, sin la cual la UE es como un caballo sin jinete.

Para comprender por qué esto es un sueño imposible, consideremos las palabras del Sr. Van Rompuy. Él tuvo la percepción fundamental que nunca estaba previsto que el presidente del Consejo Europeo fuera alguien que aspirara a empequeñecer a los líderes de los países de la UE. A cambio, el presidente de la UE debe ser “alguien que busca soluciones, el compromiso, un facilitador, alguien que tienda puentes”.

Van Rompuy, un belga, sabe de lo que está hablando. Él es la única persona que ha tenido el puesto del presidente de la UE, creado en 2009, a tiempo completo. Los líderes europeos le asignaron el puesto porque quisieron un líder que dirigiera y no un consejero delegado. Es por eso que Merkel queda fuera – aunque no ha dicho que fuera a por el puesto.

Las cuestiones acerca del balance geográfico, nacional, político y de género son altamente importantes cuando la UE empieza a distribuir sus puestos más altos cada cinco años, más o menos. Por ejemplo, con Mario Draghi de Italia ocupando la presidencia del Banco Central Europeo es difícil ver cómo Mario Monti, el ex primer ministro italiano, podría sustituir a Van Rompuy.

Los líderes nacionales controlarán el proceso de selección que busca el sustituto de Van Rompuy, pero es posible que sea más difícil para ellos imponer sus candidatos para el presidente de la Comisión y el Alto Representante de Asuntos Exteriores, un puesto ocupado por Catherine Ashton del R.U. desde 2009. Según el tratado vigente de la UE, los candidatos nominados necesitan el consentimiento del Parlamento Europeo. Entonces, los líderes tendrán que escuchar a los partidos representados después de las elecciones en mayo.

Esto parece concordar con la transparencia democrática, pero en la práctica hay un serio riesgo de nombramientos anticlimáticos. Cada uno de los partidos políticos transfronterizos más grandeslos del centro-derecha, los del centro-izquierda, los liberales y los verdespiensa proponer a un candidato para la presidencia de la Comisión. Después de las elecciones, el partido ganador instará a que los líderes acepten a su candidato. Dentro del sistema bien arraigado del “botín de la victoria” en la UE, el puesto de los asuntos exteriores será para una personalidad del partido que quede segundo. La presidencia del Parlamento Europeo se dividirá de una manera parecida.

Es posible, sin embargo, que los líderes nacionales no van a querer que el candidato del partido ganador sea el presidente de la Comisión. El resultado será una contienda no constructiva entre los líderes de los gobiernos y el Parlamento Europeo, algo que seguramente separaría a los europeos de las instituciones europeas que ya se ven como anticuados. También es posible que el candidato preseleccionado para el puesto de los asuntos exteriores se negara a aceptarlo porque tienen sus ojos puestos en algún premio gordo en la política nacional.

Mientras los líderes nacionales busquen el protagonismo y el regateo político defina el proceso de nombramiento, la UE seguirá haciendo llamamientos extraños para sus puestos más altos. Quizás los líderes lo prefieren así. Pero como la antigua caricatura estadounidense decía: vaya manera de llevar la gestión de la empresa.

The EU would be best led by Merkel and Lagarde

10/30/2013 | Tony Barber – Financial Times English

Imagine an EU led, 12 months from now, by Angela Merkel and Christine Lagarde. That would catch the world’s attention. Is Europe at last getting its act together, the Americans and Asians might wonder.

Regrettably, it will not happen. Under the EU’s methods of allocating its top jobs, it cannot happen. With their contradictory notions of Europe’s international role, it is a fair bet the EU’s 28 national leaders would not even want it to happen.

What a wasted opportunity. In Ms Merkel, fresh from her victory in Germany’s parliamentary elections, and relishing her responsibilities as the pivotal decision maker in the eurozone crisis, there is a supremely well-qualified candidate to replace Herman Van Rompuy as president of the European Council, which groups the EU’s heads of government.

In Ms Lagarde, managing director of the International Monetary Fund and a former French finance minister, there is an excellent choice to fill the shoes of José Manuel Barroso as president of the European Commission, the EU’s executive arm.

Handing the EU’s reins to this duo would be a masterstroke. It would entrust power to two of Europe’s most internationally respected policy makers. It would make a bold statement about Europe’s attitude to women in public life. Finally, it would constitute a symbol of the Franco-German partnership without which the EU is a riderless horse.

To understand why this is a pipe dream, consider the words of Mr Van Rompuy. He provided the essential insight that the EU council president was never meant to be someone who aspires to overshadow the bloc’s national leaders. Instead the EU president must be “a seeker of solutions, of compromises, a facilitator, a bridge-builder”.

Mr Van Rompuy, a Belgian, knows what he is talking about. He is the only person to have held the full-time EU presidency, a post created in 2009. Europe’s leaders appointed him because they wanted a chairman, not a chief executive. For that reason Ms Merkel is out of the running – not that she has suggested she will throw her hat in the ring.

Questions of geographical, national, political and gender balance are paramount when the EU gets round, every five years or so, to distributing its highest posts. For example, with Italy’s Mario Draghi occupying the European Central Bank presidency, it is difficult to see how Mario Monti, a former Italian prime minister, could replace Mr Van Rompuy.

National leaders will control the selection process for Mr Van Rompuy’s replacement, but they may find it harder to impose their choices for commission president and EU foreign policy supremo, a post to which the UK’s Catherine Ashton was appointed in 2009. In accordance with the EU’s governing treaty, the leaders’ nominations will require the approval of the European parliament. The leaders will therefore have to listen to the parties represented after next May’s elections.

This may look like a nod to democratic accountability, but there will in practice be a serious risk of anticlimactic appointments. Each of the four biggest cross-national political partiescentre-right, centre-left, liberals and Greensplans to field a candidate for the commission presidency. After the elections, the winning party will urge national leaders to accept its candidate. Under the EU’s well-honed spoils system, the foreign policy job will then go to a personality from the party that came second. The presidency of the European parliament will likewise be divvied up.

It is possible, of course, that national leaders will not want the winning party’s candidate as commission president. The result would be an unedifying showdown between heads of government and the European parliament, a prospect sure to alienate Europeans from EU institutions already regarded as out of touch. It is equally possible that the candidate earmarked for the foreign policy post will turn it down because they have their eyes on bigger prizes in national politics.

As long as national leaders crave the limelight and horse-trading defines the appointment process, the EU will continue to make strange choices for its top jobs. Perhaps the leaders prefer it that way. But as the old American cartoon put it: what a way to run a railroad.

Copyright &copy “The Financial Times Limited“.
“FT” and “Financial Times” are trade marks of “The Financial Times Limited”.
Translation for Finanzas para Mortales with the authorization of “Financial Times”.
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