Mi ejemplo a seguir va a por todas

Mi ejemplo a seguir va a por todas

29/08/2013 | Emily Steel – Financial Times Español

Las glamorosas fotos de Marisa Mayer en el Vogue de septiembre han dado de nuevo pie al debate sobre las mujeres que se dedican al trabajo y sobresalen en él. Es una conversación – que abarca desde la falta de mujeres en puestos directivos a la brecha salarial y la paternidad – que ha surgido y se ha desvanecido y ha surgido de nuevo durante el año pasado. ¿Pueden tenerlo todo las mujeres o no? ¿Por cierto, qué es todo?

He estado meditando sobre estas cuestiones mientras me preparo para viajar a Omaha este fin de semana para la celebración del 95 cumpleaños de mi abuela. Entre mi equipaje además del Vogue – en la cual la jefa ejecutiva de Yahoo se reclina en una silla de jardín llevando un vestido entallado y calzando stilettos – están las memorias de Beryl Markham, Al oeste de la noche, publicadas en 1942.

Hace unos años, mi abuela me envió la autobiografía de la pionera de la aviación, de la cual dijo Hemingway que era “terriblemente maravillosa”. En ella describe sus aventuras creciendo huérfana de madre en Kenia, rastreando elefantes como piloto y cruzando en solitario el Atlántico de este a oeste – siendo la primera mujer en hacerlo. Pero este no es el tema. Su historia tiene fuerza. En un retrato de una persona con coraje, resistencia, vibrante aventurera que desdeñaba los rígidos roles de género de su época. Ella no sólo trabajó, destacó.

Mi valiente, resistente, vibrante abuela tenía 24 años cuando ese libro fue publicado. Nacida en un pequeño pueblo de Iowa en 1918, asistió a la universidad en Omaha y después se trasladó a Washington para trabajar en la Cruz Roja. Eran los días de Rosie la Soldadora, cuando las mujeres hacían el trabajo de los hombres que habían marchado a la guerra. Habían ganado el derecho al voto casi dos décadas antes pero faltaba mucho todavía para que “La mística femenina” de Betty Friedman iniciara una ola de feminismo o de “Vayamos adelante” de Sheryl Sandberg, el manifiesto de las mujeres trabajadoras de la directiva de Facebook.

Narraciones de mujeres como Markham, con un espíritu sólido, fueron la base de la fortaleza de mi abuela cuando se casó, se trasladó a una granja en Minnesota, tuvo siete hijos y dos hijas y veló a su marido cuando su noveno hijo apenas tenía unos meses. Se trasladó con sus hijos a Omaha, cerca de donde ahora tiene su modesta casa Warren Buffett. Alimentó, vistió, educó y crió a su familia con su salario de maestra, las ayudas de la Seguridad Social y la renta de la granja.

Las tragedias en su vida son épicas. Perdió a un hijo en un incendio que convirtió en cenizas la casa familiar, otros tres murieron de cáncer ya siendo adultos. Su hijo mayor murió cuando cayó de un árbol mientras lo podaba. Mi hermano, su nieto, murió hace cuatro años.

Ella no solo se dedicó a trabajar: tuvo que hacerlo para sobrevivir. Perseveró y encontró razones para sonreír. Poesía, viajes a Irlanda. Enviar textos – incluyendo emoticonos en forma de corazón – desde su iPhone. Un vaso de cerveza y una pequeña porción de patatas fritas cada tarde a las 5.

Siendo una mujer de 29 años, he prestado mucha atención al debate de las mujeres y el trabajo. No tengo hijos pero espero tenerlos algún día. Estoy encantada con mi trabajo y creo en los ideales del periodismo. Al mismo tiempo, mis colegas hablan de problemas al negociar promociones y aumentos de sueldo.

Lo que me decepciona acerca del artículo de Vogue sobre la Sra. Mayer no es el trato glamoroso sino su manera de presentarse como inocente. “No me lancé para estar en la cima de compañías tecnológicas”, dice en la entrevista. “Sólo soy apasionada de la tecnología, tímida y me gusta codificar”. En contraste, la Sra. Sandberg se ha lanzado a inspirar a las mujeres para ser ambiciosas y compartir sus historias con su libro y su ONG. La campaña ¡Vayamos adelante! tiene sus fallos pero necesitamos las historias que da. Necesitamos detalles específicos, como me dijo una colega, al mencionar el consejo de su madre acerca de nunca ser la primera persona en proponer una cifra en una negociación salarial y esperar 10 segundos antes de decir algo acerca de la oferta.

Las mujeres en los EE. UU. ganan 77 céntimos por cada dólar que ganan los hombres, y una encuesta de la revista Elle y el Centro para el progreso de América muestra que solo una quinta parte de los hombres están de acuerdo en cobrar menos si fuesen mujeres. Una visita a 100percentmen, un blog en Tumblr acerca de los “rincones del mundo a los que las mujeres les falta llegar”, muestra que los campos políticos y corporativos permanecen dominados por los hombres.

Estas historias – sean sobre pioneras de la aviación, mi abuela o directivas de empresas son lo que mis colegas y futuras generaciones tendrán como inspiración para moldear su vida y la sociedad. Makhram escribió en sus memorias: “Volamos, pero no hemos conquista
do el aire”.
De hecho estamos volando. Pero ahora tenemos que ir más lejos – y más alto.

Role models who reach for the stars

29/08/2013 | Emily Steel – Financial Times English

The glamorous shots of Marissa Mayer in the September issue of Vogue have kicked off the latest round in the debate on women “leaning in” and leaning out at work. It is a conversation – spanning everything from the lack of women in leadership roles to the pay gap and parenthood – that has sparked and simmered and sparked again in the past year. Can women have it all or not? What is all, anyway?

I have been mulling over these questions as I prepare for the trip to my grandmother’s 95th birthday party in Omaha at the weekend. Tucked into my bag alongside a copy of Vogue – in which the Yahoo chief executive lounges backwards on a lawn chair in a curve-hugging dress and stilettos – is Beryl Markham’s 1942 memoir, West with the Night.

A few years ago, my grandmother sent me the pioneering aviator’s autobiography, which Ernest Hemingway deemed “bloody wonderful”. It chronicles her adventures growing up motherless in Kenya, scouting elephants as a bush pilot and flying solo east to west across the Atlantic – the first woman to do so. But that is not the point. Her story is powerful. It is a portrait of a courageous, resilient, vibrant adventurer who disregarded the rigid gender roles of her time. She did not simply lean in, she soared.

My courageous, resilient, vibrant grandmother was 24 when the book was published. Born in small-town Iowa in 1918, she attended university in Omaha then moved to Washington to work at the Red Cross. These were the days of Rosie the Riveter, when women went to work while the men fought the war. They had won the right to vote nearly two decades earlier but it was long before Betty Friedan’s The Feminine Mystique ignited a new wave of feminism or Sheryl Sandberg’s Lean In, the Facebook chief operating officer’s 2013 manifesto for working women.

Tales of strong-willed women such as Markham were pillars of strength for my grandmother as she married, moved to Minnesota farmland, gave birth to seven sons and two daughters and mourned the death of her husband when her ninth baby was just months old. She moved her children to Omaha, blocks away from investor Warren Buffett’s modest home. She fed, clothed, educated and nurtured her family on her teacher’s salary, Social Security cheques and farm rental income.

The tragedies in her life are epic. She lost a son in a fire that burnt the family house to the ground, and three of her adult children to cancer. Her eldest son died after he fell out of a tree he was trimming. My brother, her grandson, passed away about four years ago.

She did not simply lean in: she had to do that to survive. She persevered and found reasons to smile. Poetry. Trips to Ireland. Sending texts – complete with heart-shaped emoticons – from her iPhone. One glass of beer and a small bowl of potato chips every day at 5pm.

As a 29-year-old woman, I have paid rapt attention to the debate on women and work. I do not have children but hope to some day. I am exhilarated by my job and believe in journalism’s ideals. At the same time, my peers talk of struggles negotiating promotions and pay rises.

What disappointed me about Ms Mayer’s Vogue spread was not so much the glamour treatment as the way she presents herself as naive. “I didn’t set out to be at the top of technology companies,” she is quoted saying. “I’m just geeky and shy and I like to code.” In contrast, Ms Sandberg has set about inspiring women to embrace ambition and share their stories with her book and non-profit organisation. The Lean In campaign has its flaws but we need the stories it provides. We need specific details, as one colleague just told me, mentioning a tip from her mother about never being the first person to set the number in a salary negotiation and waiting 10 seconds before saying anything on the offer.

Women in the US make $0.77 for every dollar a man makes, while a survey from Elle magazine with the Center for American Progress shows only a fifth of men agree they would be paid less if they were female. A visit to 100percentmen, a Tumblr blog about “corners of the world where women have yet to tread”, shows that political and corporate arenas remain male-dominated.

These stories – whether about pioneering aviators, my grandmother or women chief executives – are what my peers and future generations will turn to when shaping their lives and society. “We fly, but we have not ‘conquered’ the air,” Markham wrote in her memoir. Indeed, we are flying. We just have farther – and higher – to go.

Copyright &copy «The Financial Times Limited«.
«FT» and «Financial Times» are trade marks of «The Financial Times Limited».
Translation for Finanzas para Mortales with the authoriza
tion of «Financial Times».
Copyright &copy «The Financial Times Limited«.
«FT» and «Financial Times» are trade marks of «The Financial Times Limited».

Disfruta de más contenido 

Actualiza tu navegador

Esta versión de tu navegador no permite visualizar correctamente la página. Para que tengas una buena experiencia y mejor seguridad, por favor descarga cualquiera de los siguientes navegadores: Chrome, Edge, Mozilla Firefox